Por Redacción ContraPunto
El papa León XIV convirtió este domingo su visita a Lourdes en una jornada marcada por dos de los asuntos más sensibles para la Iglesia católica contemporánea: la defensa de la vida frente a la muerte asistida y la necesidad de reconocer, reparar y prevenir los abusos sexuales cometidos dentro de la institución.
Ante unos 150.000 fieles reunidos en la pradera del santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el pontífice sostuvo que no puede considerarse normal provocar deliberadamente la muerte de una persona y cuestionó las corrientes que presentan la muerte asistida como una respuesta al sufrimiento, la enfermedad o la vejez.
“Es imposible considerar normal causar la muerte”, afirmó León XIV durante su encuentro con personas enfermas y con discapacidad, donde advirtió sobre los riesgos de una “falsa compasión”.
La declaración adquiere particular relevancia en Francia, donde el Parlamento aprobó en junio una legislación que permite, bajo determinadas condiciones, la muerte asistida para adultos afectados por enfermedades incurables. La posición del Vaticano entra así en un debate jurídico, médico y social que trasciende las fronteras de la Iglesia y enfrenta distintas concepciones sobre autonomía personal, dignidad, sufrimiento y protección de la vida.
Una Iglesia obligada a mirar sus propias heridas
Pero la jornada en Lourdes estuvo igualmente marcada por un asunto que representa una de las mayores crisis institucionales de la Iglesia en Francia: los abusos sexuales cometidos durante décadas contra menores.
En su homilía, León XIV pidió a la Iglesia realizar un profundo examen de conciencia y reconocer las heridas provocadas por los abusos cometidos en su seno.
“La Iglesia debe tener el valor de vivir esta conversión en primer lugar”, señaló el pontífice, al referirse a la necesidad de sanar las heridas, infidelidades y “dolorosos extravíos” ocurridos dentro de la institución.
El mensaje tuvo una dimensión concreta horas después, cuando León XIV se reunió con siete personas que sufrieron abusos sexuales por parte de miembros del clero francés. De acuerdo con el Vaticano, el papa agradeció sus testimonios y reafirmó su compromiso para evitar que experiencias semejantes vuelvan a repetirse.
El encuentro fue valorado positivamente por cinco de los participantes, quienes posteriormente explicaron que el pontífice conocía sus casos y reconoció que todavía existe trabajo pendiente en materia de respuesta, reparación y prevención.
La dimensión de una crisis histórica
La reunión, sin embargo, también puso de manifiesto las tensiones que persisten entre la jerarquía eclesiástica y las organizaciones de víctimas.
Asociaciones francesas cuestionaron que solamente siete sobrevivientes fueran recibidos por el papa y señalaron que las víctimas no participaron en la selección de los asistentes.
La preocupación se relaciona con las dimensiones establecidas por investigaciones independientes. Un informe publicado en Francia estimó en aproximadamente 330.000 las personas que habrían sufrido abusos sexuales en la Iglesia católica y sus instituciones asociadas durante un período de siete décadas, una cifra que incluye a menores víctimas de miembros del clero y otros integrantes de instituciones religiosas.
Desde las asociaciones de afectados se ha reclamado que la respuesta de la Iglesia no se limite a encuentros simbólicos, sino que incluya mecanismos permanentes de reconocimiento, justicia, reparación y prevención.
El Vaticano, por su parte, ha defendido el formato reducido de estos encuentros argumentando que permite al pontífice escuchar directamente los testimonios y comprender la dimensión personal del daño.
Lourdes como escenario de una Iglesia en transformación
La visita de León XIV a Lourdes se produce en un momento en que la Iglesia francesa intenta conciliar su tradición religiosa con profundos cambios sociales y culturales.
La multitudinaria misa, celebrada ante unos 150.000 fieles, mostró la capacidad de la institución para movilizar a grandes comunidades de creyentes. La ceremonia incorporó lecturas y oraciones en varios idiomas, entre ellos francés, español, italiano, inglés, alemán, neerlandés, ucraniano y árabe, reflejando la diversidad de los peregrinos presentes.
Pero detrás de la imagen de una Iglesia reunida alrededor de uno de sus principales santuarios marianos existe también una institución enfrentada a debates difíciles: la secularización de la sociedad, la regulación del final de la vida, la protección de los menores y la reconstrucción de la confianza después de décadas de denuncias de abusos.
En ese contexto, las palabras del papa sobre la muerte asistida y los abusos sexuales forman parte de una misma concepción de la defensa de la dignidad humana, aunque se desarrollan en terrenos sociales, jurídicos y políticos diferentes.
Un pontificado ante dos debates decisivos
La jornada de León XIV en Lourdes deja así dos mensajes centrales.
Por un lado, el pontífice reafirma la posición tradicional de la Iglesia católica contra la muerte provocada deliberadamente y cuestiona que el sufrimiento pueda justificar una respuesta orientada a terminar con la vida.
Por otro, reconoce que la propia Iglesia debe enfrentar las consecuencias de los abusos cometidos en su interior y profundizar las medidas destinadas a prevenir nuevos casos y reparar a las víctimas.
El desafío para el pontificado no reside únicamente en formular principios religiosos, sino en convertirlos en prácticas institucionales capaces de responder a sociedades donde las demandas de autonomía individual, protección de los vulnerables y rendición de cuentas son cada vez más fuertes.
En Lourdes, ante una multitud que volvió a convertir el santuario francés en escenario de una gran manifestación de fe, León XIV intentó proyectar una Iglesia comprometida con la defensa de la vida, pero también consciente de que para hablar de dignidad humana debe enfrentar con claridad las heridas que ella misma ha provocado.
Fuentes: EFE, AFP, Reuters, France 24, La Croix y fuentes del Vaticano.





