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viernes, 24 de septiembre del 2021

Las Enseñanzas de TIKAL

El columnista de ContraPunto, Carlos F. Imendia, comparte su nueva reflexión titulada "Las Enseñanzas de Tikal"

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Cuando se aceran las vacaciones de agosto, siempre se viene  a mi mente el viaje que hice con una familia muy querida al Tikal en el Petén, Guatemala, el corazón del mundo maya, la metrópoli eterna, un viaje largo, pero lleno de experiencias y de asombrosos paisajes, que nos enlazan con el pasado y aquellos antiguos caminos del comercio y del tributo.

La ruta maya,  fue el  tour que nos hizo llegar al río Dulce y conocer las aguas del lago  Izabal pudimos divisar sus  orillas de la  jungla aun virgen o reserva protegida, y algunos jacales de los lugareños que sobresalían de los árboles de maderas preciosas. Aunque nos advirtieron los lancheros  que podríamos divisar manatíes, y hasta delfines y lagartos, pero no vimos ninguno desgraciadamente.

En una lancha rápida de dos motores nos disponíamos a romper al Atlántico con una decisión de maniobra de ir a los Cayos de Belice o al garífuna Livingston, mejor nos decidimos  por almorzar en ese encantador pueblito lleno de una rica afrocultura, de mucho colorido y sabor caribeño, en aquellos restaurantes que nos ofrecían langosta frescas, buena cerveza  y las mujeres de la localidad querían trenzar el pelo de nuestras acompañantes, algo casi de obligatoriedad, sino, era como no haber estado en Livingston.

De regreso al hotel en el rio dulce teníamos que descansar para partir el día siguiente a nuestro destino, el corazón del mundo maya guatemalteco: Tikal.

En el trayecto al Peten, la hermosa campiña chapina, pasamos frente a la base militar Kaibil, donde se entrenan las fuerzas especiales de Guatemala, y pasaban fluyendo como un rio, miles de mariposas amarillas migrando, ya tarde noche llegamos a la islita de Flores, una calzada nos llevaba a la islita en el centro del lago Petén Itzá, evocando a la ubicación primitiva de la deslumbrante Tenochtitlán. Una islita, cálida, colorida, llena de cultura, paz y hoteles muy bonitos. A la mañana siguiente salimos al parque Arqueológico Tikal, que nos recibió con un clima muy húmedo, propio de la selva del Petén, y nos esperaba el lobby del parque, y un mercadito maya con muchas artesanías.

Nos adjudicaron un guía, un hombre muy sabio y conocedor de cada metro cuadrado del parque, nos llevó por varios senderos, espesos, en las copas de los arboles jugaban una familia de monos araña, en unos árboles llamados chicozapotes, que son muy comunes en la selva, de pronto una inmensa estructura nos sorprende, sobre sale de los árboles,  de unos 30 metros de altura. “No se salgan de los senderos a orinar o a curiosear, la selva es traicionera y se pueden perder” nos advirtió el guía. Llegamos al epicentro maya, la gran plaza, flanqueados por la pirámide del Jaguar y la de la serpiente de dos cabezas,  “Los antiguos mayas, tenían la costumbre de construir sobre las estructuras de otros gobernantes, en el subsuelo, hay más estructuras” mencionó el guía.  Parecido a los gobiernos en la actualidad. 

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Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto
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