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sábado, 18 de septiembre del 2021

Oportunidades luego del caso Flor María García

El experto en criminología y columnista de ContraPunto, Ricardo Sosa, analiza el caso del feminicidio de Flor María García, a manos de su pareja. Considera que el caso podría motivar a la reflexión, para prevenir la violencia contra la mujer.

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El feminicidio agravado y posterior desaparición del cuerpo de la señora Flor María García  por parte de su esposo el cirujano dental  Joel Valle en el municipio de Cojutepeque ha perdido presencia mediática, luego de varias semanas de cobertura, y no es de extrañarse somos una sociedad que hemos perdido toda sensibilidad ante la violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres en El Salvador. Parece que nuestra sociedad se conforma con la captura y presentación de un imputado en este tipo de casos, se consume las noticias en relación al imputado, y queremos conocer cada detalle, incluso no faltan mujeres y hombres que critican, juzgan y condenan a las mujeres que se encuentran en estos ciclos de violencia que terminan en feminicidio.

El lamentable caso de Flor María Ventura representa un caso más de violencia intrafamiliar y violencia contra la mujer, en donde la principal causa son las relaciones desiguales de poder o confianza, en la cual la mujer se encuentra en una posición de desventaja respecto del hombre, la cual se caracteriza por una asimetría, control, dominio, desconfianza, manipulación entre otras. El hombre que se encuentra ejerciendo estas conductas opera bajo el supuesto que el tiene el poder aún cuando la relación pudiera terminar. En sus relaciones diarias este hombre enfermo muestra su odio y menosprecio por la mujer y por todo lo femenino.

Las propuestas de mejoras en reformas a la LEIV y otras, están plasmadas en la hemeroteca de este periódico donde por años he escrito sobre el tema, recomendaciones que no han sido atendidas por el Estado salvadoreño. Ahora una vez más tengo que escuchar de los tomadores de decisión las propuestas de incrementar las penas, como si la vioencia feminicida se pudiera erradicar por decreto. La vía jurídica es la que más ha fracasado y es a la única que se le apuesta.

Las oportunidades son en materia de educación desde la primera infancia, son los padres de familia, ambos que deben de transformarse, educarse, recibir capacitación y adiestramiento para desaprender conductas y patrones de conductas de machismo y cultura patriarcal de nuestra sociedad salvadoreña que persisten incluso previo a la conquista; el machismo ha estado presenta y es más antiguo que los 200 años de República.

El Estado salvadoreño debe de hacer una profunda reflexión y fundar una Institución que trabaje por nosotros los hombres, y nos ayuda a esa transformación por medio de procesos de nuevas masculinidades, no existe atención especializada, mucho menos prevención.

Las alcaldías municipales son las más ausentes a pesar que las familias y esta violencia intrafamiliar y contra la mujer se desarrolla en sus territorios, no existe ningún nivel de alerta temprana. En las colonias , comunidades, barrios, residenciales  se dice “entre casados nadie meta su mano” “la ropa sucia se lava en casa” “no nos metamos ellos más noche se arreglan” y cientos de refranes y dichos que el machismo se ha encargado de generar estereotipos, mitos y leyendas.

Las iglesias de toda denominación, que en muchos casos son los primeros en conocer de los casos por consejeria o secreto de confesión, y como dichos líderes brindan la conserjería que siga aguantando, que resista, que el matrimonio es para toda la vida, y una serie de versículos que manipulan la conciencia de la mujer, es lamentable escuchar que el hombre agresor hace donativos considerables con mucho amor a la obra, o es servidor, no se ayude a la mujer a proteger su vida y la de sus hijos.

A las organizaciones feministas en El Salvador deben de comprender que la lucha no es solo de ellas, que habemos  hombres sensibilizados, que hemos cambiado  y transformados, educados en familias donde se ha privilegiado el respeto y la igualdad, ya no insistan solas, eso fue en el siglo pasado. No es expresando odio hacia los hombres en las marchas una vez al año que lograrán avances, ni manchando la propiedad privada.

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Ricardo Sosa
Máster en criminología , experto en seguridad pública, nacional y ciudadana. Columnista y analista de ContraPunto
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