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Las cuentas claras y la negociación espesa

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La negociación entre el Ejército de Liberación Nacional y el gobierno de Gustavo Petro "contribuye también al tensionamiento de la correlación de fuerzas colombiano": Wilmar Castillo.

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¿Quién no quiere vivir en paz? ¿quién no quiere que sus seres queridos no estén asediados por la guerra? ¿quién no quiere que sea reparada integralmente su condición de víctima del conflicto armado? ¿quién no quiere que los conflictos sean resueltos sin disparar un tiro? Basta con repasar la historia del conflicto armado colombiano para querer resolver estas preguntas lo más pronto posible, sin embargo, no existe una respuesta, simple, para problemas complejos. Se ven involucrados factores diversos de tiempo, espacio, intereses, valores, privilegios, necesidades, condiciones reales, conductas consolidadas y un largo etc., que reúne la realidad que se sostiene en los conflictos y relaciones.

Recordando el dicho “vístame despacio que voy de afán”, la actual mesa de negociación entre el Ejército de Liberación Nacional, ELN, y el gobierno nacional, de Gustavo Petro como presidente y Francia Márquez como vicepresidenta, despertó las expectativas de nuestra sociedad y de la comunidad internacional, otra vez. Este escenario de negociación contribuye también al tensionamiento de la correlación de fuerzas colombiano, donde el sector privado nacional e internacional, los Estados Unidos, la oligarquía en su conjunto, las fuerzas populares y de izquierda, tenemos las manos metidas. La cuerda se tensionó recientemente con el anuncio del cese bilateral del Estado y el ELN, anunciado por Gustavo Petro en su twitter el pasado 31 de diciembre y a los días respondió la insurgencia que no se ha acordado tal cese bilateral (1).

Las críticas y los apoyos aparecen de diferentes sectores hacia los dos actores de la mesa de negociación. Se siente por parte del gobierno y su base social cierto afán para desarrollar y terminar la mesa, presentando como medida eficaz el desarme y desmovilización del ELN, pues la guerra que “impulsa este actor armado” quisiera mostrarse entre líneas como obstáculo sustancial a la aplicación del programa del gobierno nacional y como lastre de una historia de sangre y dolor. Frente a esto no se puede reproducir la lógica de negociación de la oligarquía colombiana (aceleración en la negociación, presión social y mediática, participación en la democracia burguesa como única opción de participación política y solución del conflicto social después de terminada la mesa de negociación y desaparición del grupo armado); por otro lado, la instrumentalización del dolor de las víctimas del conflicto armado ha hecho que se oculten las causas sociales, políticas y económicas del conflicto social y armado.

Con la movida de Petro el 31 de diciembre, dejó ver el afán por acelerar el ritmo de la mesa, que reúne la lógica oligarca de desconocer acuerdos, publicar perlas que le benefician, para luego buscar el apoyo social que, al mismo tiempo, se convierte en presión social al adversario. Este por el contrario es mostrado como un actor que no tiene “voluntad de paz” y basta ver las tendencias en twitter y las opiniones de algunos referentes de opinión que apoyan al gobierno progresista. Los resultados a cualquier costo no puede ser la lógica que se utilice en una negociación que tiene como objetivo la terminación de un conflicto armado y la resolución de los conflictos sociales que lo sustentan, no le queda bien a un gobierno nacional que sintetizó las aspiraciones populares en la consigna: Colombia, potencia de la vida.

Algo que arroja el análisis de los procesos de negociación colombianos y algunos internacionales (Guatemala, El Salvador, Euzkadi o País Vasco) es la violación de los compromisos pactados por parte de la oligarquía, el limitado margen de participación política de los actores políticos creados después del desarme-desmovilización y la continuación de los conflictos sociales (principalmente porque no se cambió el modelo económico vigente durante la mesa de negociación). El ejemplo más trágico de la violación de los acuerdos ha sido el asesinato de los liderazgos desmovilizados y de los excombatientes, por parte del aparato para-estatal que junto a la negativa de incluir en la negociación al modelo económico impuesto, son dos enseñanzas que uno puede deducir de la experiencia colombiana.

