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lunes, 17 de mayo del 2021

Leyendo a Fredy

Fredy, como suelo llamar al colega abogado Jesús Alfredo Campos, leal compañero de luchas e ideales, nos sorprende de nuevo con esta última producción literaria. Habíamos disfrutado de su creatividad e inspiración expresada en una poesía que, a veces fresca y colorida como los maquilishuats en flor y otras veces tenaz como el izote de nuestra campiña, nos llenaba el espíritu y nos acariciaba el alma, con aquellos versos que según sus propias palabras: “son hijos del tiempo y de la angustia;”.

Con su nuevo libro VOCES DEL EXILIO, Fredy además de volver a presentarnos sus “amarguras y dulzuras, envueltas en oro y hojalata” nos entrega una poesía acompañada de cierta prosa testimonial; la cual, además de darle contexto a los versos épicos, presenta una narrativa histórica que no debe olvidarse, jamás. Esta parte del texto, que va narrando como un diario, o bitácora de sus actividades como militante de la organización a la que ambos pertenecimos durante parte de la guerra civil, nos refleja su trayectoria política, su compromiso como defensor de los derechos humanos, y las peripecias de si obligado exilio.

Hay un párrafo titulado ESCUDRIÑANDO MI DIARIO,  en el que aparece marcada la fecha Octubre 27, 1983. Donde relata una reunión de la cual estuve informado todo el tiempo, dado que en esos días yo, con el seudónimo de Pepe Funes, era el responsable político del trabajo gremial de la Resistencia Nacional RN en México. “En la reunión Lucy, nuestra encargada de colectivo, una bella internacionalista argentina, cargando en brazos a un precioso bebé de meses, nos informó que la organización había descartado la posibilidad de enviarme a mí a Canadá, y decidió hacerlo a Estados Unidos. Dijo que la experiencia acumulada con mi trabajo con la CDH en el país, mi condición de ex Juez, abogado, ex profesor universitario, y mi manejo aceptable del idioma inglés, hacía más lógico mi trabajo humanitario en USA que en Canadá. Nos sorprendió el cambio, pero lo aprobamos ¡Yo acepté feliz!”. De hecho, el cambio de destino lo habíamos acordado en el colectivo de dirección, pues la organización no tenía trabajo en el sector humanitario en esa época. Lucía que era la compañera responsable y que había llegado de Honduras con Emiliano, su bebe de meses, luego que capturaran y desaparecieran a Carlos Leoncio “el Flaco” Balerini, su compañero, fue la encargada de transmitirle el cambio.

Que bien que Fredy, como buen militante aceptó ir a USA a abrir brecha y no a Canadá donde ya lo esperaba una estructura bastante sólida y desarrollada gracias al trabajo de Jacobo Quiteño (José Mario Ramírez) y los compañeros mexicanos Gaby (Lucía Rayas y Federico, su compañero) que habíamos enviado con anterioridad. Una de las razones por la que ahora disfrutamos de este nuevo libro.

Son muchas las anécdotas que podría recrear, pues casi todas las personas mencionadas en la narrativa me son o me fueron familiares. Unas porque trabajé con ellos como Toño y Julia, que en realidad eran Pablo y Julia, seudónimos de Toño “bigotes” Hernández, nuestro representante ante el colectivo unitario del FMLN y Aracely Zamora su compañera, incasable y muy dedicada a sus tareas; a cuyo departamento en el Seminario de San Jerónimo solían llegar los compañeros que venían del interior del país. Era como una casa de protocolo. Mike Colonnese, un obispo católico fuertemente comprometido con la Teología de la Liberación, y amigo del obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo,  nos abrió las puertas del Medio Oeste, con los recién creados Comités de Solidaridad con Centroamérica (COSCA en inglés) en Davenport, Iowa. A otros como Pedro Flores, solo los conocí de nombre, no obstante estudiar en la facultada de derecho de la UES y ser los dirigentes del movimiento laboral en el sector judicial, pero eran mucho más jóvenes que yo. De hecho a Fredy lo conocí hasta que llego a México, a pesar de que su padre era originario de Chinameca, donde está enterrado mi ombligo.

Pero no se trata de reflexionar sobre un anecdotario, sino de una producción literaria donde los nuevos hijos, como llama Fredy a sus poemas, llegan cargados de mensajes, con voces de mando, proclamas y llantos, exhortándonos a vivir esta vida corta y fugaz, con la intensidad de lo eterno. Y los recibimos con ese amor, esa ternura con la que se celebra la llegada de un recién nacido.

Que haremos con ellos? Fredy no nos pide que los adoptemos, no son huérfanos, tienen su legítima paternidad, vienen de las entrañas de este grandioso ser humano que se despoja de todo egoísmo y los comparte con nosotros. Y sin pretensiones de ninguna clase nos dice:

“Os presento a mis hijos al desnudo, para que los gocéis y se hagan vida, o para que los tiréis y se hagan polvo”.

Viven Fredy, viven y no serán polvo, seguirán viviendo mientras exista en el corazón de los seres humanos, ese sentimiento de solidaridad que tan fuertemente llevamos y compartimos, los que logramos sobrevivir la hecatombe que se llevó a tantos seres queridos. 

Entre ellos a Hugo Carrillo.

