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La disrupción de los disruptores

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La conducta errática de Elon Musk después de la compra de Twitter ha dejado a la apalancada red social en situación precaria

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Por Roger McNamee

STANFORD – Tras una década de crecimiento ilimitado (cuando parecía que nacía un milmillonario nuevo cada día), malos tiempos llegaron para la industria tecnológica. La conducta errática de Elon Musk después de la compra de Twitter ha dejado a la apalancada red social en situación precaria. La repentina caída de la plataforma de intercambio cripto FTX vaporizó una firma que hace poco valía 32 000 millones de dólares, y se llevó consigo a muchas otras criptoempresas. Meta (Facebook) decidió despedir a 11 000 empleados (el 13% de su plantilla), y Amazon va a descartar 10 000.

¿Cómo interpretar estos retrocesos? ¿Son incidentes aislados, o señales de un cambio estructural?

Twitter ya venía en problemas. Tras endeudarse y pagar de más por la plataforma, lo primero que hizo Musk fue empezar a recortar costos, con el argumento de que la empresa estaba perdiendo cuatro millones de dólares al día. Su primera ronda de despidos eliminó al 80% de los contratistas de la empresa y a la mitad del personal permanente, incluidos ingenieros clave y la mayor parte del equipo de moderación de contenido.

A continuación, Musk revirtió la veda impuesta a Donald Trump y a miles de provocadores de ultraderecha, y puso fin a la verificación de normas contra la «desinformación nociva» referida a la COVID‑19 y a las vacunas. Muchos anunciantes suspendieron sus campañas para que sus marcas no queden asociadas a contenidos tóxicos. Mientras escribo, Twitter es un caos.

La que llegó a ser la segunda plataforma cripto, FTX (igual que su fundador, Sam Bankman‑Fried) salió de la nada, adquirió una enorme notoriedad y después se derrumbó; todo eso en el transcurso de unos pocos años. Todavía no se conocen todos los detalles, pero el especialista en bancarrotas que asumió la dirección de FTX (y que antes supervisó la quiebra de Enron) dice que nunca vio «una falta tan completa de controles corporativos y una ausencia tan completa de información fiable». Las repercusiones se están sintiendo en toda la industria cripto.

Los despidos de Meta son resultado del estancamiento de la empresa tras diecisiete años de crecimiento imparable. La generación joven se pasó a TikTok, lo cual debilitó el crecimiento de la plataforma Instagram de Meta; y Apple introdujo una herramienta que permite a los usuarios de iPhone negarse a compartir datos con plataformas como Facebook e Instagram; eso le costó a Meta no menos de 12 800 millones de dólares este año. En tanto, el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, hizo una gran apuesta por la realidad virtual, en un intento de crear un sistema operativo universal para una industria que todavía no existe. La empresa ya gastó en esta idea 36 000 millones de dólares, con escasos resultados.

Otras empresas tecnológicas también están en retirada, debido a un regreso general a la línea de tendencia que está mostrando el comercio electrónico minorista después de la pandemia (y a los resultados decepcionantes de algunos productos en particular). Pero creo que la cuestión central aquí es que la economía mundial se encuentra en las primeras etapas de un cambio estructural que dejará a la industria tecno (principal beneficiaria del régimen económico anterior) muy vulnerable a disrupciones.

El entorno económico de la década pasada era ideal para los negocios. En todas las economías avanzadas, persistían tipos de interés y tasas de inflación excepcionalmente bajos. Relaciones pacíficas entre las grandes potencias facilitaban el acceso a los mercados globales y sostenían cadenas de suministro que optimizaban los costos laborales.

Pero esa misma estabilidad económica prolongada que benefició a las empresas líderes de cada industria generó autocomplacencia en ejecutivos, inversores y políticos. Muchos tomaron decisiones arriesgadas sin sufrir consecuencias aparentes, lo que llevó a una mala cotización del riesgo en toda la economía. El estallido de la pandemia a principios de 2020 fue un duro golpe para la mayor parte de la economía. Pero los confinamientos y las cuarentenas beneficiaron a las tecnológicas, que siguieron contratando empleados hasta la primera mitad de este año, ignorantes al parecer de que también ellas podían sufrir disrupciones.

