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domingo, 25 de julio del 2021

Olga Salarrué, una artista desconocida

Salarrué le llevaba de la mano, suben las colinas, caminan en espacios tridimensionales, imaginarios, que solo entre ellos se entienden, sos la mayor de las hermanas, que también tienen su camino en el arte

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Niña de manos dibujantes y ojos azules. Ligera le enseñaron a ser, para Ser. Conoce la verdad que aclara y da luz.

Es Olga Teresa Salazar Lardé, conocida como Olga Salarrué, hija del escritor y pintor Salvador Salazar Arrué “Salarrué” y la pintora Zelié Lardé. Como aún tení­a dudas, fui a sacar la partida de nacimiento, efectivamente comprobé que nació a las cinco y treinta de la mañana del 14 de septiembre de 1923, en San Salvador. Di “un brinquito” ahí­ mismo en la alcaldí­a, de pura alegrí­a.

La verdad es que desde 2003, me he interesado más en esta familia. Desde que empecé a ver su Legado como algo integral. Intento registrar algo de estos seres, sin pretender entrar en sus academicismos, solo sentir y observar en silencio. El 26 de junio de 2003, el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), recibió el archivo personal de Salarrué, que incluye también a su familia: Zelié, y sus tres hijas Olga (1923), Maya (1924) y Aí­da (1926). En septiembre de ese año, Carlos Henrí­quez Consalvi (Santiago), director del museo, viajó a Nueva Jersey, Estados Unidos, con el donante de ese importante legado, el pintor Ricardo Humano, con el fin de entrevistarla y a la vez informarle sobre el rescate y conservación del archivo, entrevista que aparece publicada en la Revista Trasmallo #5: 110 Aniversario Salarrué.

Olga estaba feliz de recibir esa visita para conversar de su especial y amada familia. En ese momento ella tení­a 79 años. Se habí­a levantado del lecho de enferma en su casa de Old Bridge en Nueva Jersey, y se sentó en un sillón bajo la estupenda pintura de “Sagatara”, autorretrato de su padre. Recordó sus aventuras, como subir al cerro San Jacinto solo con su papá o frecuentar rí­os donde hací­a sus prácticas de dibujo. Vivir en la misma casa de la Cruz Roja, donde Salarrué trabajaba, en ese tiempo estaba en la Colonia América, de San Marcos, cercana al Barrio San Jacinto. Contó que una Navidad, en la vieja casa de la Cruz Roja, tení­a unos 5 o 6 años y su padre le dijo: “Mirá, ¿por qué no te hincás aquí­ y pedile al Niño Dios que traiga un montón de juguetes para los niños pobres?”. Al dí­a siguiente, la llevó a la bodega de la Cruz Roja y le mostró donde tení­an almacenadas las cajas con juguetes ¡estaba segura que era un milagro!


Esos  seres, esa familia de soñadores y artistas natos, inmersos en su mundo,  no sentí­an el golpe de la “pobreza material”. Era importante, pues hací­a falta”¦siempre ¡para comprar zapatos, comida, pinceles, pinturas!…pero ni modo. Salarrué compraba solo una manzana y se las la  escondí­a entre una planta para hacerles “magia” y compartirla, las niñas le decí­an “The Magician” o sea El Mago. También le llamaban “Dagdito” o “Dagdi”. Las hermanas siempre juntas, siempre en el arte, dibujando, pintando. Bajo el ala del pilar familiar: Zelié Lardé.

Según  archivos del MUPI, Olga, y sus hermanas Maya y Aí­da realizan su primera  exposición en octubre de 1942, en la Rotonda del parque Cuscatlán de San Salvador, parque que se habí­a creado en 1939. El 12 de marzo de 1946, Olga y sus hermanas, realizaron una exposición en la segunda planta del Club Internacional, en el centro de San Salvador.

Olga  es la única de las hermanas que se radicó en Estados Unidos. Salarrué, es designado como agregado cultural en Nueva York de 1946 a 1958. En la gran ciudad, Olga trabajó en diversas cosas, entre ellas, pintando maniquí­es. Pero también, desarrolla  su talento artí­stico y muestra sus pinturas en galerí­as de arte. Conoce  a Willard Clark (Bill), con quien se casó y procrearon Paul y Bruce, ambos son abogados.

En abril de 1950, en la galerí­a de arte The Barbizon-Plaza Hotel, Olga inauguró una exposición individual, un año antes, su padre habí­a expuesto en ese mismo lugar. Del 9 al 30 de marzo de 1951, en espacios como el United States National Museum y en la Smithsonian Institution, cuadros de ella,  de su padre, hermanas, entre otros pintores fueron expuestos durante una muestra salvadoreña. En el archivo del MUPI encontré los nombres de los cuadros de Olga expuestos en esa ocasión: “Shells”, óleo; “Annunciation”, acuarela; “The Seed”, acuarela; “The Cloud”, óleo.


