spot_img
spot_img
viernes, 14 de mayo del 2021

La economí­a de la confianza en Estados Unidos

LAGUNA BEACH ““ Los mercados financieros parecen estar convencidos de que el reciente aumento de confianza de las empresas y los consumidores en la economí­a estadounidense pronto se reflejará en la forma de datos “duros”; por ejemplo, en cifras que muestren crecimiento del PIB, de la inversión empresarial, el consumo y los salarios. Sin embargo, los economistas y los responsables de formular polí­ticas no tienen tanta seguridad al respecto. Si dichas dudas se llegan o no a comprobar como ciertas será de importancia para la economí­a estadounidense y la economí­a mundial.

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha desatado un aumento en el sentimiento económico positivo, debido a que prometió que su administración perseguirí­a agresivamente la trifecta de medidas de polí­tica de desregulación, reforma y reducción de impuestos, y construcción de infraestructura. Las mayorí­as republicanas en ambas cámaras del Congreso refuerzan el sentimiento positivo, a medida que enví­an señales sobre que Trump no tendrí­a que enfrentar el tipo de bloqueo paralizante que Barack Obama enfrentó durante la mayor parte de su presidencia.

El aumento de la confianza de las empresas y los consumidores refleja un supuesto que está profundamente arraigado en la psique estadounidense: que la desregulación y los recortes de impuestos siempre desencadenan una ola de emprendedurismo transformador que favorece el crecimiento. (Para algunos fuera de los EE.UU., esta es una suposición que a veces se parece mucho a la fe ciega).

Por supuesto, el sentimiento puede ir en ambas direcciones. Así­ como una postura “pro-empresarial” como la de Trump puede aumentar la confianza, tal vez incluso excesivamente, la percepción de que un lí­der es “anti-empresarial” puede hacer que la confianza caiga. Debido a que el sentimiento puede influir en el comportamiento real, estos cambios pueden tener impactos de largo alcance.

En su revolucionaria obra Teorí­a general del empleo, el interés y el dinero, John Maynard Keynes se refirió a los “espí­ritus animales” como “la caracterí­stica de la naturaleza humana por la cual una gran parte de nuestras actividades positivas dependen del optimismo espontáneo, ya sea en el ámbito moral o hedonista o económico, en lugar de depender de las expectativas matemáticas”. Jack Welch, quien dirigió General Electric durante 20 años, es un caso concreto que sirve de ejemplo: él dijo una vez que muchas de sus propias e importantes decisiones de negocios habí­an surgido “directamente de sus corazonadas”, en lugar de emerger de modelos analí­ticos o pronósticos empresariales detallados.

Sin embargo, el sentimiento no siempre es un indicador preciso de la evolución económica real y sus perspectivas. Como ha demostrado el Premio Nobel Robert J. Shiller, el optimismo puede evolucionar hasta convertirse en “exuberancia irracional”, por medio de la cual los inversionistas llevan las valoraciones de activos a niveles que están divorciados de los fundamentales económicos. Dichos inversionistas pueden tener la capacidad de mantener esas valoraciones infladas durante bastante tiempo, pero hay un lí­mite hasta donde puede conducir dicho sentimiento a las empresas y a las economí­as.

Hasta el momento, la exuberante reacción de los mercados ante la victoria de Trump ““ todos los í­ndices bursátiles de Estados Unidos ha alcanzado múltiples máximos históricos ““ no se ha reflejado en “datos duros”. Es más, los analistas que formulan pronósticos económicos después de revisar sus proyecciones de crecimiento sólo realizaron cambios modestos al alza en los mismos.

No es sorprendente que los inversores de capital respondieran al aumento repentino en espí­ritus animales intentando adelantarse a un posible aumento en el desempeño económico. Al fin y al cabo, estos inversores están en el negocio de anticipar los avances reales en la economí­a y el sector corporativo. En cualquier caso, estos inversores creen que pueden revertir rápidamente sus posiciones de cartera en caso de que sus expectativas cambien.

Ese no es el caso de las empresas que invierten en nuevas plantas y equipos, mismas que tienen menos probabilidades de cambiar su comportamiento hasta que los anuncios comiencen a traducirse en medidas reales. Pero, cuanto más esperan, más débil es el estí­mulo a la actividad económica y los ingresos, y una mayor cantidad de consumidores deben confiar en deshacerse de sus ahorros para traducir su sentimiento positivo en compras reales de bienes y servicios.

Avatar
Mohamed A. El-Erian
Columnista Contrapunto

Últimas entradas