La invasión rusa de Ucrania cambió todo y tomó por sorpresa a la mayoría de las corporaciones e incluso a los gobiernos. Creo que se la recordará como el puntapié inicial de una nueva era económica con tipos de interés, inflación, tensiones geopolíticas e inestabilidad muy superiores a los de la década que pasó. Ha habido una pérdida de confianza entre las grandes potencias, y pasarán muchos años antes de que los gobiernos vuelvan a estar dispuestos a subordinar otras cuestiones a los intereses económicos.

Para las tecnológicas, el nuevo entorno económico presenta a un mismo tiempo desafíos y oportunidades. Muchas no se recuperarán. Los tiempos dorados de las cripto, de Twitter y de Meta parecen cosa del pasado. Otras (la nómina probablemente incluye Amazon y Apple) se recuperarán, pero tal vez no tan rápido como quisieran.

Aparecerán oportunidades nuevas. Las empresas que están reestructurando los procesos de fabricación y las cadenas de suministro necesitarán herramientas tecnológicas. Conforme los trabajadores aprovechen su nuevo poder de negociación para exigir más participación en las ganancias, crecerá la demanda de automatización. Y conforme los consumidores se adapten a las nuevas realidades económicas, comenzarán a recibir beneficios de una variedad de aplicaciones y servicios que hoy no existen.

Aunque tal vez sea pedir demasiado, las autoridades deberían aprovechar este momento para reorientar en direcciones más deseables a una industria tecnológica que lleva demasiados años (en particular, las plataformas de redes sociales) debilitando la democracia, atentando contra la salud pública y poniendo en peligro la seguridad pública. Allí donde los gobiernos han hecho algo para ponerle límites, el énfasis estuvo en la privacidad y la competencia; y el esfuerzo ha sido muy ineficaz y tardío.

Es necesario que los creadores de políticas y los reguladores pasen la atención de los síntomas a las causas: en concreto, la cultura de la industria, sus modelos de negocio y su estructura. La industria tiene una cultura hipercentrada en la velocidad, la escala y las ganancias, sin consideración por la seguridad de los consumidores. Hay demasiados productos (incluidas las principales plataformas de Internet, los autos sin conductor, la inteligencia artificial, los dispositivos inteligentes, las cripto, los deep fakes y el reconocimiento facial) que no son seguros. No hay normas que exijan a las empresas tecnológicas priorizar la seguridad de los consumidores; peor aún, los incentivos económicos las alientan a hacer exactamente lo contrario.

Del mismo modo, el modelo de negocio del «capitalismo de vigilancia» (que usa los macrodatos y la economía conductual para manipular comportamientos) es un asalto a la autonomía humana comparable al trabajo infantil. Y es un asalto que desde las plataformas de Internet se extendió a muchas otras industrias, entre ellas la atención de la salud, el transporte y los servicios financieros.

Finalmente, la concentración de poder económico que se registra en la industria tecnológica obstaculiza el acceso al mercado de nuevas ideas y modelos de negocio. Pero hoy, la disrupción macroeconómica da a las autoridades una oportunidad para compensar años de políticas de laissez faire. Las empresas tecnológicas tienen que estar obligadas a demostrar la seguridad de sus productos como condición para acceder al mercado. Hay que prohibir el capitalismo de vigilancia, ilegalizar las prácticas empresariales monopólicas y dividir los monopolios.

Proteger la democracia, la salud pública y la seguridad pública es buena política, y además, es lo correcto. Nunca habrá mejor momento que este.

Traducción: Esteban Flamini

Roger McNamee es cofundador de Elevation Partners y fue uno de los primeros inversores en Facebook, Google y Amazon.

Copyright: Project Syndicate, 2022.
www.project-syndicate.org

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Roger McNamee
Roger McNamee
Roger McNamee es cofundador de Elevation Partners y fue uno de los primeros inversores en Facebook, Google y Amazon. Analista internacional.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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