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jueves, 28 de octubre del 2021

Nacidos en el infierno

Ser pandillero, en el paí­s donde se pelea hasta por los muertos, es una tragedia

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Ser pandillero, en el paí­s donde se pelea hasta por los muertos, es una tragedia. Algunos que escriben siguiendo lí­neas partidarias, de golpe y porrazo, les pusieron la etiqueta de "terroristas" para justificar los operativos de manos súper súper-duras y preparar convenientemente, a la opinión ciudadana.

Yo creo que habrí­a que ser un poco honestos y ampliar un tanto la fotografí­a que se quiere mostrar, porque sin que ellos lo pidieran, sus comunidades se convirtieron en escenario de combate entre el FMLN y la FAES en la década de los 80s. Tuvieron que salir con o sin sus padres, en "guinda" hacia el norte, ¿Cómo atravesaron fronteras y cientos de kilómetros hasta llegar a Los Ángeles?, es una odisea inimaginable, baste ver al medio ciento de miles, de niños solos, detenidos en su peregrinaje hacia el norte, durante el 2015. 

Sin un hogar, sin educación, sin hablar el idioma, escondidos en la ilegalidad para no ser capturados por la "migra", sufriendo el racismo, la discriminación, sin derecho a nada más que al descuido, muchos encontraron de forma natural y como un recurso de defensa propia, el agruparse en pandillas y así­ poder sobrevivir en ese medio hostil.

Deportados hacia El Salvador, vinieron a formar parte de los electoralmente llevados y traí­dos "excluidos". Por allí­ hay un video propagandí­stico filmado en tiempos de la guerra, en el que aparece el comandante Leonel González, hoy presidente de la república, diciendo "esta crisis tiene a su base la desigualdad económica y social". Pues bien, ese debiera ser el enfoque del FMLN ahora en el gobierno. ¿Pero que está ocurriendo?

En vez de estar preocupados en revertir esa "exclusión", proveyendo educación para formar jóvenes productivos y proveer trabajos para que se incorporen al quehacer económico y social, hoy, hasta un "padre" de la pobre patria de la sonrisa, apuntó ya con su pulgar hacia abajo en señal de, mátenlos!

Bajo el liderazgo del Sr. Presidente Sánchez Cerén, no obstante que dijo que la escalada de violencia era invento de los periodistas y un asunto de percepciones, el operativo está en marcha. Tanto el ministro de defensa como el de seguridad le han preparado los batallones para la faena. ¿Quién tiene la solvencia moral para garantizar que se respetarán los derechos humanos y que no se trata de una discrecional o arbitraria cruzada de exterminio? ¿Quién?       

Durante la guerra, gran parte de la población estuvo a favor de que la FAES exterminara a los "terroristas" del FMLN, se lamentaron de que se firmó la paz sin exterminarlos, hoy, con "el cambio", las élites del FMLN movidos por objetivos eternamente electorales y bajo el liderazgo del Sr. Presidente, han cocinado a fuego rápido, leyes para penar hasta a niños y adolescentes que quizá no tienen conciencia cierta de cómo es que están allí­, pues, ya que el gobierno al no haberles dado una real oportunidad de educarse para ser productivos y poder vivir decentemente, nacieron para ser "terroristas", posiblemente reclutados bajo amenaza y porque sus familias sufren escases.

A las élites del FMLN, el drama que viven los pandilleros, el nacer para matar y para ser matados, no les quita el sueño. Mientras se receten buenos salarios, viajes, viáticos, carros, motoristas, guardaespaldas, buenos almuerzos, prebendas y otras yerbas, con el "buen vivir", que no los molesten, que no los "jodan" como dijo un intelectual en una columna. Todaví­a más, algunos debajo de agua, han estado ocupados con la garduña millonaria de dinero, revelado por los "Panamá Papers".

Mientras tanto, a los que en el reciente pasado, los acólitos del FMLN los llamaron "excluidos", cuando así­ les convení­a y les interesaba llamarlos, hoy degradados a "terroristas", que sigan esperando. A los que sobrevivan el holocausto, quien quita que para las próximas elecciones los vuelvan a llamar "excluidos". Porque lo que es, hoy por hoy, no les garantizan ningún derecho, pero ni siquiera el de que los llamen "los primeros en sacar el cuchillo", y por supuesto que peor que los quieran llamar, "mis compatriotas, mis hermanos".               

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