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jueves, 4 junio 2026

Mujeres en batalla: una peruana, una chilena y una mexicana en pos del corazón de Latinoamérica

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Por Hans Alejandro Herrera

Emilia García, Clara Cuevas y Giuliana Caccia son protagonistas en la batalla cultural por restaurar el sentido común en una época de cambio, incertidumbre y que sin embargo busca un asidero donde asentarse. La esperanza es como dice Chul Han (filósofo coreano y también católico) no solo un acto de espera sino en sí mismo también un horizonte de sentido a la vida misma. Porque de pan y circo únicamente no puede vivir el Hombre.

Emilia García. El católico es el nuevo punk.

La chilena Emilia García (no confundir con Emilia García Elizondo, la nepobaby nieta de García Márquez que es la actual directora de la casa de la literatura García Márquez), es un referente en el ámbito del pensamiento chileno desde una postura tradicional y católica sin llegar a chupacirio. Es Directora de Estudios en IdeaPaís de Chile. Socióloga UC y Magister en Estudios Políticos UANDES. Pero también es algo más , un síntoma de como viene emergiendo entre los jóvenes una nueva ola de pensamiento y acción frente a la hegemonía cultural de la izquierda liberal. Enfocada en temas de familia y natalidad, su análisis secular pone el ojo en la crisis existencial de Chile, el país Latinoamericano con menor tasa de natalidad (1.03 hijos, muy por encima incluso de Uruguay, Costa Rica y Cuba), y revalora la importancia de políticas que impulsen la formación de familias en el marco del despoblamiento del país de la cordillera.Es directora de estudios en IdeaPaís desde fines de 2024 y antes fue investigadora. Desde IdeaPaís impulsó la creación del Congreso de Políticas Públicas. Como directora de estudios de IdeaPaís asistió en abril de este año a la Comisión de Familia, Infancia y Adolescencia del Senado para analizar el proyecto de ley  que crea un Sistema Nacional de Apoyos y cuidados. La revista Sábado de El Mercurio la ha destacado en noviembre pasado como una de los 100 Líderes Jóvenes 2025.

Emilia García

Recientemente hizo un análisis del Boom global del aumento de católicos entre jóvenes (fenómeno repetido en Francia, EEUU, Asia Oriental y también en Latinoamérica, incluso en Chile). Su premisa es que: «Ser católico se volvió contracultural». En su columna publicada en El Mercurio, el 09 de Diciembre último detalla:

«De un día para otro, Dios está en los trending topics. (…) La idea suena absurda… hasta que te detienes a mirar alrededor. Hakuna llena estadios. Los retiros juveniles tienen lista de espera. Las apps de oración compiten con Spotify. Carlo Acutis —el santo millenial– se hizo popular por documentar milagros eucarísticos. Y, por alguna razón, cada semana aparece un nuevo influencer católico diciéndote que rezar el rosario es literalmente cool. ¿Pero qué está pasando? ¿Nos volvimos todos beatos? ¿Es una manifestación más de la “ola neoconservadora”? Ser católico, de pronto, se volvió contracultural. Así de simple. En un mundo que lleva años vendiéndonos la libertad sin límites como si fuera la última Coca Cola del desierto, de pronto un grupo de jóvenes empezó a sospechar que eso de tener cero límites quizá no era tan liberador como parecía. Porque la autonomía radical –esa idea tan moderna de “soy dueño absoluto de mí y de mi vida”– es adictiva… hasta que descubres que los propios deseos no alcanzan para justificar una vida. Cuando sacas toda trascendencia del horizonte, no queda mucho donde afirmarse. No hay más allá, no hay después, no hay nada. Solo esta vida. Que, además, hay que vivir al máximo, sin equivocarse, sin desperdiciar un segundo. Un proyecto no solo agotador, sino también profundamente frustrante. Como un “crossfit existencial” reservado para quienes pueden sostenerlo, mientras que buena parte de la población ni siquiera tiene la posibilidad de hacer que todo dependa de sí misma. No es casualidad que aumenten los ansiolíticos, los suicidios, la depresión, la soledad y todas las crisis de afectos imaginables. Y en ese clima de hiperproductividad emocional (“vive, ama, viaja, emprende, sé feliz, sé libre, sé único, sé tú mismo, o fracasa indefectiblemente”), que aparezcan jóvenes diciendo que no quieren ser el protagonista absoluto de su biografía es revolucionario. Rebelde. Casi insolente. Ser católico hoy es una forma de insubordinación suave. Un punk litúrgico. Un rechazo elegante al nihilismo imperante. Y aunque ser católico sea moda o una mera performance, lo decisivo no es la forma inicial del gesto, sino el trasfondo que revela: un deseo de anclaje, de comunidad, de sentido. No es menor que las encuestas muestren que el catolicismo crece por primera vez desde los 80. Que haya jóvenes diciendo que la fe es el antídoto contra la superficialidad, tampoco. Y que el progresismo liberal —esa ideología que prometió romper con todo lo anterior y construir un mundo definitivo— se sienta viejo frente a los veinteañeros que buscan comunidad y sentido, eso sí que es irónico.»

