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domingo, 25 de julio del 2021

Nuevas opciones al desafío de siempre

El fenómeno del COVID19 ha superado con creces todas las expectativas que la OMS tuviera meses atrás, habiendo provocado a la fecha de acuerdo a ésta misma fuente, algo más de 432, 000 muertes por la afección respiratoria (OMS, Actualización de datos, 12/6/2020), de los cuales lamentablemente, 196, 000 son fallecimientos en suelo americano, lo que nos ubica como el continente con más decesos originados en la enfermedad.

Debemos sumar a las cifras el que la misma fuente estima que a la fecha, son aproximadamente 4,2 millones de personas contagiadas por el mal, la mitad de los cuales serían portadores asintomáticos del virus.

Ahora bien, el referente más próximo de ésta pandemia la encontramos en un momento relativamente reciente, en 1917, cuando en el sudoeste estadounidense una afección respiratoria desconocida comenzó a infectar a las personas, extendiéndose sin control hasta alcanzar a las tropas que se enfrentaban en territorio europeo, degenerando en apenas unos meses en una pandemia global, cuya única fuente temprana de delación y por razones comprensibles, fuera España, razón que originara el calificativo de “gripe española”, y que a la fecha, de acuerdo a la fuente de consulta, se habría cobrado hasta 100 millones de vidas.

Como aquella, la presente pandemia no solo se ha cebado con las personas, sino además consecuentemente con la economía global, que para el caso particular de Latinoamérica, habría implicado en éste primer semestre, una contracción de hasta el – 1.8% de nuestra economía, lo que en números planos significará por ejemplo que, de 64,7 millones de personas en extrema pobreza a diciembre de 2019, para la segunda mitad del año serán 90 millones – CEPAL – , y de pobres, hasta 200 millones.

Sumemos una caída de las exportaciones regionales, de hasta el 10,7%, de acuerdo a la misma fuente, que podemos traducir en una pérdida bruta de hasta 17 millones de empleos formales, y 65% en la informalidad –BID-, con la admirable cifra cruda de 195 millones de empleos a globales, de acuerdo a la OIT.

Tales escenarios son una realidad que ya afecta a la economía, lo que sin duda debe orillarnos a comprender que ningún estado superará la crisis individualmente, imponiéndose soluciones integradoras al mismo.

Por ejemplo, la dinámica de la afección supuso el denominado “tele trabajo”, sobre el cual aún se desconocen cifras ofrecidas desde la OIT, y que redundará más temprano que tarde en la desaparición física de muchas empresas, a las que la pandemia ha descubierto este nuevo escenario, lo que además urge la intervención pronta de los estados para regularizarlo.

Es decir, el teletrabajo es ahora como nunca, una opción para quienes detentan la debida formación, por lo que su promoción y regularización desahogara la búsqueda de empleos convencionales, admitiendo este salto de calidad que además deberá traducirse en una mejor y mayor cualificación de los trabajadores, quienes así deberán asumir el desafío que supone adaptarse a ésta realidad emergente, que además será sin duda, el futuro.

El fenómeno del COVID19 ha superado con creces todas las expectativas que la OMS tuviera meses atrás, habiendo provocado a la fecha de acuerdo a ésta misma fuente, algo más de 432, 000 muertes por la afección respiratoria (OMS, Actualización de datos, 12/6/2020), de los cuales lamentablemente, 196, 000 son fallecimientos en suelo americano, lo que nos ubica como el continente con más decesos originados en la enfermedad.

Debemos sumar a las cifras el que la misma fuente estima que a la fecha, son aproximadamente 4,2 millones de personas contagiadas por el mal, la mitad de los cuales serían portadores asintomáticos del virus.

Ahora bien, el referente más próximo de ésta pandemia la encontramos en un momento relativamente reciente, en 1917, cuando en el sudoeste estadounidense una afección respiratoria desconocida comenzó a infectar a las personas, extendiéndose sin control hasta alcanzar a las tropas que se enfrentaban en territorio europeo, degenerando en apenas unos meses en una pandemia global, cuya única fuente temprana de delación y por razones comprensibles, fuera España, razón que originara el calificativo de “gripe española”, y que a la fecha, de acuerdo a la fuente de consulta, se habría cobrado hasta 100 millones de vidas.

Como aquella, la presente pandemia no solo se ha cebado con las personas, sino además consecuentemente con la economía global, que para el caso particular de Latinoamérica, habría implicado en éste primer semestre, una contracción de hasta el – 1.8% de nuestra economía, lo que en números planos significará por ejemplo que, de 64,7 millones de personas en extrema pobreza a diciembre de 2019, para la segunda mitad del año serán 90 millones – CEPAL – , y de pobres, hasta 200 millones.

Sumemos una caída de las exportaciones regionales, de hasta el 10,7%, de acuerdo a la misma fuente, que podemos traducir en una pérdida bruta de hasta 17 millones de empleos formales, y 65% en la informalidad –BID-, con la admirable cifra cruda de 195 millones de empleos a globales, de acuerdo a la OIT.

Tales escenarios son una realidad que ya afecta a la economía, lo que sin duda debe orillarnos a comprender que ningún estado superará la crisis individualmente, imponiéndose soluciones integradoras al mismo.

Por ejemplo, la dinámica de la afección supuso el denominado “tele trabajo”, sobre el cual aún se desconocen cifras ofrecidas desde la OIT, y que redundará más temprano que tarde en la desaparición física de muchas empresas, a las que la pandemia ha descubierto este nuevo escenario, lo que además urge la intervención pronta de los estados para regularizarlo.

Es decir, el teletrabajo es ahora como nunca, una opción para quienes detentan la debida formación, por lo que su promoción y regularización desahogara la búsqueda de empleos convencionales, admitiendo este salto de calidad que además deberá traducirse en una mejor y mayor cualificación de los trabajadores, quienes así deberán asumir el desafío que supone adaptarse a ésta realidad emergente, que además será sin duda, el futuro.

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