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viernes, 30 de julio del 2021

La globalización económica en la encrucijada

La globalización económica entra en una época incierta a partir de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca

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Entorno turbulento. A nivel internacional, la crisis financiera global iniciada en 2007, fue el inicio de una gran recesión económica mundial. Se expresó en caí­da de la bolsa de valores, pérdida de fondos de inversión, crisis bancaria, hipotecaria, de seguros, que llevo a un salvataje y cuasi nacionalización de instituciones financieras y otros.

El esfuerzo fiscal para salvar su sistema financiero y reactivar la economí­a de distintos Estados luego se transformó para ciertos paí­ses en déficit  fiscales insostenibles. Esto llevo a severas crisis económicas en paí­ses como Grecia y España que derivo en ajustes fiscales extremos, en resumen detrimento del bienestar de las sociedades de estos paí­ses.

La gran recesión 2009-2015 parece menguar hacia lo que el FMI denomina la nueva normalidad. Bajo crecimiento, bajo comercio, baja inversión. En la coyuntura, se muestran signos que el comercio global se ralentiza y los flujos de capital se acomodan al anuncio de la subida de tasas de interés de la FED realizado al finales del 2016.

A nivel regional. Según el SIECA, en el año 2016, el comercio baja debido principalmente a la caí­da en exportaciones a mercados no tradicionales. Sin embargo, las exportaciones a EE.UU, la Unión Europea y México mostraron un repunte, atenuando la baja observada en el comercio regional.

A nivel nacional. El déficit de la balanza comercial se ha reducido, explicado en parte por una mayor disminución de las importaciones que de las exportaciones ante la desaceleración de la demanda externa de EE.UU y Centroamérica.

La globalización cuestionada. Los diversos tipos de acuerdos comerciales y de inversión tanto bilaterales, regionales, mixtos y multilaterales tení­an como premisa que el comercio tiene beneficios netos para las economí­as participantes.

La OMC, sede del multilateralismo obtuvo grandes avances desde su creación. La agenda de las economí­as desarrolladas promovió acuerdos para asegurar el acceso a los mercados, asegurar sus inversiones, proteger sus derechos de propiedad y  facilitar el comercio. Pero la agenda de las economí­as pequeñas o emergentes no obtuvo los avances esperados.

El acceso a los mercados agrí­colas o de materias primas de los paí­ses desarrollados fue postergado en su esencia, Estos mercados son protegidos con barreras no arancelarias  y sus productos son subsidiados obstruyendo el libre comercio.

El resurgimiento del proteccionismo en EE. UU, con la consigna «Primero América», inaugura una nueva época. Si el lí­der mundial reniega de su credo liberal en el comercio exterior ¿qué se puede esperar del resto de paí­ses?

¿EE.UU está pateando la escalera del libre comercio y la globalización?

Si las medidas proteccionistas del nuevo gobierno estadounidense buscan reposicionar a EE.UU como potencia industrial y fuente de empleo, combinado con estrictas medidas contra la inmigración ilegal. (Por ejemplo el discurso del vulgo  «el renacimiento de la industria automotriz, oportunidad de empleo para   grupos de trabajadores  de raza blanca y expulsión de inmigrantes que roban empleo y consumen presupuesto»)

Parte de una lectura añeja y de trasnochadas añoranzas del status quo perdido en el comercio internacional. La globalización económica no solo abrió las economí­as de los paí­ses no desarrollados sino también cambio a la misma economí­a norteamericana.

Krugman señala de forma acertada que los paí­ses no son corporaciones, de ahí­ que no debí­an embarcarse en la carrera de la competitividad, ya que el comercio internacional no es un juego de suma cero. Este racionamiento aplica también para el proteccionismo.

Para hacer «América grande de nuevo», se utiliza la retórica: sacar a los ilegales, construir muros, sancionar empresas, por ejemplo. Esto con el fin de evadir las raí­ces de los problemas económicos.

En una época donde obtener un click es una pepita de oro, mentir está autorizado,  exponiendo «hechos alternativos»  través de la post-verdad. Manipular, mentir y apelar a los sentimientos es una moda retro que ha llegado a los lí­deres polí­ticos de las grandes economí­as.

Desde un enfoque de economí­a internacional, la clave de un paí­s está en su productividad media por trabajador. Aquellos esfuerzos por lograr su aumento, a través del avance tecnológico, la formación de capital humano, la educación, la reducción de la desigualdad  u otros deben ser valorados.

Pero la productividad no basta. El Estado debe ser un proveedor de bienes públicos como la educación, los servicios públicos o la seguridad pública, por ejemplo. Las instituciones aquí­ son importantes ya que generan incentivos para que actúen los agentes económicos.

Comercio versus proteccionismo. Cuando la confusión y la incertidumbre son globales.  Para reconstruir la confianza, además de la prudencia, conviene reafirmar conocimientos.

Como parte de la globalización económica, las cadenas globales de valor y la relocalización de las industrias han cambiado la oferta de bienes y servicios. La interdependencia ha evolucionado al nivel que salvadoreños deportados de EE.UU son trabajadores de «call center» al servicio de una compañí­a estadounidense. Alemania ha relocalizado parte de su industria automotriz en México cerca de la frontera con EE.UU y Apple confecciona su teléfono en China.

El proteccionismo encarecerá de forma relativa los costos y los precios de los productos nacionales e importados, por mayor costo de la mano de obra e insumos  locales los primeros y por mayores aranceles lo segundos.  En contraposición, el Comercio puede aumentar el bienestar del consumidor a través de menores precios de los bienes, también potencia la especialización y el desarrollo de la ventaja comparativa en cada paí­s. Este caso es un ejemplo básico de por qué el comercio beneficia a los participantes en contraposición a la autarquí­a o el proteccionismo.

La renegociación de los acuerdos comerciales, es posible si hay coincidencias y beneficios mutuos. La desintegración económica del NAFTA entre EE.UU, México y Canadá puede crear y desviar comercio. También las medidas unilaterales como el caso de la orden ejecutiva de Mr. Trump para detener las importaciones de  limones argentinos.

Quizá en un primer momento la sobre oferta no consumida por EE.UU inunde los  mercados abiertos y disminuyan los precios a nivel local, pero pueden afectar las industrias nacionales. México y Canadá tendrán enormes retos para adaptarse a un nuevo escenario.

Las otras potencias económicas como la Unión Europea, Japón y China pueden seguir al lí­der y embarcarse en guerra comerciales de baja intensidad según sean su interés y fuerzas. El panorama es incierto.

¿Economí­as del tamaño de EE.UU pueden sobrevivir con poco comercio exterior? Sí­. Pueden pagar un alto costo, pero es posible.

Economí­as pequeñas, abiertas, dependientes de petróleo y tomadoras de precios  de materias primas como la salvadoreña no tienen muchas opciones. Pero más y mejor integración económica en Centroamérica hoy tienen más valor.

¿Afectarán estos cambios a la economí­a salvadoreña?

Sí­. Ya sea de forma directa a través del comercio,  la maquila y las remesas o de forma indirecta con las deportaciones de compatriotas y la ayuda oficial al desarrollo. Se deben recordar además que las canastas protegidas expiraron al cumplirse diez años del CAFTA+DR. Los productores de lácteos, pollos, carnes, arroz, azúcar y granos básicos, entre otros tiene enormes retos por delante. Los trabajadores más incertidumbre.

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