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jueves, 06 de mayo del 2021

Nehemí­as

Los especialistas plantean que el texto tiene un claro valor histórico. Quien lo escribe conoce la historia y sabe utilizar las fuentes que están a su disposición.

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Nehemí­as, forma parte del libro sagrado de los judí­os, y es el texto quince del Antiguo Testamento de los cristianos. Y el cuarto de los escritos que forman parte del relato que se conoce como la historia croní­stica, que se integra con I y II Crónicas, Esdras y Nehemí­as. Los especialistas coinciden en señalar que este texto fue uno solo con el de Esdras. Se separan en los primeros siglos de la era cristiana. Es el último de los libros históricos de la Biblia.

Esdras y Nehemí­as relatan sucesos de un siglo, que va de 538 a.C. hasta el fin de la actividad de Nehemí­as en 432 a.C. La etapa que corresponde a este libro abarca de 445 a.C., que es cuando él llega a Jerusalén, hasta 424 a.C. cuando desarrolla su segunda misión. Su mandato como gobernador va de 445 a.C. a 433 a.C. Es probable que perteneciera a la tribu de Judá, y su familia era de Jerusalén. Vivió durante la dominación persa de Judea y fue copero del rey Artajerjes I, de quien obtuvo permiso para regresar a Jerusalén con la misión de reconstruir los muros de la ciudad. Completó las obras del escriba Esdras antes de regresar a prestar servicio en la corte persa.

El texto fue escrito en la primera mitad del siglo V a.C. Hay versiones distintas sobre quien redactó el texto. Algunos sostienen que es una redacción conjunta entre Esdras y Nehemí­as. En este caso el coordinador de la redacción habrí­a sido el último. Esto tampoco se puede probar de manera contundente. Si Nehemí­as fue el autor, el libro se escribió entre 431 a.C. y 430 a. C. Los especialistas coinciden en señalar que el autor de I y II Crónicas no corresponde con el de los dos últimos libros de la historia croní­stica, aunque pertenecí­an a la misma escuela literaria y es muy probable que formaban parte del personal de servicio del Templo.

Los especialistas plantean que el texto tiene un claro valor histórico. Quien lo escribe conoce la historia y sabe utilizar las fuentes que están a su disposición. El texto corrige y profundiza la historia deuteronómica. Hay la intención de convertir al rey David en la figura más importante de la historia de Israel, a quien se considera que perfecciona las leyes de Moisés.

El libro se divide en cuatro partes. La primera es la reconstrucción de las murallas de Jerusalén y el encuentro de Nehemí­as con los que habí­an regresado de Babilonia (1 a 7). La segunda es una descripción de las prácticas religiosas entre los judí­os durante este periodo (8-10). La tercera es un censo del crecimiento demográfico de Jerusalén, un recuento de la población adulta masculina, un registro de los nombres de los jefes de familia y las listas de sacerdotes y levitas (11 y 12). La cuarta es la dedicación del muro de Jerusalén, el arreglo del templo y las reformas llevadas a cabo por Nehemí­as (12 y 13).

El mensaje histórico-teológico tiene un carácter reformador de los sí­mbolos y las prácticas religiosas del pueblo. El camino que han tomado es el correcto y en él deben continuar. Su deber es adorar a Dios y tener confianza en él. Dios, entonces, responderá a esa confianza y nunca dejará a su pueblo.

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