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jueves, 06 de mayo del 2021

¿Miente la historia?

Escribir sobre historia, trae consecuencias impredecibles para quiénes se atreven hacerlo, la información publicada además está sujeta a la interpretación del lector y su reacción no es previsible.

Es importante aclarar que como escritor soy consciente de que, al referirme a clase explotadora o represiva y mencionar grupos familiares, clase social, instituciones, etc., no me refiero a todos, pues toda “regla tiene sus excepciones”.

Tampoco debe interpretarse lo escrito como oposición a la adquisición de riqueza material, pero al referirte a la clase económicamente poderosa y culparla del retraso del desarrollo, asumo que su riqueza se obtuvo manipulando el sistema democrático, instrumentando gobiernos, lo que les facilitó conducir negociaciones ilícitas, contrabando, tráfico de drogas y evasión fiscal, entre otras.

Detallaré a continuación acontecimientos históricos, con la intención de motivar la investigación, pues no soy dueño de la verdad, pero estoy en su búsqueda.

El Salvador fue conquistado y sometido por los españoles desde 1742 hasta 1821, la base económica entonces eran el cultivo del Bálsamo y el Cacao, este último fue la moneda circulante de los pueblos originarios, quienes poseían tierras ejidales y comunales cuya tenencia los conquistadores respetaron.

Entre los años 1800 a 1880, se dan sucesos como la independencia y el cultivo del añil nos vuelve agroexportadores, también entre 1855 y 1870 se desarrolla el cultivo del algodón, ambos cultivos extensivos pertenecen a los ladinos terratenientes.

Indígenas y campesinos criollos, no eran los dueños estas explotaciones agrícolas, pues sus tierras comunitarias y ejidales las dedicaban al cultivo de sus alimentos.

Entre 1870 y 1901 en Alemania  y Suiza se desarrolla el sustituto químico del añil. En 1990 Karl Heumann, logra la síntesis para su uso industrial, el que se conoció como Azul de Prusia, su bajo costo y la producción local, obligan al abandono de su importación y el añil se sustituye por el café.

Viéndose los terratenientes urgidos por extender sus áreas de cultivo, es electo en 1876 el presidente Rafael Zaldívar, quién los complace promulgando las leyes que despojan a los indígenas de las tierras ejidales y comunitarias, tierras que adquieren los terratenientes y además se autoriza el cultivo en las zonas entonces consideradas de reserva. Los pobladores originarios, ya no pudieron producir sus alimentos.

El cambio en la tenencia de la tierra forzó a indígenas y campesinos, incluso a trabajar por la comida.

La presidencia de El Salvador fue ostentada por las siguientes familias: Quirós en 1848, Dueñas desde 1851 (durante ocho ocasiones), Barrios en 1858, Zaldívar en 1876, Guirola en 1884, Menéndez 1885, Gutiérrez en 1894, Regalado en 1898, Escalón en 1903, M. E. Araujo en 1911 (presidente asesinado), sucediéndole la dinastía Meléndez-Quiñones iniciada en 1913 hasta la presidencia de Pío Romero Bosque en 1931.

La riqueza acumulada por la clase gobernante y terrateniente contrastaba con la miseria sufrida por indígenas, campesinos. Resulta posible que ellos fueran los autores intelectuales del asesinato del presidente M. E. Araujo, quien en 1911 pretendió cambiar el sistema gobernante.

Concluidos los 18 años de la dinastía la situación de los salvadoreños era de miseria, el descontento era evidente y Arturo Araujo, ofrece acabar con los privilegios y la explotación, ganando la presidencia, pero solo gobierna 267 días, es derrocado y asume la presidencia el vicepresidente el general Maximiliano Hernández Martínez.

La clase privilegiada parece nuevamente estar dispuesta a seguir cosechando los frutos de las explotaciones agrícolas.

59 años pasan desde que Záldivar despojara de sus tierras a los indígenas y en 1929 se da la crisis mundial la que agudiza el malestar de indígenas, campesinos y obreros. Las protestas que fueron individuales se volvieron colectivas.

El presidente general Maximiliano Hernández, reprime las protestas.

Los indígenas despojados de sus tierras eran entonces mano de obra explotada, y sus protestas eran válidas. Además, protestaban campesinos y obreros, pero lo único común entre indígenas y obreros, era su precaria situación.

A comunistas y explotadores, les resultó conveniente que las protestas de indígenas y ladinos se consideraran como acción comunista, el PC volvía grande su movimiento y los explotadores justificaban la masacre de indígenas, como una victoria sobre el partido comunista.

Situación que hasta la fecha los indígenas niegan Juliana Ama hija de Feliciano Ama, líder indígena ejecutado en 1932, en un acto conmemorativo el año 2006 declaró: Ya estoy cansada de que nos digan comunistas, nos duele en lo profundo, a mí me duele en el fondo de mi corazón que me digan que soy comunista. En sí la palabra no me enfoca nada malo, pero la hemos asociado con otro significado que quiérase o no, por momentos le molesta a uno.

(*) Ernesto Panamá es Escritor

Ernesto Panamá
Ernesto Panamá
Columnista de ContraPunto, Escritor salvadoreño; Máster en Edición, con 13 obras publicadas

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