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miércoles, 27 de octubre del 2021

¿Por qué insistir en la necesidad de un pacto FMLN-ARENA?

He venido sosteniendo desde hace 4 años la Tesis en la que sostengo que una ví­a para salir adelante de la crisis actual del paí­s resulta imperativo un Compromiso Histórico entre el Frente Farabundo Martí­ (FMLN) y Acción Republicana Nacionalista (ARENA). Esta la he argumentado en diferentes momentos por medio de entrevistas y análisis escritor en diferentes medios. En ContraPunto he publicado: Dos poderes atávicos: FMLN y ARENA, (02 de julio 2013); El Otro Pacto, (25 de Febrero del 2014); Polarización, Gobernabilidad, (09 Febrero 20169). Lo expreso porque no constituye de mi parte una improvisación o una vaga opinión, sino que es producto de una reflexión sobre nuestra realidad, desde la sociologí­a y la ciencia polí­tica en las que me he formado. 

Nuestra falta de voluntad polí­tica, vocación democrática por un lado y fallo de inteligencia por otro, es lo que no nos permite lograr otro Pacto de Nación. No deseo expresar que un pacto es posible sino que sentenciar: un compromiso histórico como obligación a cumplir es necesario. Es ineludible, dicho en el sentido de que es un hambre, una sed que hay que satisfacer sino no sobrevivimos. No es un deseo sino una necesidad, y estas no son solamente materiales. Es una problemática humana. En inglés los versados en sociologí­a, politologí­a, antropologí­a, filosofí­a, para explicarnos este contenido, hacen la incompatibilidad entre "I need" y "I want".

Enfatizo la idea de que la polí­tica debe siempre de tener bien presente, a la hora de las elaboraciones y decisiones, que está gobernando a seres humanos con necesidades básicas a satisfacer y que, si estas no se desagravian, se provoca entonces una alta conflictividad. Para hacer frente a estos peligros es que erigimos instituciones. Si el riesgo persiste quiere decir que las instituciones creadas no cumplen su papel.

Lo que explica nuestra situación actual es que el acuerdo de 1992, resolvió polí­ticamente el conflicto militar, una salida para ese momento. Pero no remedió el conflicto económico y social. Este quedó diferido y hasta este minuto, un cuarto de siglo después, se sigue sin resolver, pero aun este se agrava.

Parte de este recrudecimiento proviene de la progresión de nuestra población. Brevemente: según datos de DIGESTYC, se estima que desde 1992, han nacido vivos por año, no menos de 100 mil niños. Es decir desde la firma de la paz, existen no menos de 2 millones y medio de niños y adolescentes menores de 25 años. Y cada uno de ellos demandando al menos las 7 necesidades humanas básicas según Maslow. Por otra parte, según el BID, a la altura del año 2011, al menos 600 mil salvadoreños existí­an sin registros de identidad en el paí­s… Necesitamos un censo, el último fue el VI Censo Nacional de Población del año 2007, que sabemos arrojó cifras inexistentes. En resumen, no sabemos cuántos somos, dónde vivimos, qué hacemos,..Sin un Censo confiable es imposible aproximarse a adecuadas polí­ticas para la seguridad y el desarrollo nacional y regional. ¿De qué sirve recuperar territorios si no sabemos qué población necesita integrar a las instituciones?

He dicho en otras ocasiones que para superar conflictos no es suficiente tener la actitud (Voluntad) sino que también la aptitud (Inteligencia). Es decir, uno no tiene que tener solamente disposición de hacer el cambio, sino ser suficientemente inteligente, tener esa presencia y talante para encontrar una solución de continuidad histórica a nuestras hoy muy concretas dificultades.

Pero, volviendo a nuestra idea central, insisto en que es necesario no cualquier pacto, sino, hoy por hoy, un tratado entre el FMLN y ARENA. Otros opinan que el compromiso debe incluir a todos los partidos o sujetos polí­ticos. Esto yo lo caracterizo como una ilusión, algo bien intencionado pero inviable aquí­ y ahora en términos del juego polí­tico de poder. Debe darse entre estos dos cuerpos polí­ticos-electorales que tienen el mayor espesor en este terruño. Y, que si no hay alianzas entre ellos lo que tenemos es más extremismos, provocación y cero tolerancia, alta conflictividad y anulada cooperación. Ningún grupo de poder, por sí­ solo, va a resolver esta crisis. Deben hacerlo, por imperativo moral y polí­tico,  estas dos filas polí­ticas en consulta con sus aliados y grupos de interés local/internacional. Son ellas las capaces de paralizar o de mover al paí­s, conmover el cargado aparato del Estado, activar la energí­a popular, en este periodo postrada o disgregada, en función de alcanzar claros objetivos estratégicos compartidos.

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