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jueves, 21 de octubre del 2021

Periodismo: Las horas de las cenizas han iniciado

Cuando todos están en emergencia, te enteras que un pasamontañas ya no es símbolo de rebeldía, que un pañuelo en el rostro ya no es asomo de lucha y que se ha convertido en símbolo de miedo a ser infectado

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Todo ha cambiado, no fueron los augurios de las guerras, ni la xenofobia, ni las amenazas nucleares, se trató de los muros mentales de la humanidad, que sacaron nuevamente  el egoísmo de unos pocos versus la necesidad de muchos. Te das cuenta que los pastores que dicen sanar en vivo y en directo, son falsos profetas porque en momentos como estos que padecemos de esa pandemia  desaparecen y ya no los ves ni siquiera como voluntarios para ir a sanar a enfermos a domicilio; mercaderes de la fe.

De repente te das cuenta que la insolidaridad es viral, que las fronteras están cerradas y que quienes dicen defenderlas son tan vulnerables al simple rocío de un estornudo, que se derrumban de temor por el sencillo ruido de una tos, cuyo sonido no se parece al estruendo de  la explosión de un misil.

Cuando todos están en emergencia, te enteras que un pasamontañas ya no es símbolo de rebeldía, que un pañuelo en el rostro ya no es asomo de lucha y que se ha convertido en símbolo de miedo a ser infectado. De pronto descubre que pese a tantas luchas por lo demás, el ingenio, la gallardía, la inteligencia subversiva también esta en cuarentena y su legado hasta gastarse la vida por los derechos de los humildes se perdió en las nefastas promesas de igualdad que se defendieron con plomo y creatividad y sucumbió con pequeñas  gotas de saliva y secreciones corporales.

Caminas por la solitarias calles de la ciudad y te viene a la mente que el reparto y rebalse económico,  fue una estafa de un modelo que sigue excluyendo seres humanos y que la igualdad llego con un virus que no respeta a ricos y pobres, sencillos y presumidos, que ya no seremos los mismos de siempre,  porque no entendimos el mensaje de la naturaleza y la humanidad

Hoy un beso y una caricia te matan, y los hemos privatizado y  reservado, para las personas a quienes decimos y creemos que amamos de manera intensa, pero el reloj marcó las horas para que entendieramos eso y nunca quisimos hacerle caso, pesamos el cómo  joder a los demás, no abstrajimos en el mundo falso e ilusorio, en la moda superflua, en la conquista y la acumulación de bienes materiales que no nos servirán para sobrevivir, ni  darán el aire que necesitaremos  para el último suspiro y halo de vida.

Fue entonces necesario el darnos cuenta que la sonrisa de lo demás era importante, que el alcohol era indispensable, para desinfectarnos no solo el alma,  que la atención de una enfermera era mucho mas importante que el gol de un futbolista extranjero de un equipo que movía millones para sus arcas y ambiciones económicas, que un hospital es mas urgente que una feria de convenciones comerciales, que un medicamento y un contingente de médicos, es más oportuno que un desfile fascista de tropas por las calles. Que no solo lo solo los indigentes mueren de virus y que es estúpido no darles unos minutos de silencio en el parlamento, solo porque no sabemos sus nombres. Tarde pero nos dimos cuenta que el rumor están dañino como cualquier virus, que la ciencia y el desarrollo científico es más importante que una ametralladora o las nalgas de plástico de Kim Kardashian.

La hora de las cenizas no ha terminado se apagó la música de las fiestas,  la energía de las luces en los estadios se vinieron abajo, los autos se detuvieron, no hay misas ni cultos falsos, lo burdeles cerraron, lo bares callaron sus ruidos, los conciertos se volvieron virtuales, lo encuentros masivos solo son sucios recuerdos.

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Rigoberto Chinchilla
Periodista salvadoreño. Graduado en la Universidad de El Salvador (UES); colaborador y columnista de ContraPunto
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