Clara Cuevas, una amiga para San José María. La enfermedad como oportunidad 

La mexicana Cuevas es una influencer que lo tenía todo. Popularidad, éxito. Primero cautivó a sus seguidores recomendando libros. Llevaba una vida idílica: viajaba por todo el país patrocinada por las grandes editoriales y estaba en la primera fila de los eventos literarios.  Pero un día, cuando estaba en la cima del éxito, se despertó con un fuerte dolor abdominal. Le diagnosticaron una inflamación severa en los ovarios que requería cirugía urgente. Un dolor físico insoportable que le llevó a tener un “encuentro personal con Dios en el hospital”, explica a EWTN News.

Entonces, sin explicación médica, la inflamación desapareció de su cuerpo y ella comenzó una nueva vida. Hasta ese momento, “para mí como que Dios era algo lejano a mi vida. Y mi vida funcionaba bastante bien, hasta que enfermé”, explica.

Su familia tenía unos “amigos sacerdotes” y uno de ellos le incitó a compartir su experiencia con sus seguidores. “Yo le decía, pero todos mis amigos son lejanos a la iglesia. ¿Cómo voy a compartir esto?. En ese entonces todos mis seguidores no eran un nicho católico, por así decirlo”, resume.

Poco a poco empezó a subir contenidos católicos como fotos “del santísimo” o “del rosario”. En paralelo, Clara también se acercó a Él “para saber qué quería Jesús de mí”.

Clara Cuevas

Su perfil cambió radicalmente. Muchos de sus antiguos seguidores la abandonaron porque “obviamente, a mucha gente no le gustó esto”. Incluso algunos le reprochaban que se había vuelto una “fanática”. Pero con el tiempo otros regresaron. Hoy le escriben para decirle, aunque dejé de seguirte “ahora te escucho y me ha cautivado lo que dices”.

La figura de los santos ha sido clave en su camino. Sus grandes referentes han sido Santa Clara de Asís, santa de los medios de comunicación, y San Josemaría Escrivá de Balaguer: “Mucha gente de la que me sigue es gente que estudia y que también trabaja. Y dicen: no sé cómo hacer match entre mi trabajo y Cristo. Entonces, bueno, San Josemaría es un santo de lo ordinario. Y ha sido un gran mensaje que también me ha ayudado mucho a compartirlo”.

Para ella, lo más importante “tener en la mente a Jesús” durante, antes y después de la grabación. Asimismo, es fundamental no dejarse arrastrar por algoritmos ni modas pasajeras. “A veces el algoritmo es tentador. Pero lo más importante es no abandonar la oración. Es la oración la que sostiene el mensaje. Es lo que da fruto”, concluye.

Su comunidad en Instagram supera los 200 mil seguidores y su relevancia entre esos jóvenes se vuelve síntoma de un cambio cultural a través del mundo digital.

