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martes, 18 de mayo del 2021

La leyenda de las tlahuelpuchis, las mujeres vampiro indí­genas

Eran orignalmente una especie de nahuales que tienen la capacidad de convertirse en animales y de cometer atrocidades

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Seguramente has escuchado decir que a algún vecino “se lo ha chupado la bruja”“¦ Y es que en México existe aún la creencia de que las brujas rondan por las noches en busca de ví­ctimas a las cuales sorberles la sangre, tal como los vampiros en otras latitudes.

Pero, ¿de dónde viene esta superstición? Como casi todas las tradiciones en México, esta leyenda tiene un origen prehispánico. En Tlaxcala, estas criaturas son llamadas tlaltepuchis que, en lengua náhuatl, significa “sahumador luminoso”.

Las tlaltepuchis eran orignalmente una especie de nahuales que tienen la capacidad de convertirse en animales y de cometer atrocidades. Hoy en dí­a se las relaciona con las brujas.

Las tlahuelpuchis  son mujeres comunes a la vista de todos, a quienes los dioses les han concedido un don que algunas usan de manera maliciosa. Ellas se enteran de que son portadoras de este don al llegar a la pubertad, especí­ficamente cuando tienen su primera menstruación. Ahí­ cuando entran  en contacto con el potencial de sus poderes. Con el tiempo y la práctica, lograrán desarrollarlos por completo, hasta finalmente dominar  la técnica de convertirse en animales.

Se dice que, una vez que logran tomar la forma de un animal,  se desprende de ellas una luminosidad que advierte su presencia. Aún hoy en dí­a se puede oí­r el testimonio de muchas personas que dicen que han visto aquellas luces alejarse y acercarse.

Las tlahuelpuchis son territoriales y, a diferencia de las brujas en otro lados del mundo,  ellas no conviven ni trabajan en grupos, se reconocen unas a otras aun cuando presenten su forma humana y guardan su distancia respetando el territorio de cada una, pues son sumamente agresivas. Únicamente se tienden la mano cuando existe un peligro común que en solitario no pueden sortear. Las tlahuelpuchi no atacan jamás a sus familiares, excepto si el secreto de su existencia es revelado por algún pariente a otras personas.

Las tlahuelpuchis se alimentan de sangre humana, pero por sobre todas las sangres prefieren la de los niños pequeños,  quiénes son sus ví­ctimas favoritas y a quienes acechan en forma de animal o, si la situación lo exige, en forma de neblina que se filtra por puertas y ventanas.

Se dice también que las tlahuelpuchis pueden usar poderes hipnóticos con los moradores, logrando que se duerman profundamente, o volver su sueño más pesado para evitar que despierten. Para tal propósito, echan su fétido vaho a la cara de los infortunados.

Hay  que tener mucho cuidado cuanto más frí­o y lluvioso sea el clima, pues es entonces cuando más ganas tienen las tlahuelpuchis de buscar ví­ctimas recién nacidas.  Una vez dormidos los bebés, las tlahuelpuchis se convierten en mujeres,  chupan al infante y salen presurosas de la casa. Cuando los padres de la criatura se despiertan, se dan cuenta que el pequeño presenta moretones en el pecho, la espalda y el cuello.

A veces, cuando una  persona está bajo la hipnosis pierde el juicio y se aventura a caminar sin tener conciencia del lugar por donde transita llegando a cometer un suicidio.

Los poderes de las tlahuelpuchis son intransferibles, no se los pueden pasar a ninguna persona ni se heredan. Pero si una de ellas llega a ser asesinada, el asesino será convertido en tlahuelpuchi.

Se  dice que a las tlahuelpuchis les gusta chupar la sangre de los bebés y de los niños porque en esa edad la sangre es más deliciosa. Generalmente  la aparición de las tlahuelpuchis sucede entre la medianoche y las cuatro de la mañana.

Para llevar a cabo el ritual de transformación las tlahuelpuchis preparan en el fogón de su hogar con madera de capulí­n, al que agregan raí­ces de agave, copal y hojas secas de zoapatle, la planta medicinal de la mujer que, desde tiempos prehispánicos, que propicia el coito e induce al aborto. Una vez listo el fuego las mujeres caminan sobre él tres veces de norte a sur y de este a oeste, después se sientan en dirección al hogar donde habita su ví­ctima, mientras que de su cuerpo se desprenden las extremidades.

Se  las puede ahuyentar colocando una cajita de agujas, un cuchillo, alfileres, un trozo de metal brillante o unas tijeras abiertas debajo del petate o de la cuna de los niños, pues se sabe que las brujas detestan el metal. Un espejo cerca de la puerta también ayudarí­a y una cubeta de agua es un repelente contra su presencia. Sin embargo, los tlaxcaltecas creen que lo más efectivo para alejar a las mujeres-chupadoras es envolver dientes de ajo en una tortilla, la que se coloca sobre el pecho del bebé, o bien, esparcir pedazos de cebolla alrededor de su cuna.

Antiguamente,  cuando se descubrí­a a una mujer Tlahuelpuchi en una comunidad, se la sometí­a a juicio popular y se la ejecutaba sin más trámite. La leyenda urbana dice que última ejecución de una Tlahuelpuchi ocurrió en Tlaxcala en el año de 1973, hace tan poco tiempo que el miedo aún no desaparece.

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Ví­a: Matador Network.

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