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martes, 19 de octubre del 2021

Moral y política en tiempos de la peste

Algunos críticos de la forma en que el actual gobierno gestiona la crisis del coronavirus, críticos que se presentan como abanderados de la libertad y el derecho a juzgar, reaccionan mal cuando a ellas o a ellos también se les juzga libremente por la forma y el contenido de sus juicios. La libertad de pensamiento y opinión también ampara a quien critica al crítico.

Sin lugar a dudas, el gobierno está cometiendo grandes errores en su gestión de la crisis actual. Se merece, por lo tanto, dado el tamaño de algunas torpezas suyas, las críticas que ahora recibe. Tales críticas, a pesar de ser justas, con mucha frecuencia yerran en la forma y en la intencionalidad.

A ver si me explico, dando un breve rodeo. Aquí no hablamos de las cotidianas disputas de nuestra opinión pública en tiempos de paz, sino que hablamos de las valoraciones hechas, en un contexto político muy determinado, a propósito de las medidas adoptadas por el gobierno salvadoreño dentro de una grave crisis sanitaria inédita en nuestro país. Juzgamos, pues, las actuaciones del señor Bukele y su bisoño equipo de gobierno en un contexto de emergencia nacional.

Antes que el coronavirus llegase a nuestras tierras, llevábamos una larga temporada enzarzados en una pugna partidista virulenta (enfrentamientos entre los poderes ejecutivo y legislativo, pugnas entre los partidarios y adversarios del Sr. Presidente, etcétera, etcétera). Ese ha sido el contexto hasta hace poco, hasta hace nada. Pero la situación ha cambiado. La pregunta que les hago es esta ¿Podemos continuar con las inercias de los enfrentamientos partidistas en el contexto de una emergencia nacional?

Yo creo que no. Es un escándalo ético que el gobierno utilice, para hacerse propaganda y glorificar al señor Presidente, las medidas de emergencia para proteger a la población. Y con independencia de si son acertadas o no, las críticas que con todo su derecho la oposición venía haciendo al gobierno para desgastarlo, en el nuevo contexto pueden volverse críticas miserables si pierden de vista que lo que ahora importa, que lo ahora se exige, es una colaboración entre los partidos políticos para proteger a la ciudadanía. Querer extraer ventajas políticas de una tragedia colectiva solo refleja la podredumbre moral de nuestra cultura cívica.

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