Giuliana Caccia: retroceder nunca, rendirse jamás 5

La peruana Giuliana Caccia es conocida en Perú por esa desafortunada  guerra que entabló un sector de la izquierda liberal limeña encabezado por el periodista Salinas, en que se vió involucrado para más desastre el mismo Vaticano. Con amenazas de excomunión y contra marchas, 2024 fue un periodo difícil para Gaccia que sin embargo salió airosa manteniendo incólume su compromiso con la fe. Me hace pensar en esas horas difíciles en que su fe era probada por un clero timorato, ¿Cuál fue la forma de la angustia en su Getsemaní? Más allá de las burlas de los enemigos que no creen y que usan a la religión como juguete, la situación de Caccia debió ser de un dolor que solo Dios conoce. ¿Acaso su dolor se pareció a la soledad del padre Castellani traicionado por sus propios amigos, o quizá se formó cólera como la del poeta León Bloy ante la incomprensión de su propia patria, esa extensión natural que es de la familia, o quizá fue más sutil y paisajística como la poesía del vietnamita católico Hàn Mặc Tử, que en el apogeo del dolor de su lepra avanzada en Hanoi no dejó de amar a la vida como un regalo de Dios? Ser católico es también reconocer que el sufrimiento tiene sentido. La palabra para pasión viene del griego Pati, que es sufrir. Los griegos ya sabían que del sufrimiento se aprendía, se accedía al verdadero conocimiento, esa es la naturaleza de la tragedia griega como filosofía del alma. Y ser católico y afirmarse, ser fieles y continuar incluso ante la incomprensión de tus semejantes, eso también es un acto de servicio. Porque la vida es lucha y religión es atarnos al amor, solo por eso, para eso somos libres.

Giuliana Caccia

Gaccia es Comunicadora social por la U Lima, Máster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra. Se volvió especialmente relevante en el ámbito cultural peruano (y especialmente peligrosa) al irrumpir como autora de los libros “Educación en Serio” y sobre todo autora de “Agenda 2030 en el Perú” , donde atacó los excesos de la izquierda liberal globalista y su amenaza hacia la familia. Si enfoque pro familia va en consonancia con un desarrollo sostenible en conjunción a la soberanía de su país, Perú. Ha alertado sobre los riesgos reales de un invierno demográfico en Perú para los próximos años ante la baja tasa de natalidad que año a año viene reduciendo el número de niños peruanos (esto innegablemente unido a los planes de control de natalidad promovido por entes internacionales desde las reformas neoliberales de los años 90 que el mismo Juan Pablo II denunció en su momento. Dichas políticas van enmarcadas a una incertidumbre en el campo de empleabilidad como es el Perú donde la informalidad ronda el 70%).

En una entrevista en una radio local, Caccia señaló el problema demográfico peruano en el marco de un gobierno global: «(…) las respuestas a esa situación las categoricé en cuatro ámbitos. El primero era negar que existía el invierno demográfico. Había un grupo de comentarios que te decían que no existe, que estás inventando. El segundo era que era un problema netamente económico. Netamente económico. O sea, la gente no tiene hijos porque no tiene plata. El tercero era que si yo no tengo hijos, no pasa nada. Y el cuarto iba por esa línea también. Los datos sí lo respaldan y no son datos de la iglesia católica, sino que vienen de los los órganos de estadística nacionales, de los censos, inclusive organismos como la ONU, que lo último que son, es pronatalistas. Los países nórdicos, si tú vas entre Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega, ni siquiera alcanzan la tasa de reemplazo generacional, que es 2,1; sino que tienen 1.4 o 1.7. Corea tiene el más bajo 0,7, o sea, ni siquiera reemplaza a uno de los progenitores. En el Perú te dicen «yo cómo voy a tener hijos y mi sueldo pues es menos de 1000 dólares». Y efectivamente, aquí los sistemas públicos de salud, de educación, son muy malos. Si quieres por lo menos educar a un niño con un mínimo de alfabetización, no lo puedes mandar a un colegio público».

El análisis de Caccia y su preocupación se tejen muy bien con las de la chilena García, un problema global cuya causa todavía es difícil de definir pero que ya algunos de coordenadas católicas como el escritor vasco Juan Manuel de Prada o una católica secular como la francesa Eugenie Basties achacan a un capitalismo rampante dónde lo prioritario es la carrera profesional en el marco de una cultura global de alto rendimiento que desemboca en la sociedad del cansancio (Chul Han, también católico). Esto explica como países islámicos como Irán también ya entraron en el invierno demográfico a pesar de políticas pro familia (las cuales no sirven de nada cuando el coste de vida aumenta y más mujeres prefieren postergar su maternidad por alcanzar mejores puestos en su profesión. Otra vez asoma Chesterton y su crítica al capitalismo como amenaza existencial a la familia). Como fuere existen mujeres batalla en Latinoamérica, ora buscando acercar a la fe desde  experiencia personal, ora desde involucrarse en la batalla cultural por el sentido común y sus resonancias en la vida política de un país y sus consecuencias en la cotidianidad. Y si bien nada vence a la muerte, el amor lo vence todo. Catolicismo o Muerte, Venceremos.


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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto

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