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La guerra  civil no fué una serie de Netflix

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Siempre quedaron supervivientes…  y muchos de ellos eran niños que se iban a la cama con sus padres y despertaban siendo huérfanos.

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Por Myrna López Águila

Con bastante frecuencia he visto  en las redes sociales fotos de niños guerrilleros (una vez un niño  de Sudán sonriendo tristemente con un fusil), con el  título ¨Les robaron su infancia¨ y cientos de comentarios de las buenas almas que siempre transitan el facebook,  twitter o en instagram, que no están interesadas en la verdadera memoria histórica,  que escriben chorreando adjetivos llenas de compasión por los niños con la infancia robada, culpando al FMLN de aquel delito con la misma pasión y energía literaria con las que igualmente insultan a los curas pedófilos que de vez en cuando son descubiertos con la sotana arriba y los pantalones abajo.

Para los frentes de guerra de las organizaciones del FMLN que luchó en la guerra desde mediados de los años 70 hasta 1992, esos niños fueron una carga.

La política del ejército salvadoreño entrenado  por los asesores técnicos estadounidenses era la de  ¨TIERRA ARRASADA¨ al  igual que en Viet Nam.  Eso significaba que, en los lugares que controlaba  la guerrilla, o en aquellos QUE PODRÍA CONTROLAR, había que acabar con la población que PRESUMIBLEMENTE  sería la población de apoyo. O como  los americanos tan graciosamente decían, dejar al “pez fuera del agua”.

El agua eran las poblaciones. La gente no se explica actos terroristas como El Mozote. 

¿Para qué matar  mujeres o niños campesinos que nada tenían que ver en el conflicto? Pues para que no fueran apoyo de la guerrilla Para que no le proporcionaran abastecimiento, agua, información. No importaba si las poblaciones daban estas cosas porque eran simpatizantes, o porque los obligaban. El hecho es que eran fuentes de abastecimientos, obligados o no. Por eso tenían que morir. Aldea arrasada. No tenía que quedar ni un solo testigo molesto que después saliera declarando que vio cuando le mataron a su familia. Las simpatías políticas de la población arrasada eran irrelevantes. Bien podían ser militantes de ARENA. Eso no tenía importancia. La guerrilla podía obligarlos a proporcionar lo que necesitaban, así que había que sacarlos del teatro de guerra, aunque fuera muertos.

Pero siempre quedaron supervivientes…  y muchos de ellos eran niños que se iban a la cama con sus padres y despertaban siendo huérfanos. Se iban caminando hasta encontrar algún frente guerrillero que los protegiera y les diera de comer…

Algunos de ellos soñaban con ser guerrilleros. Querían vengar la muerte de sus padres. 

En Morazán, un cura  que eligió ejercer su ministerio dentro del frente de guerra:  el padre  Rogelio Poncelle; hizo una escuela con estos niños, y les enseñó a leer y escribir, y lo que buenamente pensaba que iba a serles de utilidad saber. Pero cada vez que el ejército atacaba había que planear rutas de escape y destinar algunas escuadras para la protección de estos niños. Algunos fueron llevados a Mesa Grande… Pero la población de niños huérfanos y desarraigados siguió aumentando durante toda la guerra, y siguió siento un peso más para la guerrilla descalza que quería un futuro mejor para su país.

Nunca fue una política de la guerrilla capturar niños para obligarlos a combatir.

Pero si lo fue del ejército, como lo muestra la  historia biográfica  de Oscar Torres relatada en la película ¨Voces Inocentes¨, de  2007 dirigida por Luis Mandoki. Ya en el año 1982  el ejército  había sido diezmado en tales proporciones, que comenzaron a reclutar adolescentes de manera forzosa, algunos de apenas doce o trece años.

La distancia que hay entre lo que realmente ocurrió  y el relato  interesado que se hace de ello es enorme. 

¿A quién sirve ese  nuevo relato?

Y lo que es más preocupante: Cómo es posible que las nuevas generaciones no estén ni siquiera medianamente interesadas en lo que realmente ocurrió? 

Porque la historia verdadera es infinitamente más trágica y dolorosa que esas historias edulcoradas de infancias falsamente robadas.

Sin duda que hay almas buenas que están preocupadas por los niños no nacidos, por la pureza de las niñas salvadoreñas y por la niñez y sus derechos infantiles.  Ya no pueden hacer nada por una historia que no conocen, y ni siquiera quieren conocer. Para ellas, una sugerencia desinteresada: Debe haber por lo menos medio millón de niños en El Salvador  que tienen que trabajar en condiciones abyectas, casi trabajo de esclavos, o simplemente humillarse  extendiendo la mano a personas que los ven como si fuera una plaga de cucarachas y cierran el vidrio de la ventana del carro apenas los ven aparecer. ¿Esto no es infancia robada en su máxima expresión?  ¡Espabilen! salgan a la calle y rescaten ya a esos niños a quienes les están robando su infancia en este mismo momento. Eso será mucho más útil que estar  en casa viendo el móvil y exprimiendo lagrimitas por una historia absurdamente tergiversada.

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Myrna López Águila
Myrna López Águila
La autora es Socióloga,  trabajadora  social y escritora. Se conoció como "Renata" en el seno de la insurgencia; es veterana combatiente del FMLN, el cual fue purgada a finales de los 80. Colaboradora de ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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