viernes, 21 de enero del 2022

Los pecados de un cristiano: la Coca Cola y la chispa que se apaga

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Por Milson Salgado

El marketing, y la enajenación cultural del mundo que está dentro de la planificación de los aparatos ideológicos del Estado globalizado ha impuesto en los últimos años, las luchas futbolísticas como paradigmas de los fracasos y de las victorias que semana a semana cosechan los aficionados de los equipos de fútbol, con quienes se adhieren con la misma ciega pasión con que millones de europeos en siglos pasados se inmolaron en fantasmagóricos campos de batalla por la palabra patria. Por allí, están esas nuevas identidades llamados los tifosi italianos. Los hooligans ingleses, los neonazis del Real Madrid. Los ultras de Esquerra, las barras bravas sudamericanas, las Torcidas brasileña, los Bucaneros de Vallekas, Los Bianconeri del Milán, Los culés azulgranas. La adopción de la esta impostura ontológica aisla de la realidad social, fragmenta la comprensión del mundo, y atomiza los engranajes de la explotación con que las multinacionales dominan la productividad, y precarizan los trabajos y los salarios.

Para coronar sus planificaciones de dominación mental del ocio y del orden social y económico de las cosas, han administrado en estos últimos años, la visión dual que les ha funcionado como pugna dialéctica de contrarios a lo largo de la historia occidental, asentada en los cansinos maniqueísmos religiosos: creyente o ateo, políticos: izquierda y derecha y morales: Bueno o Malo; para entretenernos con la rivalidad futbolística entre Cristiano Ronaldo y Messi, para dilucidar quién es el mejor, y sostenernos con el péndulo oscilante de maquinaciones que notifica con fechas cortes de temporadas entre quien avanza y quien retrocede, quien baja y sube a los podios del poder de los premios, y quien se deprecia con el paso del tiempo, como un proyecto prolongado de hipnosis que ha adormitado conciencias a lo largo de estos años.

Han cargado sobre la espalda de estos dos seres humanos el espejismo de ganar cantidades estratosféricas de dinero por el esfuerzo, y la constancia, para persuadirnos que estos son los ejemplos claros de que el que lo intenta lo logra, y por eso se han organizado miles de millones de academia de futbol alrededor de todo el mundo, con niños y padres que acarician ese sueño, entre realidades obtusas de fracasos y cierre de puertas. Pretenden igualmente hacernos creer que estos dos son los millonarios más millonarios del mundo, y a cada momento tercian sus números alargados de algoritmos para apantallarnos, para notificados que en los mercados de inviernos hay cifras que suben a la derecha, y espejismos que nos embaucan con los valores en oro de las discrecionalidades. Maquinan y lanzan falsas noticias para trivializar en el fondo los miles de miles de millones de dólares que ganan inclusive empresas intrascendentes con la cadena implacable de la fuerza del trabajo invisible que acumula y concentra capitales para unos pocos.

Cristiano Ronaldo un joven de procedencia muy humilde nacido en un arrabal de Portugal se ha creído la mentira, y por allí ha dicho ufano: “Me tienen envidia porque soy guapo, y rico” y esta verdad a medias, le ha valido a Cristiano Ronaldo y a varios jugadores del mundo recurrir a una serie de excentricidades que les son perdonadas por ser celebridades, pero hay un pecado que a Cristiano Ronaldo el capitalismo no le perdonará nunca, y es que en una comparecencia de Prensa con motivo de la celebración de la Eurocopa 2020 movió deliberadamente y con gesto de agravio dos botellas de Coca Cola del foco de la cámara y en su lugar colocó una botella de Agua, y expresó Coca Cola no. Agua, y levantó la botella y dijo, Agua sí.

Este joven jugador ante los ojos del mundo realizó el acto más revolucionario que algún disidente quisiera para catapultar su trayectoria, y quizás nunca tendrá la oportunidad, y tampoco contará con la celebridad suficiente para que sus criterios pesen en el campo de la influencia mundial. Solamente el hecho de mover, y sacar de cámara dos botellas de Coca Cola, al cierre de la bolsa de valores en Wall Street de ese día, le costó a la multinacional estadounidense una pérdida de 1.6 % que representaba más de 4 mil millones de dólares, es decir, que las acciones bajaron de 242 mil millones de dólares a 238 mil millones de dólares.

Después de esto la historia no ha sido igual para el jugador portugués. Ha sido eliminado de una Champión con la Juventus. Ha fracasado en Italia. Ha llegado a Inglaterra y se ha visto deslucido entre apariciones y ausencias como flashes fotográficos. Se le anulado un gol legítimo representando a su selección de Portugal que a esta hora, le significaría la clasificación al mundial de Qatar, y ha perdido cualquier opción a un Balón de Oro, y hasta el mismo representante de ese premio francés se ha burlado de él, al develar que su mayor secreto y sueño era superar en balones de oro a Lionel Messi, cuando es improbable que a su edad lo logre, y para coronar la cereza de sus fracasos, hoy Portugal para poder clasificarse al Mundial de Qatar, y para que Cristiano Ronaldo pueda gravitar como candidato a mejor jugador del mundo, tiene que vencer hipotéticamente a la selección de Italia, una empresa prácticamente imposible.

Esto que puede parecer casual no lo es. Después de ese acto de eliminar del foco visual de las cámaras del mundo dos intrascendentes e inofensivas botellas de Coca Cola, la multinacional ha reaccionado con visceral, y refinado ninguneo. Este monstruo de millones y de daños legalizados a la salud y la nutrición del mundo sabe que tendrá que invertir para sanear ese zarpazo, por eso lo ha hecho y lo seguirá haciendo, porque su inacción provocaría que un héroe, rechace el producto más mundialmente comercializado y lo desvalore, y por ello precisa convertir a ese héroe en un antihéroe, desvanecer sus criterios, sacarlo del foco mundial de celebridades, borrarlo de la lista de los premios, y soslayarlo de cualquier evento de luces para que su rechazo público del producto se amortigüe con el paso del tiempo  hasta esfumarse del imaginario mundial.

Quizás a estas alturas, Cristiano Ronaldo se arrepienta de su acto, que le ha significado una gran mengua a su carrera profesional, y a sus intereses personales, pero desde ya es nuestro héroe, porque desde un acto espontáneo, una celebridad ha dicho la verdad, en un solo gesto que nos ha hecho ir a los buscadores de verdades virtuales para persuadirnos que:  “El dulce y refrescante sabor de la bebida y la presencia de compuestos como cafeína, la atropina y la engomina, que contiene en menor porcentaje, explican el componente adictivo de la Coca Cola. Entre los componentes tóxicos se destaca el ácido fosfórico, que tiene un efecto corrosivo. La aparición de diabetes mellitus, anemia, pérdida del esmalte de los dientes, envejecimiento y obesidad, forman parte de los efectos dañinos a la salud”. De ahí, que los grandes logros humanos de este héroe es tomar agua, y no consumir este producto que no es la chispa de la vida, sino que la apaga para siempre.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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Milson Salgado
Analista y escritor hondureño, abogado y filósofo; colaborador y columnista de ContraPunto
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