Frente a esto podría decir que para el caso de esta nueva mesa de negociación, la implementación de lo acordado durante el desarrollo de la mesa bajo unas reglas de juego claras sobre el tema militar, debería ser la garantía para que no se repita la experiencia de negociaciones citada arriba. Entre mi gente se le conoce con el dicho “ir cagando, ir tapando”. A medida que se evalúe positivamente la implementación de los sucesivos acuerdos durante el caminar de la agenda de negociación, se irán mirando las condiciones concretas del desarme-desmovilización para el escenario de pos-acuerdo. No obstante, aprendí algo interesante de la séptima asamblea nacional de Euskadi Ta Askatasuna, ETA p-m, (que dice en español Euskadi y Libertad político-militar) en 1972, donde deciden convertirse en partido político (Euskal Iraultzarako Alderdia, EIA, en español dice Partido para la Revolución Vasca) gracias a las reflexiones compartidas por Eduardo Moreno Bergareche, conocido como pertur, quien expone la necesidad de separar la lucha política y la militar, siendo la primera la principal lucha con el pueblo vasco y la segunda, pasaría a tener una función de proteger los logros populares y de disuasión a la oligarquía española, debido al periodo de transición de dictadura franquista al régimen democrático-burgués (2).

Mi punto con esta cita es el de reconocer que la protección y cuidado de los proyectos de sociedad hacen parte del ADN de los pueblos del sur mundial. Los métodos cambian de acuerdo al periodo histórico, pero la esencia perdura y vive en las raíces de los pueblos, al igual que la alegría, la rebeldía u otros componentes de la cultura popular. La relación de este ejemplo del pueblo vasco con mi opinión sobre la mesa del ELN y el gobierno colombiano, es que se debe buscar las formas apropiadas de proteger el proyecto de sociedad construidos durante años de existencia en los territorios, porque cualquier actor armado hace parte de la creación de territorialidad y eso se traduce en relaciones de poder, legitimidad, apropiación comunitaria y formas de vida aprobadas colectivamente, que en teoría no deben ser impuestas por las armas sino porque existen alternativas de vida dignas concretas que construye la comunidad.

A esta opinión, la tildan los oligarcas de “hacer política con armas”, si las insurgencias de los países donde se hicieron mesas de negociación hubieran usado flechas, lanzas o piedras, las frases se hubieran conocido en la historia como “hacer política con flechas…lanzas…piedras”.

Así como se mira al pasado, que está bien largo y profundo, se debe mirar al futuro para prevenir errores. Pongamos como caso hipotético que la actual mesa de negociación culmina acorde al método de ir acordando e ir implementando, se tendría un escenario pos-acuerdo con mejores condiciones para el pueblo colombiano, ojo no exclusivamente para las partes negociantes, pues somos las comunidades las que sufrimos las injusticias del modelo económico capitalista y quienes protagonizamos los conflictos armados, con esto quiero decir que el ganador seremos las mayorías, pues en el futuro mediano el conflicto armado no se reproduciría y los conflictos consecuentes a ese periodo hipotético no se resolverían conformando organizaciones armadas sino otra clase de procesos organizativos. Aunque sin querer enredar lo argumentado, siempre y cuando la oligarquía exista, la vida de las comunidades no estará plenamente garantizada por más reglas de juego pactadas en mesas de negociación.

NOTAS:

1- Link del twitter de petro: https://twitter.com/petrogustavo/status/1609395412431167488 y link del pronunciamiento del ELN: https://eln-voces.net/el-decreto-presidencial-sobre-cese-bilateral-es-una-propuesta-para-ser-examinada/

2- libro: Pertur. ETA 71-76.

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Wilmar Harley Castillo
Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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