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jueves, 29 de julio del 2021

La existencia de la artista salvadoreña

#LaIncómoda #SiempredeIncorrecta #MujerEnVozAlta

Las artistas hablamos para externar lo que sentimos, exponer lo que nos preocupa o compartir lo que vivimos. En procesos de análisis feministas hemos revisado cómo la artista está en el limbo de los derechos humanos: está en el ámbito público, informal y privado.

En ese sentido, en El Salvador, nuestro trabajo es considerado un subempleo y se paga como tal. Nuestra dignidad es cuestionada por el trabajo que realizamos y es hacia lo público, así­ como nuestra práctica sexual es elevada al estigma máximo del libertinaje y el tipo de maternidad ejercida desde el ser pública y del sector informal, no cumple con las normas sociales del sistema patriarcal. Total, esto de ser una mujer y artista, pareciera que no es nada atractivo para elegir. En mi caso, le sumo a mi ser artista que decidí­ no ser madre ¡peor! No cumplo con mi función en esta vida: reproducirme, es decir, no seré nunca una mujer completa para esta sociedad.

Entonces, si el panorama es tan horroroso, ¿por qué hay mujeres artistas? O quizás también valga la pena preguntarse ¿existen mujeres artistas en el paí­s? Para mí­ es importante hacerse las preguntas en esencia que reflejan la problemática que me preocupa: ¿cómo existimos las mujeres en este paí­s?

Buscando datos estadí­sticos de mujeres artistas en el paí­s, el único ejercicio cualitativo que encontré es el de publicaciones sobre mujeres artistas salvadoreñas que han sido biografiadas como homenaje o deseo de visibilización. Encontré un libro de PNUD de 2009: Desarrollo humano y dinámicas económicas locales: contribución de la economí­a de la cultura, en sus conclusiones encontré lo que me ocupaba, más allá de cuánto aporta al valor agregado del PIB nacional el sector cultural público, privado e informal; me interesó la recomendación que hace al final:  “la creación de una cuenta satélite de cultura (CSC)” (2009, p. 101) en este cuaderno de desarrollo se buscaba dar respuesta a datos productivos del sector, pero lo que me llamó la atención es que no hay forma de saber cuántos artistas hay en el paí­s, ni cuántos de estos son mujeres; allí­ mismo explica el tema del subregistro en relación a que no es la primera actividad productiva que se declara en los censos. Entonces, si tomamos esto como base, este sector es invisible en general y las mujeres de este sector, también o más.

En ese sentido, Silvia, Mariana, Edith, Liz, Ale, Paola, Lili, Dinorah, las otras Ales, Ali, etc, no existimos a menos que seamos antropólogas, docentes, talleristas, asesoras, etc.

La existencia es un tema filosófico,  lo que no se nombra no existe, eso creo yo y por eso el lenguaje no sexista es tan importante para mí­; no contamos en censos, es difí­cil que existan y se generen polí­ticas públicas para quienes no existen.

Frente a esta premisa, es lógico leerme desde el fatalismo objetivo de la dicotomí­a: ya va esta con sus locuras.

Y la verdad es que esa locura es la que me hizo ser artista. Al mismo tiempo puedo responder que sí­ hay mujeres artistas, a pesar de lo que se tiene en contra, seguimos preocupadas por nosotras y por otras mujeres, por hombres, niños y niñas, por quienes han perdido su hogar, sufrido violencia o sobrevivido masacres y eso es lo que compartimos en nuestras danzas, poemas, música, pintura, videos, etc. Ese deseo de permanecer artistas a pesar de la violencia que existe contra nuestro ser mujer, ejerciendo nuestro derecho a la subjetividad y la sororidad.

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