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miércoles, 27 de octubre del 2021

Polarización y bipolaridad polí­tica

El advenimiento de un nuevo tiempo en la realidad salvadoreña comienza a tener sentido en el tránsito de la polarización polí­tica hacia la bipolaridad ideológica. Este es un juego de cachiporras coloricas y batucadas ruidosas que por lo visto tienen la convicción que las transiciones son eternas; pero por los signos culturales que se leen, existe un conglomerado interclasista que decodifica los hechos desde otra forma de conciencia, diferente a la que supone la tradicional polí­tica.

Desde una perspectiva teórica, podemos avizorar que el bloque histórico de la guerra, que alcanzarí­a su perfección democrática con la alternancia en la posguerra se ha dislocado; quizás la premura esquizoide por la toma del poder agotó toda posibilidad de construir sobre la base de las diferencias de ideas polí­ticas y de proyectos económicos. Es claro, la polí­tica como base de la vida civilizada de una sociedad quedó atrapada en la guerra de intereses mercantiles, que no tienen la mí­nima intención en discutir cientí­ficamente el tema de los proyectos, los modelos y los sistemas económicos.

La tensión que se observa en las diferentes formas de opinión pública que se multiplica en los aparatos de reproducción ideológica está en crisis. Por un lado es hasta ridí­culo observar la confrontación discursiva que utilizan los opuestos polí­ticos sobre asuntos externos y ajenos a la realidad salvadoreña; por otro lado, las cifras millonarias que se discuten sobre asuntos fiscales, presupuestarios y de evasión al fisco, no tienen ninguna relevancia para la gente en su economí­a familiar, ya que los espectáculos de los medios de comunicación han dejado de ser consumidos de manera ingenua por la población.

En la medida que la revolución tecnológica afecta los hábitos de consumo en la población, la hegemoní­a tradicional languidece. Los medios de comunicación local pueden convertirse a formatos con tecnologí­a de punta para llegar al “consumidor”; pero cuando no actualizan su estructura mental del siglo XX y la población tiene acceso a otras formas de consumo cultural acorde con sus intereses, se activa un cambio en las preferencias que trasciende del folklorismo local de mal gusto, hacia formas de conocimiento más universales.

La polarización polí­tica desde una perspectiva dialéctica deberí­a originar nuevas formas de conocimiento y solución de los problemas; pero es claro, no estamos frente a una polarización polí­tica inteligente; sino más bien ante una especie de bipolaridad obtusa, pues los periodos electorales están marcados por alteraciones de conducta súbitas entre depresiones económicas, que se confunden con falsas felicidades electorales y terminan en un largo periodo de malhumor y frustración colectiva.

En los próximos dos años viviremos estos episodios de esquizofrenia electoral, que cada vez impactan menos en la conciencia de la gente. Las correas siguen saliendo del mismo cuero; pero como dice el poema: nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Eso sí­, no olviden que las coyunturas no son lo mismo que los procesos, ni los movimientos sociales son lo mismo que la sociedad civil. Además una sola golondrina no hace verano; pero millones de golondrinas sin conciencia es como no tener montañas, ni masas.

Por ahora es suficiente decir que “no es lo mismo verla venir, que estar con ella”, pues tampoco es lo mismo polarización polí­tica que bipolaridad ideológica. A estas alturas de los hechos, por supuesto que podemos expresar sin temor a equivocarnos: “tenemos conciencia que tenemos conciencia”.

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