Según  entrevista de Carlos Henrí­quez Consalvi, en su casa de Old Bridge, Nueva Jersey, Olga Salarrué tení­a un cuadro pintado por ella cuando era una jovencita, realizado cuando aún no habí­an ni calles para ir a la playa. Iban en carreta y su padre Salarrué, le dijo que pintara a la hija del carretero. Entonces, en una de las champas, la muchacha posó para Olga, cubierta, refajada. Hizo una acuarela. Al llegar a la casa la  pintó al óleo.

Al irse, siempre extrañaba a su madre y hermanas en El Salvador, y querí­a estar “De un brinquito” con ellos, en el imaginario. No estaban locos, eran gente diferente. Siempre se enviaban cartas. Cartas que reflejan que viví­an en  el arte, no como un pasatiempo, si no como su forma de vida, eran familia, eran amigos. Salarrué guardó esas cartas en Nueva York, es por eso que podemos conocerles a través de ellas.


Alice, mi madre, me dice al leer el borrador de esta nota: ¿Y ellas por qué no estudiaron?…  me parece una buena pregunta”¦creo que porque no tení­an pisto, no sé, aunque eran hijas de Salarrué, él nunca aprovechó esa influencia para su  beneficio y no, no estudiaron en universidad. Salarrué estudió solo dos  años en la Corcoran School of Art de Washington DC, gracias a una beca,  pero regresó en 1919. “La academia” le aburrí­a.

Olga  trata de regresar a visitar a su familia, cuando puede. Igualmente Aida, que radicaba en México desde los años cincuenta con su familia. Solo Maya, acompaña a sus padres en los últimos dí­as. Existe una foto familiar donde están los cinco, fechada en junio de 1974, año en que muere Zelié, el 27 octubre. Aparecen en su casa Villa Montserrat, Los Planes de Renderos. Ahí­ mismo, un año después muere su padre, el 27 de noviembre. Maya, que era la única viviendo allí­, permanece 20 años más hasta su muerte en 1995. Es gracias a Maya y Olga, que se salva el legado. Maya lo entrega a Humano. Seguramente muchas cosas de El Legado Salarrué, se hubieran perdido o desecho por la humedad o la polilla si no son rescatados, y posteriormente el trabajo realizado por el MUPI desde 2003, ha sido relevante.


Maya  guardiana celosa, sin entrar casi nunca a la casa, la mantiene como una  cápsula en el tiempo, ella y su habitación, a un lado del rosal, árboles y música, en su mundo de dibujos, canciones, colores y memorias.  Fue acompañada por su hermana Olga, en sus últimos dí­as. Aida, la menor  ya habí­a partido también años antes.

El  Museo de la Palabra y la Imagen, resguarda un “cancionero”, un cuaderno  que al abrirlo tiene una portada a mano con las iniciales de cada uno de los integrantes de la familia. Hay dos obras de Olga, un dibujo llamado “La niña del tecolote”, y otra pintura en blanco y negro enmarcada llamada “Dance of silence”. Ella también realizaba dibujos en cerámica, formas con diseños de personajes en distintas escenas. Obras que no fechaba y que solo firmó como “Olga Salarrué” o solo “Olga”. Una cerámica está expuesta en la casa de los Planes de Renderos, donde el MUPI tiene una exposición permanente.


Olga  también es parte de esta historia, de este tejido de la memoria de Cuscatlán. La tierrita como ellos decí­an. Esta tierrita que amaron, que colorearon, ante todo el arte, antes que el pan. Olga Salarrué, una artista desconocida. Estoy viviendo y sintiendo desde sus zapatos, desde  su barrio, su época, su cerro San Jacinto, los rí­os que ya no existen, la ciudad que adoptó desde su partida en los años cuarenta, sus influencias, sus sueños, su gato, su intimidad, su pintura. Su familia. Y  falta por conocer su obra.

Olga murió en Nueva Jersey el 11 de enero de 2004, de seguro, viene de vez en cuando “De un brinquito” a visitarnos con su amor a Cuscatlán, a su tierrita.

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Contiene fotografí­as de El Legado Salarrué, Archivo Histórico Museo de la Palabra y la Imagen.

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Tania Primavera
Promotora cultural, museóloga, escritora y periodista salvadoreña. Colaboradora en temas de Artes y Columnista de ContraPunto
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