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lunes, 17 de mayo del 2021

Mohamed Alí­: del ring a los Derechos Civiles

El gran boxeador, de las victorias en el ring a las peleas por los Derechos Civiles y la Filantropí­a

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Nacer afroamericano al inicio de la década de los años 40 en el sureño Louisville, Kentucky, con seguridad fue asumido como una fatalidad del destino por miles de personas que corrieron la misma suerte.

Para una buena parte de quienes conformaban la comunidad negra de Estados Unidos en ese entonces, ese punto de partida probablemente la condenaba a una vida rodeada de mí­nimas oportunidades en cuanto a educación de alta calidad, salud, trabajo, y con toda seguridad, a una despiadada exclusión social debido a la segregación racial, que para ese momento habí­a alcanzado el poder de decidir el nivel de dignidad que cada persona podí­a aspirar tener en la sociedad debido a su color.

Sin embargo, con Cassius Marcellus Clay Jr., nacido en este lugar el 17 de enero de 1942 se hizo una excepción en la historia común y una nueva ví­a como posibilidad de vida se abrió. A sus 12 años le fue robada su bicicleta, lo que lo llevó a comentarle al oficial de policí­a, Joe Martin, que él querí­a golpear al ladrón. Este le respondió: “bueno, es mejor que aprendas como se pelea antes de andar retando a la gente”. Además de oficial de policí­a, Martin entrenaba a boxeadores jóvenes en un gimnasio local y desde ese momento lo tomo bajo su tutela.

Aprendió a boxear y pronto hizo de esto su carrera profesional. Ganó su primer torneo amateur en 1954. En 1956 ganó el torneo Golden Gloves para principiantes en la clase de semipesados. Tres años después ganó el Torneo Nacional Golden Gloves.

En 1960 ganó el derecho a asistir a las olimpiadas de Roma, Italia junto al U.S. Olympic boxing team, momento para el que ya se habí­a convertido en una figura de tamaño imponente (6 pies y 3 pulgadas de alto) en el ring, y era conocido por su juego de pies y el poder de su jab.  Obtuvo la medalla de oro en esta participación y a partir de ese momento se convirtió en un héroe americano y fue imparable, conquistando triunfos, muchos de ellos como knockouts, hasta lograr convertirse en 1964 el Campeón Mundial de los pesos pesados.

Ali era conocido además por referirse a sí­ mismo como “the greatest” (El más grande) y por no tener miedo de hablar públicamente antes de sus peleas sobre sus habilidades, por ejemplo, una frase que se hizo famosa: “float like a butterfly, sting like a bee” (“flota como una mariposa, pica como una abeja”) en el cuadrilátero de boxeo, relacionada a la forma en la que se moví­a en el ring.

A los 12 años la primera meta estaba alcanzada y de la mejor forma: terminó de cumplir lo que se habí­a propuesto junto al oficial Martin al aprender a defenderse. Pero sumada a la contribución de la naturaleza que lo dotó con una habilidad fí­sica excepcional, desde el principio se hizo patente su determinación personal a tener un pensamiento libre, esforzado y diferente al que manejaban muchos de sus contemporáneos, algo que hizo posibles todos sus triunfos.

Es posible ver que en Ali, el miedo “”una de las condiciones que están a la base de quien lucha por los derechos humanos”•, no fue nunca su compañero. La segregación y las humillaciones siempre estuvieron presentes, pero la diferencia la marcó el cómo decidió asumirlas. Él se sintió libre en todo momento y por eso jamás dejó de revelarse frente a quienes quisieron hacerle sentir lo contrario.

Esta fue una victoria, además de sobre el ring, sobre el primero de los demonios mencionados por el Dr. Marthin Luther King Jr. en su discurso de aceptación del premio Nobel de la Paz pronunciado ese mismo año: toda su vida hasta ese momento fue una victoria sobre el racismo y sobre lo que su propio grupo racial se sentí­a predeterminado a ser.

A su lucha por la vida le siguió una batalla diferente, esta vez, de carácter espiritual.

En ese mismo año de 1964, recién conquistado el tí­tulo mundial, se exhibió públicamente tomándose un helado con Malcom X, lí­der polí­tico de los Black Muslims, mismo al que se convirtió al dí­a siguiente. A partir de ese momento adoptó el nombre de Muhammad Ali y junto a su nuevo nombre, nuevos tipos de luchas comenzaron.

