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miércoles, 27 de octubre del 2021

Octubre 26/1960: crónica de un golpe de Estado

Este sábado 26 de octubre/2019, se cumplen 59 años del golpe de Estado que derrocó al presidente José María Lemus, en 1960, terminando con la existencia del Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD), que había sido fundado bajo liderazgo del ex presidente Oscar Osorio, el 1º de diciembre de 1949.

El golpe de Estado contra Lemus, se consumó la madrugada del 26 de octubre. Su gestión se había convertido en despótica y autoritaria contra la población. Distinto a los anteriores golpes de Estado registrados en mi historia personal, en este contra Lemus como estudiante universitario fui testigo, en los propios escenarios del suceso.

La actividad insurreccional era intensa, correspondida con fuerte represión por parte del gobierno. La lucha universitaria recrudecía; la respuesta brutal del gobierno, también. Capturas, secuestros, prisión, tortura, destierro, muerte. Mis compañeros de toda la Universidad, todos sentíamos en carne propia la represión.

El 19 de agosto, una manifestación estudiantil fue reprimida. Era una multitud, entre estudiantes y numerosa población enardecida. La Escuela de Medicina, conocida como La Rotonda, en las proximidades del Hospital Rosales, fue cercada por las fuerzas represivas, dejando en su interior a muchos de los manifestantes que habían logrado ingresar. Parte del resto nos apretujábamos en la acera del antiguo Hospital Bloom, hoy Clínica Primero de Mayo del Seguro Social, que era la única fortaleza de defensa personal contra las golpizas y balas, para los que no pudimos ingresar. En el interior de La Rotonda continuaba la protesta, en la voz de destacados oradores estudiantiles.

 El ejército había echado mano del Cuerpo de Bomberos y del Regimiento de Caballería para desalojar a los manifestantes que, en gran número y sin haber podido ingresar a La Rotonda, permanecíamos en plena calle. La caballería no llegó a tiempo. En cuanto a los bomberos, sus mangueras disparaban torrentes de agua contra los manifestantes, que se fueron dispersando hacia los distintos rumbos de San Salvador.

El 2 de septiembre, un nuevo enfrentamiento se dio en la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador y sus alrededores, en las proximidades de la entonces Central de Telégrafos. Mi aula de estudiante de Letras estaba ahí, en la segunda planta del edificio que daba al Garaje Mundial. Una visita posterior al lugar, ofrecía un panorama desalentador: mesas, escritorios y demás enseres estaban destruidos a machetazos, como si la saña bestial de la ignorancia hubiera logrado su propósito de destrucción.

La manifestación había surcado las calles y avenidas centrales de San Salvador, desde tempranas horas de la tarde. Como respuesta, la Facultad fue rodeada por una gran cantidad de efectivos del ejército, que intentaban eliminar a las autoridades y a los dirigentes estudiantiles. El rector Napoleón Rodríguez Ruiz, el Secretario General, Roberto Emilio Cuéllar Milla, fueron posteriormente hospitalizados víctimas de la violencia militar; y muchos estudiantes, también fuimos blanco de la acción brutal con que se allanó esa noche el Alma Máter. Las tropas del gobierno  asesinaron al estudiante de Economía Mauricio Esquivel Salguero, quien a su vez era bibliotecario de la Universidad.

   El 15 de septiembre, hubo un mitin conmemorativo de la fecha de la Independencia en la Plaza Libertad. Y otra vez, las fuerzas policiales combinadas con el ejército cercaban y atacaban a la muchedumbre. La Guardia Nacional perseguía a los manifestantes por las distintas calles, pero estos repelían con piedras y gritos. Era la fuerza bruta, en actitud represiva a las acciones patrióticas de un pueblo cansado de vejámenes y represión.

Y el día llegó. La madrugada del 26 de octubre, José María Lemus huyó hacia Costa Rica, mientras el pueblo celebraba su triunfo. Y vino el cambio de régimen. El mando transitorio fue asumido por una Junta Revolucionaria de Gobierno, compuesta por los civiles René Fortín Magaña, Ricardo Falla Cáceres y Fabio Castillo Figueroa, y los militares Rubén Alonso Rosales, César Yánez Urías y Miguel Ángel Castillo.

 Pero, el movimiento reivindicador de 1960 perdió fuerza y, poco a poco, se  fue desarticulado, hasta ser reemplazado por otro grupo de militares y civiles golpistas. El 25 de enero de 1961, la Junta fue derrocada. Un nuevo golpe derechista, para otro gobierno de facto. El Salvador continuaría bajo la hegemonía de gobiernos militares… Eso, es para otra historia.

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