Donald Trump dijo que eso del cambio climático era mentira: “lo ha inventado China para perjudicar a las empresas norteamericanas”. Con tal argumento inició el proceso para desvincular a Estados Unidos del Acuerdo de París. Se desentendía así del progresivo consenso que una mayoría de países ha venido desarrollando, para comprometerse a tomar urgentes medidas a fin de frenar – y a ser posible revertir – el dramático deterioro del clima en nuestro planeta. Pese a las advertencias de la comunidad científica, Trump y el grupo de fanáticos ultraconservadores que le rodea dicen que se trata de “un cuento chino”.
Ahora obtienen la respuesta formidable de la naturaleza en forma de huracanes. Primero fue “Harvey” que causó graves destrozos y decenas de muertos en Houston y otras zonas del estado de Texas. Ahora es “Irma” que durante el fin de semana ha azotado Florida. Y viene acercándose otro más, “José”, que trae una trayectoria similar y fuerza devastadora.
Es la acción humana – especialmente los procesos de combustión en las industrias de los países más desarrollados y el consumo desmedido de hidrocarburos en el mundo – la causa principal del cambio climático. Éste debe ser frenado y revertido para que la Tierra siga siendo habitable por la raza humana, con mínimas condiciones de seguridad. Negar esta realidad conduce a que los gobiernos, de manera irresponsable, en vez de adoptar medidas de alivio y corrección, prosigan la suicida carrera hacia la extinción de la vida en el planeta. También provoca que falte la preparación adecuada para hacer frente al desastre natural.
En Cuba hubo daños materiales pero sólo diez víctimas mortales, pese a que el huracán “Irma” atravesó la isla con potencia máxima. Florida ha vivido en zozobra por la improvisación y falta de adecuadas políticas de prevención. El gobierno cubano evacuó más de un millón de habitantes, además de 30 mil turistas. Lo hizo de manera ordenada y planificada. En cambio, los dramáticos llamados del gobernador de Florida equivalían a un “sálvese quien pueda”. Es poco responsable decirle a más de seis millones de personas: “¡váyanse cuanto antes!”
Se vivieron formidables atascos en las carreteras, colas inmensas en las gasolineras, supermercados desabastecidos, pánico y caos por doquier. Es la consecuencia lógica del individualismo que prevalece en la rica nación norteamericana. Tampoco las autoridades son muy sensibles a las vivencias y realidad cotidiana de las poblaciones. Decretar toque de queda, por ejemplo, es privilegiar la seguridad de las propiedades por sobre la de las personas.
El desconcierto oficial queda reflejado en el comportamiento del presidente estadounidense respecto a una de sus propiedades predilectas: el complejo turístico Mar-a-Lago, en la costa de Florida. Primero decía Trump que era “totalmente segura, el mejor lugar donde pasar un huracán”. Tuvo después que rectificar, ordenando desalojarla totalmente, antes de la llegada del poderoso ciclón.
Pienso que convendría una nueva causal para el “impeachement” o moción de censura: que se pudiera destituir a un presidente “por estupidez notoria”.