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martes, 11 de mayo del 2021

La campaña electoral más vací­a

Esta campaña electoral ha sido una de las más vací­as que se puedan recordar. Es como si el ciudadano de repente llegara a un cruce de caminos sin saber cuál de ellos tomar, sobre todo porque sabe perfectamente adónde podrí­an dirigirse esos caminos: un camino que viaja al pasado lejano, sin la esperanza de que las cosas cambien de cómo eran en aquél pasado; otro camino que se dirige hacia un pasado más inmediato pero que, precisamente por inmediato, muchos ya no quieren tomar por haber sido un camino atiborrado de decepciones; y por último un camino que por incierto, puede llevar directo a un abismo. La campaña electoral, por su parte, no ha ayudado a poder determinar cuál de las candidaturas puede ser la más factible. En décadas anteriores, y partir de este momento hago un ejercicio de memoria ayudado de algunas fuentes referenciales, las campañas electorales se antojaban mucho más fáciles por cuanto era sencillo tratar de descifrar el pensamiento del votante. Así­, por ejemplo, en el primer quinquenio de ARENA, para las campañas de 1987 y 1989, sus lema eran las frases “Cambiemos para mejorar” y “Sigamos mejorando”, dos expresiones que aludí­an, en primer lugar, a un cambio seguro que respetarí­a lo logrado en términos de democracia, es decir, el respeto a lo que serí­a el segundo mandato presidencial de carácter civil para El Salvador, ya alejado de las dictaduras. También el lema ‘la alegrí­a ya viene” fue parte de una campaña relacionada con el ofrecimiento de poder terminar con la guerra civil mediante el diálogo. Una vez lograda la paz, El Salvador se encontraba con un mapa polí­tico diferente con la incorporación del FMLN como nuevo partido polí­tico como producto de los Acuerdos de Paz. Las necesidades eran otras, pero las “campañas del miedo” empezaban a surgir como elementos que pretendí­an presentar al FMLN no como un partido polí­tico sino como un grupo de personas que destruirí­a al paí­s en caso de llegar a la presidencia. Este tipo de campaña siguió repitiéndose en subsiguientes elecciones, y en 1999 un nuevo estilo se impuso con la candidatura de Francisco Flores. Menos confrontativo, Flores optó por hacer de la recuperación de la economí­a su caballito de batalla. Mientras tanto, el FMLN se debatí­a en problemas internos que culminaron en la proclamación de Facundo Guardado como candidato a la presidencia, una decisión que demostró ser errada con el tiempo. En 2004, la campaña de Elí­as Antonio Saca giró alrededor de la seguridad ciudadana, es ya clásica aquella frase de “a los malacates se les terminó la fiesta”, y el plan de “súper mano dura” como parte de las propuestas electoreras, pero la desacreditación de los oponentes seguí­a como elemento esencial de las campañas. La nominación de Schafik Handal ayudó en gran medida a que resurgiera la campaña del miedo y la desacreditación del oponente, y nuevamente el ciudadano decidió por una continuidad muy cuestionada pero que, a la luz del miedo, triunfó por sobre el mensaje del “cambio”. La campaña de 2009 tuvo una dificultad creciente para ARENA, pues la elección de Mauricio Funes como candidato a la presidencia dejaba sin muchas armas a la campaña sucia del miedo, pues en esos momentos Funes representaba un cambio seguro, un rostro alejado del pasado y de la corrupción. En aquél momento, claro está. La campaña del cambio por fin rindió sus frutos gracias al candidato, quien pudo convencer incluso a un buen porcentaje de indecisos que no eran parte del “voto duro” de los partidos ARENA y FMLN. A ello debe sumársele una campaña millonaria del FMLN, una campaña, además, inteligente porque colocó enfrente de toda la maquinaria del partido a alguien que no era militante y que, por tanto, no padecí­a de los lastres del pasado. Por su parte, ARENA enfocó sus esfuerzos, una vez más, en tratar de evitar que el “socialismo” llegara al paí­s, olvidándose de elaborar propuestas que en realidad le interesaran a la población. Ese desinterés en la elaboración de propuestas concretas al enfocarse una vez más en inculcar el miedo, no tuvo los resultados deseados. En 2014, con el fantasma del comunismo o socialismo ya desvanecido de la mente del electorado, la campaña volví­a a enfocarse en los candidatos y en las propuestas, pero tanto candidatos como propuestas dejaban mucho qué desear, de manera tal que el votante, cansado de continuas decepciones, con su alto nivel ausentismo permitió que Sánchez Cerén, quien habí­a tenido una campaña millonaria nuevamente, y con sus slogans de “dale play” al cambio, ganaron las elecciones con un pequeño margen.

Así­ pues, todas las campañas electorales desde 1989 han tenido oscilado entre la apuesta al cambio y las campañas sucias del miedo y la descareditación del rival polí­tico, reduciendo a un segundo plano las propuestas sobre seguridad, economí­a, empleo, pensiones, salud, etcétera. Sin embargo, la campaña electoral de 2018-2019 para la presidencia de la república parece ser la más vací­a de todas las campañas electorales a pesar que, a diferencia de otras elecciones, ahora son tres los candidatos con posibilidades reales de ganar la presidencia. Tan vací­a ha sido la campaña electoral que no ha sido sino hasta el final de la misma que los partidos GANA y ARENA han hecho público su plan de gobierno, mientras que el FMLN ya lo habí­a hecho público desde mucho antes. Sin embargo, las propuestas, una vez más, han sido secundarias frente a otros factores que han incidido en la campaña: los ataques en redes sociales, las acusaciones de plagio, las acusaciones de no tener una ideologí­a clara, de correr por la presidencia en un partido fundado por Tony Saca, de los diez millones de dólares de la cooperación Taiwanesa, etc. Peor aún es observar la campaña polí­tica en los medios de comunicación. La campaña de GANA, por ejemplo, se redujo a indicarle al electorado que su bandera está en el centro de la parte superior de la papeleta de votación, como si fuesen niños los que fuesen a votar. La campaña de ARENA, en cambio, es de carácter defensivo y se reduce a tratar de probar que son las personas las que se equivocan, y que la fórmula presidencial no tiene relación alguna con las conductas de los antiguos dirigentes, es decir, es una campaña donde las propuestas, que sí­ las hay, quedan reducidas a un plano secundario gracias a los ataques constantes. Por su parte, la campaña del FMLN, que en esas elecciones, a diferencia de las dos anteriores, no es millonaria, pareciera ser la más completa en términos de propuestas concretas; sin embargo, Hugo Martí­nez sufre el lastre de su partido y el desgaste natural de haber sido partido de gobierno durante dos perí­odos, uno de los cuales resultó ser igual de corrupto que los anteriores.

Frente a esta triste realidad está la ciudadaní­a, una realidad en la que muchos piensan votar por el que a su criterio es “el menos peor” de todos. El problema es que podrá existir un buen porcentaje de la población que considere que no hay ninguno que sea menos peor que otros, y que todos son iguales para los efectos de generación de confianza, habida cuenta de todos los gobiernos anteriores, tanto de derecha como de izquierda. Al final, si el porcentaje actual de indecisos se convierte en porcentaje de ausentismo, ganará el candidato y el partido que menos anticuerpos ha generado dentro de la población, lo cual equivale a decir que en estas elecciones habrá, en definitiva, un partido polí­tico y un candidato ganador, pero que habrá un solo perdedor independientemente de quién gane: el pueblo.

Alfonso Fajardo
Alfonso Fajardo
Columnista

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