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miércoles, 3 junio 2026

La sombra

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Por Zarko Pinkas

La noche era oscura y fría, y Juan caminaba rápido por la calle, con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos. No podía sacudirse la sensación de que alguien lo seguía. Desde hacía semanas sentía esa presencia pegada a su espalda, silenciosa, paciente, como si esperara el momento exacto para mostrarse. No sabía si era una persona, un recuerdo maldito o simplemente su mente desgastada. Sólo sabía que estaba ahí.

Había estado caminando durante horas, intentando perder a su perseguidor en el laberinto de calles de la ciudad. Se metía por pasajes estrechos, torcía esquinas, cruzaba avenidas, doblaba en un zigzag delirante. Pero no importaba cuántas vueltas diera, la sensación persistía. A veces escuchaba pasos detrás de él, leves, apenas un roce sobre el pavimento. Otras veces, simplemente sentía un cosquilleo en la nuca, como si algo respirara muy cerca.

Se detenía, y los pasos se detenían también. Respiraba hondo, intentando calmarse, pero el corazón le latía con una fuerza animal que lo delataba en la noche silenciosa.

Al pasar bajo un poste de luz, algo lo hizo alzar la vista. Vio una figura proyectada en la pared de un edificio: larga, delgada, deformada por la luz, con un rostro que no reconocía como suyo. La sombra parecía observarlo con ojos que no eran ojos, un hundimiento oscuro que temblaba. Juan se giró bruscamente, pero no había nadie. La figura se deshizo en cuanto él giró, como si hubiera tenido tiempo de esconderse.

“Imaginación”, murmuró, aunque ni él mismo se creyó.

Siguió caminando, tratando de repetirse que no estaba loco, que las calles de noche deformaban a cualquiera. Pero entonces, al pasar frente a una cafetería, escuchó voces. Dos mujeres hablaban cerca de la ventana, inclinadas una hacia la otra.

“…pobre hombre”, decía una de ellas. “No sabe que lo están siguiendo.”

Juan sintió un escalofrío. Se acercó con cautela, intentando aparentar indiferencia.

La otra mujer respondió:
—Dicen que es del barrio. Que ve cosas. Que su sombra ya no es la misma.

El estómago de Juan se cerró de golpe. Dio un paso atrás sin querer mirar directamente hacia ellas, pero aun así sintió la intensidad de sus miradas. Cuando se atrevió a voltear, ambas lo miraban fijamente, sin expresión, como si estuvieran observando algo pegado a su costado… y no a él.

Se alejó rápido. La respiración se le hizo pesada. Cada persona que cruzaba parecía retroceder un poco, como si evitaran algo que lo rodeaba. Como si vieran más que él.

Finalmente llegó a su edificio. Entró, cerró con llave, puso el seguro y apoyó la espalda en la puerta. El departamento estaba oscuro, silencioso, igual que siempre, pero esa noche sintió que el silencio estaba lleno.

Caminó hacia el sofá y se dejó caer, agotado. Cerró los ojos. “No hay nada”, se repitió. “No hay nadie.” Pero entonces lo escuchó: un golpe suave en la puerta. Apenas un toque, como un dedo insistente, paciente.

El corazón se le detuvo por un instante.

Volvió a oírlo.
Tac.
Un solo golpe.
Luego otro.
Tac.

Juan se levantó temblando. No sabía por qué, pero sintió que aquello que estaba fuera no quería entrar: quería que él abriera. Quería que él lo invitara.

Se acercó con pasos cortos. Pegó la oreja a la madera. No oyó respiración, ni murmullos, ni movimiento. Sólo una presencia, tan real como el frío que ahora se filtraba bajo la puerta.

Tomó aire. Giró la cerradura.La puerta se abrió lentamente.

El pasillo estaba vacío… pero la luz del alumbrado público proyectó su sombra hacia adentro del departamento. Una sombra larga, oscura, que se deslizaba como líquido negro por el suelo.

Juan retrocedió.

Su sombra dio un paso hacia él.
No imitaba sus movimientos.
No coincidía con su forma.

Levantó una mano que él no levantó. Juan se quedó paralizado mientras la sombra, su sombra, o lo que alguna vez había sido su sombra, cruzaba el umbral como una criatura que por fin había encontrado su hogar.


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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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