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viernes, 07 de mayo del 2021

Periodismo: Parásitos

Nos referimos a la película sudcoreana que con total certeza auguramos será la mejor película “extranjera” de este año después de adjudicarse la palma de oro en Cannes y un globo de Oro en Londres. Parásitos es su título tomado del concepto que los parásitos, esos seres vivos que sobreviven dentro de otros seres o a costas de otros seres vivos;  si se le puede llamar vida, a este planeta amenazado por el cambio climático y megalómanos que ponen al borde de una guerra nuclear al mundo, para vender armas y sin preocuparse por lo que esta noche se acostarán sin comer.

Dirigida por   Bong Joon, encaja perfectamente en una categoría de cine social, que le lanza al mundo una bofetada corrosiva al egoísmo y crueldad del poder de los que tienen más que otros, y que aunque no sea su culpa es una realidad existente. Las clases sociales y sus diferencias, alejada de escritos ideológicos y teóricos sino como existencia concreta innegable.

Parásitos nos recuerda nuestra realidad cercana latinoamericana y aunque culturalmente se traten de escenarios distintos su enfoque es asociado a una verdad mundial, el avance de la tecnología que nos hace ver como dioses sin futuro, sin inconcebibles progresos para destruir las conductas de las almas, que todo lo quieren rápido y que no quieren contactos físicos, que no puedan discernir y que aceptan un Twitter como señal de lo que se debe hacer y dócilmente respetar. Debido a que quienes tuvieron la opción de humanizar la realidad terminaron con su conducta empeorándola.

Parásitos inicia con el temor de la familia pobre que no tiene acceso wifi, que ocupa en el sótano de una casa propiedad de una familia con mejores condiciones económicas pero alejada de la realidad cotidiana o viendo el mundo desde el balcón de su casa con una falsa apreciación de la realidad.

En sus dos horas de duración encontrarás, la cultura del “oportunista” no del oportuno, este film, mezcla de humor negro, melodrama, hace entretenido descubrirse entre sus argumento bien desarrollados muchos temas de nuestro tiempo: la incomunicación humana, el drama de las faltas de coberturas sociales, la tragedia de los refugiados y emigrantes, el hambre, el conformismo de los jóvenes por aplicaciones gratuitas para solventar sus soledades y la falta de aceptación de otros grupos sociales con mejores condiciones económicas, los perfiles falsos, los currículos alterados, sobredimensionado, la usurpación, la estafa de una vivienda, en conclusión la desigualdad provocada por el modelo egoísta.

La realidad siempre supera la imaginación, pero no recuerdo haber presenciado con tan real abordaje actualizado y con tan rico contenido película en los últimos tiempos, alejada de lo que Hollywood no ha hecho tragar y lo que no viene por estos linderos terrenales del planeta que a veces uno cree que Dios abandonó.

La dirección de la película nos enseña cosas sencillas, con la que nos reímos de nuestras existencias, “la dulzura de los ricos” descubriendo que los pobres huelen distintos a ellos, desconociendo sus precariedades, lo que me hizo recordar las protestas de FINSEPRO e INSEPRO acá en San Salvador, cuando muchos de los estafados caminaron e hicieron marchas para protestar en los juzgados por sus casos  y se mezclaron con el “people” para sentir su aroma, esta vez como afectados.

Parásitos no es peyorativa a una clase social, es una bofetea a la conciencia para recordarnos que tras un diluvio universal o local,  todos buscaremos una arca donde salvarnos o un refugio posible, con nuestras perversidades y aciertos, con los privilegios o sin ellos  y donde las clases sociales de mentes obtusas o romboides, despediremos el mismo aroma el día de nuestra muerte.   

Rigoberto Chinchilla
Rigoberto Chinchilla
Periodista de APES

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