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viernes, 14 de mayo del 2021

La educación no importa en El Salvador

Poca inversión, poca importancia, poco valor de la educación. Le importa poco la educación a la sociedad salvadoreña. Dirán que estoy equivocado, que soy pesimista, que al contrario es muy importante; pero el nivel de prioridad de la educación se demuestra, en las decisiones, en la cantidad y calidad de recursos que invierten, en el tiempo dedicado.

Hay padres de familias que invierten más en alcohol que en la educación de sus hijos. Si usted cree que es falso; vea y compruebe, que las empresas dedicadas a la producción y distribución de bebidas alcohólicas tienen clientes muy fieles, más fieles que los religiosos. Estos clientes voluntariamente entregan su dinero, y a veces todo el dinero que deberí­an destinar para sus hijos. Los hijos de estos irresponsables no tienen la dicha que tiene el cantinero, recibir dinero sin objeción; pues los padres alcohólicos ponen más reparos a los gastos de la escuela que al gasto que les genera el vicio. No conozco algún caso de un cantinero que demanda el pago de las cervezas; pero sí­ conozco varios casos de padres irresponsables que están demandados por la cuota de manutención que no han pagado.

Hay redes comerciales que desprecian la formación profesional. Estuve asistiendo a reuniones de Amway cuando todaví­a era estudiante universitario. Me chocó que insistí­an en sugerir que es más importante organizar una red de distribución que estudiar en la universidad. Para estos promotores del consumo, el comercio de sus productos es el todo de la sociedad; no les importa que existan médicos, profesores, psicólogos, ingenieros u otros profesionales que sirvan con su saber a la sociedad. Para estos vendedores lo importante es que te afilies a esa red, que motives a otros a formar parte, que engañes con la promesa de jubilación después de cinco años.

Hay jóvenes dedicando más tiempo a las redes sociales que al estudio. Muchos jóvenes han sacrificado su vida en accidentes por estar chateando con sus celulares; en otros casos, pasan distraí­dos caminando como zombis sin mirar el horizonte de su camino. Las pláticas de estos jóvenes sin dirección productiva, se concentran en los memes o el ví­deo más cómico que vieron; esta es la calidad de información que con frecuencia digiere su conciencia, poco enriquecedora, sacrificando su educación por las redes sociales. El tiempo dedicado a las redes sociales es tiempo valioso que deberí­an invertir en estudiar; pero prefieren desperdiciar el tiempo, sin tener conciencia que sus huesos envejecen, que lastiman su vista sin mucho provecho.

Hay polí­ticos que amañan las contrataciones para emplear a quienes carecen de mérito. Después de muchos años, el clientelismo sigue reinando en El Salvador. Los polí­ticos crean redes de corruptela para movilizar masas en las elecciones. Los jóvenes pronto aprenden que para conseguir un empleo es más importante ser parte de una red de troles, ser parte del club aplausos de un candidato sin sentido, ser corrupto en definitiva. Los estudios, los tí­tulos y el tiempo invertido así­, son insuficientes para entrar a la burocracia del Estado. Los encargados de contratar a los empleado públicos, se esmeran por llevar a sus correligionarios, sin importar así­ nieguen la oportunidad a quienes tienen merito por sus estudios.

Hay gobernantes que invierten más en calles y carnavales. La prioridad por las calles radica en la gran oportunidad para robar, poco se verifica que las camionadas de balasto que reportan en los proyectos de mantenimiento de calles, sea en verdad la que se usó; pues una vez que pasa el tractor, nadie distingue cuál es la tierra nueva y cuál es la vieja. Además, la gente con frecuencia se queja del mal estado de las calles, pero pocas quejas se escuchan por el deterioro de las escuelas públicas, del lugar donde estudian los más desfavorecidos, donde se forman los que no saben cómo defender sus derechos. También los gobiernos municipales, desde hace muchos años, tienen un fondo especial para invertir en fiestas y carnavales; pero hasta hace muy poco algunas comunas empezaron a implementar pequeños fondos de becas para jóvenes estudiantes. La inversión en calles y carnavales parece ser más popular y visible que la inversión de los gobiernos locales en la educación.

Hay votantes que eligen sin considerar la educación de los candidatos. Un bachiller fue electo en 2004 como presidente, Tony Saca derrotó al Doctor Héctor Silva; cree que es casualidad, también en el 2009, un bachiller, Mauricio Funes, le gano al Ingeniero Rodrigo Ávila. En los gobiernos locales también ha sucedido que personas sin educación universitaria han ocupado el cargo de alcalde. Además, en la elección de los magistrados, la formación de los candidatos no es lo determinante para recibir el voto de los diputados. El candidato que crea que por sus estudios universitarios tendrá mayor oportunidad de ser electo, por una sociedad que poco le importa la educación, está equivocado.

En fin, el dí­a que los salvadoreños nos interesemos en la educación como se debe, entonces nos alegraremos cuando un gobierno invierta más en educación, preferiremos que se invierta en las escuelas y en becas, protestaremos cuando se contrate a cualquier activista polí­tico como profesor, aprovecharemos mejor nuestra vida y tendremos como funcionarios y gobernantes a los más calificados; hasta entonces, la educación no importa en El Salvador.

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Fredis Pereira
Colaborador

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