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domingo, 01 de agosto del 2021

Momento clave en la lucha social

En las últimas semanas han proliferado interesantes análisis alrededor del conflicto entre el FMLN y Nayib Bukele. Creo que es una pena que los debates sobre el rumbo del proyecto histórico de la izquierda vengan mediados únicamente por una coyuntura electoral. Quizás si hiciéramos de este un ejercicio más cotidiano podrí­amos construir un bloque histórico menos fragmentado y con mayor pre

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En las últimas semanas han proliferado interesantes análisis alrededor del conflicto entre el FMLN y Nayib Bukele. Creo que es una pena que los debates sobre el rumbo del proyecto histórico de la izquierda vengan mediados únicamente por una coyuntura electoral. Quizás si hiciéramos de este un ejercicio más cotidiano podrí­amos construir un bloque histórico menos fragmentado y con mayor predisposición a superar las contradicciones y/o desviaciones, que toda la izquierda, simpatizante o no con el gobierno, militante o no del FMLN, debe asumir superar si de lo que se trata es de mantenernos en la búsqueda de un proyecto emancipador.

Como sea, y pese a lo interesante del debate, creo que cumple un rol más bien distractor. La sociedad salvadoreña se enfrenta hoy a cuatro escenarios que van a definir el mediano y largo plazo de la realidad socioeconómica y cultural, que deberí­an centrar nuestras energí­as. Estas luchas sociales estratégicas son, a mi entender, cuatro: la despenalización del aborto por cuatro causales, la reforma al sistema de pensiones, la aprobación de una Ley de Agua basada una gestión pública y comunitaria y la no aceptación de la militarización de la seguridad pública.

La primera es clara, el primer territorio de autonomí­a para las mujeres es su cuerpo, por lo tanto decidir sobre él es un derecho. La despenalización por cuatro causales representa un impulso al movimiento feminista en su lucha contra el patriarcado, esto es fundamental, si entendemos que la frase “sin feminismo no hay socialismo” es más que un slogan, sino un enunciado polí­tico. Por otro lado, en términos más concretos o de posiciones, implica una derrota para dos sectores con mucha fuerza en el paí­s, me refiero a la élite económica más conservadora y al sector más intransigente de la iglesia católica y protestante. Esto en un paí­s tan influenciado por las iglesias es sin duda un triunfo.

En segundo lugar, la reforma al sistema de pensiones parece cada vez más desencantarse a un desenlace bastante moderado, por no decir conservador, con el peligro de que los partidos de derecha puedan unir fuerzas para una reforma que privilegie los intereses de las AFP. Como sea, la tarea del pueblo y las organizaciones es presionar hasta el último minuto por una reforma basada en un sistema mixto, que permita, en el corto plazo, acabar con el negocio de las AFP,  asegurar la disponibilidad de pensiones y generar una retracción a la reforma neoliberal privatizadora, que permita en el mediano plazo aspirar una reforma más integral que entienda las pensiones como un derecho de los trabajadores y trabajadoras, tanto del sector formal como del informal.

La tercera y la cuarta están fuertemente vinculadas. La región mesoamericana vive la avanzada de un modelo extractivista – militar, que en paí­ses como Honduras y México se manifiesta de forma particularmente agresiva y violenta. El asesinato de Berta Cáceres, es quizás el principal hecho que da cuenta de hasta dónde pueden llegar las transnacionales en su afán de expansión. En este sentido, el control de los recursos y de la biodiversidad por privados es una necesidad táctica del capital. Después del golpe de Estado en Honduras, una de las primeras acciones fue precisamente aprobar una Ley de Agua que favoreciera esta expansión. Dotar, entonces, de instrumentos legales a las comunidades para decidir sobre los bienes comunes es clave.

Finalmente, lo que refiere a la militarización de la seguridad. Pareciera que lentamente hemos caí­do en la trampa de remilitarizar, un impulso que claramente Estados Unidos ha diseñado para toda la región. La situación de violencia extrema provocada por grupos criminales ha instalado en el imaginario común que la única solución posible es mediante un choque frontal. Ya van varios años que el ejército está en tareas de seguridad y la violencia no se ha reducido, al contrario, el “estado” de guerra se ha profundizado a tal grado que ya se hacen visibles denuncias de abusos y estigmatización. Este es quizás el terreno más complejo y quizás la mayor contradicción que el gobierno del FMLN encara en la actualidad.

Frente a esto no nos queda más que asumir una postura crí­tica, como lo hicieron los estudiantes y artistas urbanos frente a la UES, pese a ser duramente criticados desde discursos reaccionarios que reflejan el nivel de aceptación que la presencia del ejército en las calles tiene. Es contra esta “normalización” de la militarización contra la que hay que luchar, pues es un camino de difí­cil retorno, sobre todo si entendemos que la vuelta de un gobierno conservador (ARENA) es una posibilidad fuerte, y entonces sí­, la cosa va a ponerse realmente cuesta arriba.

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