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sábado, 16 de octubre del 2021

Morder la mano del que te da de comer

El mercado, solo tiene una ley: comprar barato y vender caro. ¿Perogrullada? Sí­, pero no lo parece, después de escuchar a los grandes genios economistas del neoliberalismo. La economí­a neoliberal se parece mucho a la teologí­a. “Dios existe”. Pues ahora, a escribir toneladas de libros para explicarlo y demostrarlo. Igual, la economí­a de libre mercado.

Desde la revolución industrial de los Estados Unidos, el movimiento obrero fundó un fuerte movimiento sindical (Unions). La participación del trabajador en el pastel, iba siendo más grande. Así­, en los años 60, la industria buscó lugares donde la mano de obra fuera barata y, sobre todo, casi esclava. Las maquilas se fueron, primero a Latinoamérica y, de pronto, a Asia, en particular, India y China. Las Unions estadounidenses, pasaron a la historia. Grandes metrópolis industriales del pasado, se convirtieron en pueblos fantasmas. Para nuestros paí­ses, los Estados Unidos, con su polí­tica imperialista, impuso las reglas de los tratados de libre comercio y nos condenó al subdesarrollo endémico.

Pero, sucedió lo inevitable. Aquellos paí­ses paraí­sos maquileros, comenzaron a independizarse y a hacer la competencia al imperio. En especial China, tierra de grandes imperios y civilizaciones ancestrales, el llamado dragón dormido, comenzó a despertar.

Los Estados Unidos, por su lado, se fue enfrascando en guerras por todo el globo, para mantener su hegemoní­a, con lo que ha ido de crisis en crisis, cada vez más profundas. Aquí­ aparece China como su salvador. Ha comprado bonos estadounidenses, por valor de tres trillones de dólares, con lo que aquellos, se convierten en deudores de ésta. La situación interna del otrora poder hegemónico, no puede ser peor. La decadencia es evidente en todos lados. La juventud blanca, los “whasp” (White, anglosaxon, protestant), están perdidos en los opiáceos, la gran mayorí­a de los “homeless” (sin casa) son veteranos de las malditas guerras y, con las polí­ticas supremacistas del gobierno actual, ha habido un rebrote de gamberros de ultraderecha, que pelean con las personas que hablan otro idioma en público. Todos los analistas coinciden en que el territorio estadounidense, está a punto de una guerra civil.

Sin embargo, el presidente actual, con sus sueños de hegemoní­a, desempolvó el garrote (big stick) del mausoleo de Teddy Roosevelt. Anda por el mundo, amenazando a los paí­ses, porque sostiene que se han aprovechado de los Estados Unidos, cuando los logros comerciales de éstos, son solo la habilidad para aprovechar los mecanismos del libre mercado, que el mismo imperio impuso. Completamente enfrascado en bravuconadas de poder, no se da cuenta que está mordiendo la mano del que le da de comer. Lejos de agradecer a China, que le salvara de  la crisis profunda, le lanza una guerra comercial, pretendiendo doblegarla, como antes, cuando era el hegemón mundial. El presidente chino, Xi JInping, con la costumbre ancestral que tiene esa cultura, de hablar con imágenes, dijo que se le puede dominar a un rí­o, pero no al mar. Y China es el mar.

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