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sábado, 15 de mayo del 2021

No es contra la libertad de expresión, es regulación

La regulación de los medios de comunicación en El Salvador parece una “mala palabra”, y enseguida los consorcios de los grandes medios comerciales comienzan una parafernalia en la que -con comunicados difundidos en todas radios y canales de televisión- denuncian que se pretende violentar la libertad de expresión de “toda la población salvadoreña” mediante la “censura a la libertad de expresión”.

Pero nos podemos preguntar ¿por qué es importante la regulación a los medios de comunicación? Primeramente, porque de una u otra forma condicionan la opinión en la esfera pública, donde en muchos casos favorecen o desfavorecen intereses que afectan a toda la ciudadaní­a.

Asimismo, los medios de comunicación poseen una gran responsabilidad que no están ejerciendo: la educación. Los medios también educan y determinan las visiones de mundo. Por ello, una de las regulaciones necesarias, por ejemplo, es el contenido de los noticieros o secciones de “nota roja” en la que muestran incontables acontecimientos de violencia exacerbada, y no quiero con esto que malinterpreten mi postura. Pero la sobre-exposición a la violencia apela a los imaginarios colectivos generando una cultura de muerte, trivializando la violencia, vendiendo espectáculos de sangre y dolor.

Es por ello que considero necesario contar con una Ley de Espectáculos Públicos, como la que actualmente se discute en la Asamblea Legislativa. Dicha normativa incluye la cinematografí­a, los medios de comunicación y la publicidad, ámbitos que quedaron desregulados tras la derogación del antiguo Reglamente de Espectáculos Públicos, Radio y Televisión, por parte de la Sala de lo Constitucional, en el año 2013.

Sin duda, es obligación del Estado regular los contenidos mediáticos, tal como lo establecen tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto internacional de Derechos Civiles y Polí­ticos.

Entre los contenidos susceptibles de regulaciones está lo referente a la violencia contra las mujeres establecido en la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres como violencia simbólica, en las que podrí­a mencionar: telenovelas que fomentan el abuso y uso de la fuerza hacia las mujeres justificada por una cultura o religión; música nociva para la integridad fí­sica de las mujeres; pelí­culas con alto contenido sexual que excita una cultura de violación; publicidad que fomenta estereotipos de género entre otros.

Se de antemano que este proceso va más allá de la aprobación de una ley, pasa por la responsabilidad de cada generador de contenido mediático, los cuales, por medio de la auto regulación, podrí­an apelar a la responsabilidad en los contenidos de información y entretenimiento que genera o transmiten.

Pero insisto, más allá de la auto regulación, es importante la aprobación de una ley, como la que se encuentra en manos de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales de la Asamblea que establece la creación de un observatorio de medios, en la que la Asociación de Radiodifusión Participativa de El Salvador (ARPAS) ha mencionado la necesidad de contar con un panel interinstitucional que incorpore a la sociedad civil, la academia y los mismos medios para su funcionamiento.

Además, ARPAS propone la necesidad de incluir en esta propuesta de Ley, el internet, que actualmente aglomera medios de comunicación digitales, blogs y redes sociales.

Sin duda es necesario generar acciones en conjunto para que desde los medios de comunicación se pase de las tres “S” (sexo, sangre y sensacionalismo), a medios de comunicación que busque el entretenimiento de calidad, que forme ciudadaní­a y el pensamiento crí­tico.

Johana Peña
Johana Peña
Columnista Contrapunto

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