En 1967 fue llamado a combatir en la guerra de Vietnam, a lo que el objetó y se negó alegando razones religiosas y de conciencia.  En ese momento, el Estado respondió atacándole llamándolo cobarde y fue condenado a cinco años de prisión.  Después de un largo proceso legal, la Asociación de Boxeo le quitó el tí­tulo de campeón mundial y lo suspendió de este deporte por tres años y medio.

A partir de este momento Muhammad Ali se convirtió en un sí­mbolo del pacifismo debido a sus luchas contra el racismo y contra la guerra. Durante este periodo de su vida muchos jóvenes de universidades y grupos pacifistas lo invitaron a hablar sobre la reivindicación de los derechos de la comunidad negra como de su rechazo a la guerra de Vietnam.

Es posible encontrar en esta nueva lucha, un trabajo decidido en contra del segundo demonio que se cierne sobre la humanidad, mencionado por el Dr. Luther King Jr en su discurso de aceptación de ese 1964: la guerra.  Y es también hermoso encontrar coincidencias con el Dr. King en el hecho que fue desde un reencuentro con la espiritualidad, en este caso no desde el cristianismo, sino desde el islamismo, que este exitoso boxeador puso en primer de importancia sus valores por sobre su carrera profesional en la defensa de los grandes ideales sociales.

Una vez la condena terminó, volvió al ring y en 1974 recuperó su tí­tulo y en 1980 dio su última pelea en el ring, perdiéndola y retirándose del boxeo definitivamente.

Pero sus luchas iban a continuar fuera del ring. Diagnosticado en 1984 con la enfermedad de Parkinson, pasó a una nueva etapa de su vida dedicada a la filantropí­a. Creó la Muhammad Ali Parkinson Center en Phoenix, Arizona para la que ha recogido muchos fondos. Ha apoyado las Olimpiadas Especiales y la Make a Wish Foundation entre otras organizaciones.

Ha viajado por muchos paí­ses ayudando a los necesitados y debido a eso las Naciones Unidas lo nombraron Mensajero de Paz por su trabajo con los paí­ses en desarrollo.  Esta nueva etapa puede también relacionarse con una lucha contra el tercer demonio que ataca a la humanidad mencionado por el Dr. Marthin Luther King Jr. en 1964: la pobreza y todas las condiciones que la acompañan.

Es decir, Ali ha hecho de su lucha personal por la vida, una lucha por la vida de muchos.

Viéndolo como un todo, pareciera que cada una de las luchas en su vida, jamás fueron para sí­ mismo; lejos de eso, cada una en su momento se convirtió en beneficios para los demás: su lucha contra el racismo, su lucha contra la guerra y finalmente, su lucha contra la pobreza y muchas de sus consecuencias.

Este hombre tachado por algunos de arrogante es demasiado humilde al afirmar: "Yo soy un hombre corriente que trabajó duro para desarrollar el talento se me dio", así­ como: "Creo en mí­ y creo en la bondad de los demás".

La historia de su vida le permite comentar sobre quienes han desarrollado una labor para construir un monumento a su memoria:

"Muchos fans querí­an construir un museo para reconocer mis logros. Yo querí­a más que un edificio para albergar mis recuerdos. Yo querí­a un lugar que inspirara a la gente a ser lo mejor que pudieran ser en cualquier cosa que quisieran hacer, y para alentarlos a que sean respetuosos el uno del otro”.

Toda esa “arrogancia” al final, no ha sido otra cosa que una forma de llamar la atención, actitud que las grandes mayorí­as que lo adoran parecen haber entendido así­ desde el principio. Las acciones de su vida siempre han hablado mejor del alma que en realidad vive dentro de este hombre, un ejemplo para su raza y para toda la humanidad, un eterno luchador por los derechos de los demás.

Es difí­cil no pensar en lo que Muhammed Ali tuvo en mente cuando en el año 2009 asistió a celebrar el momento inaugural del primer presidente afroamericano, Barack Obama, en el mismo paí­s en el que el mismo tuvo que pelar por el derecho a ser tratado igual a los blancos tan solo unas décadas antes. Así­ como resulta imposible no asumir que un muy joven Barack Obama no haya crecido teniendo como uno de sus ejemplos a seguir a Muhammed Ali, desde el momento en que, poco tiempo después del momento inaugural de su gobierno, otorgó a este lí­der el President’s Award from the NAACP en reconocimiento a todo su esfuerzo al servicio público.

Ali tiene razón, la razón de ser recordado es servir de ejemplo para otros y no está relacionado con la vanidad. 

Nota del Editor: Este artí­culo fue escrito por la autora en 2013, como una reseña de la grandeza de Alí­. Hoy lo publicamos como homenaje al más grande de los boxeadores y como luchador social, que también destacó este gran hombre.

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