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lunes, 17 de mayo del 2021

Mensaje recibido y amable respuesta

O el jaqueo cibernético en la era del Plan para la Prosperidad Oligárquica.

He recibido un ataque cibernético mediante el cual suplantaron mi identidad y la de otros usuarios de mi red domiciliar, de modo que me han llegado anónimos y algunos de mis contactos recibieron mensajes que parecí­an enviados por mí­ y por otros usuarios de mi red, ya que los hackers se apropiaron de mi dirección IP. Estos mensajes apócrifos aparecen como si salieran de computadoras ubicadas en mi casa y desde mi dirección IP. Pero, como dije, ésta fue jaqueada y usada por los hackers desde donde ellos se encuentran. Pido por eso a mis contactos tener esto en cuenta en el caso de que hayan recibido de mí­ o de otras personas, mensajes “extraños” relacionados conmigo.

La limpieza de mis equipos electrónicos ya fue realizada, a fin de subsanar esta incómoda situación. Por eso, ahora, es visible el pertinaz intento de infiltrar estos equipos con malware por parte de quienes se dedican a espiar las comunicaciones electrónicas privadas y a simular mensajes a segundas y terceras personas, con la intención de embrollar las relaciones amistosas o afectivas del usuario jaqueado. Por todo esto, cambiaré mi dirección IP. Y en los próximos dí­as cambiaré de casa. Esto no lo hago —es claro— para volverme invisible ante el espionaje polí­tico e ideológico, pues eso es imposible, sino sólo para tomar distancia de un entorno que ya se me volvió asfixiante.

A mis hackers les comunico que su mensaje ha sido recibido, con lo cual cumplo con el protocolo usual de los servicios de inteligencia. Pero también debo agregar que, por razones í­ntimas, me es imposible dejar de pensar fuera del redil de borregos y sobre todo dejar de decir y escribir lo que pienso. Por eso mismo me veo obligado a continuar emitiendo mis juicios con criticidad (ejerciendo mi criterio y no el del rebaño) y radicalidad (yendo a la raí­z causal de los problemas que analizo e interpreto). Pues, comprenderán ustedes, amables enemigos, que si dejara de hacerlo, mi vida se convertirí­a en una llamita que lentamente se apagarí­a ante el soplido del viento, y se tornarí­a una voluta de humo que, como todo lo que fue sólido en el Medioevo —según el decir de nuestros comunes amigos Marx y Engels—, se desvanecerí­a en el aire de nuestras muy (pre)posmodernas e interconectadas relaciones capitalistas de producción (je).

Sigo, por todo lo dicho, convencido de que el poder oligárquico ha sido restaurado y fortalecido por medio de lo que ha ocurrido aquí­ desde el año pasado, y de que hay empresarios, militares y capas medias de derecha, así­ como dispersos grupos de izquierda, que coinciden en que al obligar a los oligarcas a pagar impuestos y al Gobierno a ampliar la base y la carga tributaria —incluyendo en ello a las pobrerí­as y a las capas medias—, lo que se está haciendo es financiar a un Estado que ahora será más oligárquico que nunca —aunque “incorrupto”— para que administre con eficiencia el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte. O sea, la militarización de las fronteras para contener migrantes y proteger las inversiones de más mineras, más hidroeléctricas, más cementeras, más palma africana y más caña de azúcar, y para escenificar mejor la lucha contra el narcotráfico e intervenir en masa las telecomunicaciones; todo, para alargar por siempre la abnegada “lucha contra la corrupción”. Urge por ello construir una alternativa más digna y soberana frente al actual engendro entreguista del izquierdoderechismo neoliberal.

Mario Roberto Morales
Mario Roberto Morales
Escritor, periodista y catedrático guatemalteco; ha sido Premio Nacional de Literatura de Guatemala. Ha escrito novelas, cuentos y ensayos

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