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lunes, 29 de noviembre del 2021

Mundial

La noticia corrió como reguero de pólvora: Luego de 36 años de frustraciones, el seleccionado peruano de fútbol se clasificaba al mundial de Rusia 2018, tras ganarle 2-0 al equipo de Nueva Zelanda. La locura se desató en una nación que por tres décadas pensó que nunca verí­an a su selección de nuevo en la máxima competición del fútbol internacional. Fue tal la dimensión de esa gesta futbolí­stica que según consignan los medios, luego del primer gol, hubo un pequeño sismo en la ciudad de Lima. Situaciones de esa magnitud genera el fútbol.

Como latinoamericano me alegra sobremanera la clasificación de Perú al mundial. La última selección que se clasificó de las treinta y dos que estarán en la máxima fiesta del fútbol, le ha dado, desde ya, una inmensa alegrí­a a su pueblo. Pero como salvadoreño, no dejo de sentir un mal sabor de boca, porque ‒al igual que Perú‒ es precisamente desde el mundial de España 82 que nosotros nos hemos resignado a ver esa fiesta balompédica desde un frí­o televisor.

Al respecto, podemos afirmar que luego de España 82, el fútbol salvadoreño ha caí­do en una especie de sopor del que parece no poder salir, producto de la desidia, las dirigencias corruptas y una liga nacional endeble, entre otras causas. Es tal el mal estado de nuestro fútbol que hasta llegamos al bochornoso caso de los jugadores que vendieron partidos. Sin duda, el fútbol nacional ha caí­do lo más bajo que ha podido caer y no se ve manera de que esto tenga mejora. La situación del deporte rey en nuestro paí­s es un sí­ntoma más de la crisis que como nación estamos viviendo. En un artí­culo que publiqué en el 2013, (http://www.contracultura.com.sv/diezmados) escribí­a sobre el castigo a los futbolistas que amañaron juegos: “No nos llamemos a engaño, esos jugadores son el reflejo del paí­s, de nosotros mismos y por eso debemos sentir vergüenza”.

Y es una verdadera lástima porque en la situación de violencia y delincuencia que vivimos el fútbol podrí­a ser un bálsamo para los salvadoreños. Al ver casos como el de la clasificación de Perú a Rusia 2018, entendemos que el fútbol puede ser una herramienta de cohesión social, una forma de generar un entusiasmo colectivo que cree identidad. Eso serí­a de mucho valor para un paí­s que carece de referentes.

Al respecto, el fútbol es una de las prácticas sociales de identificación colectiva más importantes que hay, porque trasciende su condición de mero juego para convertirse en un hecho social, cultural, polí­tico y económico, porque rompe con las fronteras identitarias o de estrato social En esta dinámica incluyente del fútbol, la sociedad se retrata y representa, pero también se cohesiona para generar sentido a lo nacional; el fut refuerza nuestro sentido de identidad, de ser salvadoreños, de seguir a “La Azul y Blanco”. Al respecto, el profesor Ramón llopis-Goig de la Universidad de Valencia, España, explica: "El fútbol es algo más que un pasatiempo o producto de entretenimiento: en un mundo cada vez más complejo proporciona estructuras de significado y refuerza los sentimientos de identidad colectiva de la población".

De esta manera, se podrí­a hacer del fútbol en El Salvador un espectáculo integrador, galvanizador de la comunidad y una herramienta de construcción de cultura de paz. Las dirigencias polí­ticas y deportivas deberí­an reparar en esto, para generar legislación que permita la toma de decisiones por parte de las autoridades en los niveles locales, departamentales y nacionales encaminadas a una masificación de este deporte que es el preferido de nuestra gente.

El fútbol en El Salvador es un factor de unidad entre la población, incluso con las personas que no están tan interesadas en este deporte. “La Selecta” proporciona un tema de conexión entre personas de distintos lugares, clases sociales y formas de ver la vida, porque entre los salvadoreños interesados por el fútbol, no hay nada más importante que su selección nacional.

Como bien lo expresara Eduardo Galeano, escritor uruguayo amante irredento de este deporte: “En el fútbol, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación”.

Bien por Perú, que verá nuevamente a sus hombres de pantalón corto en un mundial. Y nosotros: ¿Hasta cuándo seguiremos esperando?

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