No sabía, hasta hoy, que Fredy lo conocía, que se veían con frecuencia. Es natural, ambos compartían aulas en la facultad de derecho, donde funciona la Escuela de Relaciones Internacionales, de la que Hugo formaba parte, Ahí lo veía yo, sin que fuéramos amigos, pues yo estaba por egresar cuando él se iniciaba en la carrera. Luego a mi regreso de España en 1979, me informaron que era parte de una estructura de la organización. No podía pasar desapercibido, su presencia física era imponente y la barba de vikingo criollo lo hacía inconfundible.

En una misión que me envió la organización en  mayo de 1983, no pude hacer el contacto en ruta que debería establecer, y falló también el re contacto. Como cuenta Fredy, cuando contactó a Pedro y pidió la cocacola que no tenía el restaurante, en el re contacto la persona que tenía que encontrar no portaba la corbata del color previamente establecido, ni leía la revista que se suponía debería estar leyendo, por lo que pasé a su lado, y salí del lugar. Eran estrictas medidas de seguridad. En el contacto visual los detalles preestablecidos eran la garantía que era la persona indicada. Luego venia el santo y seña, uno se acercaba y le decía la frase, la respuesta debía ser exacta y corresponder a la que ya nos habían informado, caso contrario se abortaba el contacto. Estas medidas salvaron muchas vidas, pues el enemigo capturaba cuadros y a base de tortura obtenía información y podía usar al mismo capturado u otra persona como cebo para hacer caer a otros cuadros.

La misión era entregar un televisor, una lavadora y otros electrodomésticos dentro de los cuales mi hermano Carlos (Jorge) había camuflado el transmisor de la radio que instalaríamos como Radio Guazapa. Mi tiempo para regresar a a México se agotaba y la única opción que encontré fue ir a dejarlos a la casa de Hugo, llegue al mediodía a la colonia Satélite, me recibió su esposa, lo llamó y casi se cae del susto al verme en la puerta de su casa. Le expliqué la situación, entendió la extrema decisión que yo había tomado, pues no era correcto visitar un compañero de estructuras abiertas como la de Hugo, en una misión de logística y además clandestina; recibió los equipos y me dijo son toda seriedad, que lo canalizaría por los vías correspondientes y llegaría la cerro, donde mi hermano los esperaba.

Así pasó, Hugo cumplió, la radio se instaló, pero no sé si Hugo pudo escucharla, pues como cuenta Fredy, ese fatídico 14 de septiembre Hugo fue capturado y su nombre consta en la larga lista de los desaparecidos. “El 13 de septiembre de 1983 antes de entrar a mi clase de las 5:00 pm, Pedro me dijo que no me esperaría para que lo llevara a su casa porque iría a recoger a Ruth a la Facultad de Humanidades, nos dimos un apretón de manos y se marchó. Minutos más tarde explotó la noticia en la Facultad: mi entrañable amigo había sido secuestrado a pocas cuadras de la Universidad por un grupo de hombres armados que se le acercaron, le preguntaron su nombre, lo tomaron por la fuerza tirándolo de bruces sobre la cama de un pick up llevándoselo con rumbo desconocido. Naturalmente que las clases en la Facultad fueron suspendidas y los estudiantes y personal en general, enviado a sus casas.

La mañana siguiente fue secuestrado frente a su casa Hugo Carrillo, otro de los marcados en la fatídica nota. Yo salí al exilio para México en octubre, en noviembre fue secuestrado a punta de ametralladora dentro de la misma Facultad de Derecho, el cuarto compañero Francisco  el “Chele" Aguirre. Como miles de desaparecidos en El Salvador, jamás volvimos a saber de los tres queridos compañeros.”

Eran días aciagos, “tiempos recios” diría Vargas Llosa. La muerte rondaba nuestras cabezas y cabalgábamos con ella como zope al anca. Y los muertos caían a montones, como frutas maduras que abonan la tierra. Y caían de ambos lados y aun de los que no tenían lado. Uno de ellos, con quien Fredy no tendría compromiso político ni ideológico para recordarlos, fue el Chachi Guerrero, político del stablishment, pero que como él dice, nobleza obliga.

Gracias Fredy por darnos la oportunidad de recordar, de repensar, de rehacer y de reinventarnos; cada palabra tuya es una gota de esperanza, dulce y amarga, tierna y tosca, que nos sacude el alma y nos hace levantar de nuevo el rostro hacia el infinito donde somos ese imperceptible puntito, que se salva cada día así mismo, aunque sea por un pelito. Y sabes una cosa, la vida sique, el camino es largo por eso recordemos a nuestro poeta Alfonso Quijada Urías, también de la RN, a quien nos pones delante con su llamado:                                            

 Siguiendo mi camino, voy tropezando, cayendo y levantándome”

Porque si Machado decía que se hace camino al andar,  William Ernest Henley te susurra al oído y tú nos lo repites a grito pelado:    

“Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino,

Ni cuántos castigos lleve mi espalda,

¡Yo soy el amo de mi destino,

Soy el capitán de mi alma….!”

                                                                                                 

San Salvador 25 de Diciembre de 2020.

Félix Ulloa (hijo)
Félix Ulloa (hijo)
Vicepresidente de El Salvador

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