Texto y Fotos: Wilfredo Díaz / Facultad de Ciencias Agronómicas UES.
La paleontología en el país, se descubrió a finales del siglo XIX, por el político, médico y escritor de la oración a la bandera de El
Salvador, David J. Guzmán. Un salvadoreño, que fundó el Museo Nacional de Antropología, y que lleva su nombre. Le gustaba leer sobre
botánica, zoología y arqueología. Los primeros hallazgos, fueron unos mastodontes en 1875.
El Salvador, guarda su historia entre rocas y paredes volcánicas. Desde la paleontología, rama de la geología, que estudia el origen,
estructura, composición y evolución de la tierra, ayudó a encontrar muchas especies de animales y plantas petrificados, en diferentes
zonas del país, que tienen miles hasta millones de años de estar ocultos.
Han encontrado algunos animales prehistóricos como, el perezoso gigante, toxodontes, peces y mastodontes. Fueron localizados en la
orilla del río Tomayate, municipio de Apopa, departamento de San Salvador y la Barranca del Sisimico de Apastepeque, San Vicente. En
este último, recientemente se encontraron vestigios de peces insectos, hojas, entre otros, incrustados en rocas sedimentarias.
Para verificar estos casos, fuimos en busca del eslabón perdido, con estudiantes de la carrera de Ingeniería Geológica de la Facultad de
Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador y desarrollar el tema, “Fósiles Acuáticos y Terrestres, Preservados en Paredes
Sedimentarias”, de la materia Paleontología.
Para llegar a la Laguna del Sisimico, caminamos un kilómetro aproximadamente, bajo un fuerte sol, calle polvosa, empedrada e
inclinada. Nos da la bienvenida la Poza Azul, agua natural de color turquesa. Un escenario lleno de historia por sus hallazgos de fósiles
petrificados desde hace miles de años.
Caminamos entre un rió y gigantes rocas, evadiendo ramas y el suelo resbaloso, hasta llegar a una gigante laguna, rodeada de vegetación y
paredes volcánicas, que me transportaron a la época Pleistoceno, donde existían dinosaurios, aves y reptiles gigantes. El docente Daniel
Alvarenga, reúne a los estudiantes y da indicaciones de como recolectar muestras de los afloramientos.
El trabajo de los vulcanólogos, geólogos y paleontólogos es interesante, arriesgado y misterioso. La actividad se hace con
cuidado, para evitar accidentes, sin embargo la naturaleza puede sorprendernos. Hay que desplazarse con pasos firmes, me sentía Indiana
Jones. El día no se siente, estamos rodeados de gigantes árboles y los rayos del sol son escasos.
Me desplazo de un lugar a otro con cuidado, para hacer mi trabajo. Mientras me preparaba para hacer unas imágenes a una roca
sedimentaria, que tenía incrustado un pez petrificado, veo correr a los futuros geólogos, venían huyendo de un batallón de abejas africanizadas, se las encontraron mientras sacaban muestras de rocas. Cada uno se defendió como pudo, otros se tiraron a la laguna para
evitar ser picados, al final no pasó nada grave.
Recogen sus equipos y salimos rumbo al Alma Mater, para analizar las rocas encontradas en el lugar. Así como ese sitio paleontológico, que
guarda mucha historia del país, también se encontraron algunos vestigios en el río Tomayate, del municipio de Apopa, que en el año
2000, se convirtió en un sitio geológico importante de Centroamérica, encontraron fósiles de 1.8 millones de años de antigüedad. En el 2006, fue declarado Bien Cultural de la Nación.
“Estos lugares son conocidos como yacimientos paleontológico o depósitos de rocas sedimentarias, que en su interior tienen vestigios
de plantas, peces y crustáceos”, asegura Daniel Alvarenga, biólogo y docente de la materia Paleontología, de la carrera de Ingeniería
Geológica de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador.
“Estas sitios, funcionan como una cápsula del tiempo natural, que conservan organismos que vivieron en épocas remotas, ayudando a
científicos a estudiar, analizar la evolución de la vida y ecosistemas del pasado. El país tiene un origen temprano de existencia, han
encontrado fósiles de otros animales, pero no de dinosaurios, por ser muy activo con sus volcanes”.
“Hay zonas antiguas como el municipio de Citalá, San Fernando de Chalatenango y la cordillera norte de Metapán, donde se puede
relacionar con saurios marinos, por tener cien millones de años. Los fósiles marinos petrificados, que se han encontrado en diferentes
zonas del país como conchas, rudistas, corales, ostras, caracoles entre otros animales, tienen miles de años”, afirma Alvarenga, biólogo
y docente de la cátedra paleontología.
El objetivo de la visita a estos lugares históricos, es para que los futuros geólogos conozcan los ambientes sedimentarios que tiene el
país y ayuden a reconstruir la historia petrificada de animales y plantas, que están ocultas entre rocas y paredes volcánicas. También
se estudia las especies de plantas que se encuentran en el lugar, para darnos cuenta de cómo han sobrevivido con el pasar del tiempo. Estos
lugares, son parte del patrimonio cultural de El Salvador, hay que cuidarlos y protegerlos.
Estos eventos históricos, se dieron en la era Cenozoica, y otros periodos recientes como el Plioceno y Pleistoceno, época donde
ocurrían fuertes lluvias y constantes erupciones volcánicas, provocando aluviones, que arrasaba material sólido, barro, lodo,
rocas, árboles, plantas y animales, creando un desastre natural, donde animales como armadillos gigantes, mastodontes, mamut pequeños,
perezoso gigante, quedaron bajo escombros y desaparecieron con el tiempo.
Ahora con el trabajo que hacen los paleontólogos, nos damos cuenta lo importante que es su trabajo y así conocer la historia de El Salvador,
que está oculta entre rocas y paredes volcánicas. Este fenómeno de haber tenido animales prehistóricos en el país hace miles de años, se
debe a las grandes migraciones que se han dado en el mundo, por el cambio climático, calentamiento global, deforestación y la falta de
adaptación al clima, permitiendo su extinción.












