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sábado, 27 de noviembre del 2021

La búsqueda del origen de la COVID‑19 y la prevención de futuras pandemias

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Jeffrey D. Sachs

NUEVA YORK – ¿Cómo se originó la COVID‑19? La forma en que surgió la pandemia es un asunto de suma importancia. Pero ya han pasado más de 18 meses desde la aparición del SARS‑CoV‑2 (el virus causante de la COVID‑19) y la cuestión del origen todavía no está resuelta. Sumar transparencia y claridad al debate puede ayudar a encontrar una respuesta y evitar futuras pandemias.

Las hipótesis principales son dos. La primera es que fue un fenómeno natural, en el cual la transmisión del SARS‑CoV‑2 de un animal a una persona se produjo en la naturaleza, en una granja o en un mercado de alimentos. La segunda es que hubo una infección en el contexto de investigaciones con virus del tipo SARS (es decir, virus relacionados con el que causó la epidemia de SARS en 2002‑04). Para evitar futuros brotes, es prioritario determinar cómo se produjo el actual.

Cada hipótesis nos obliga a prestar atención a un conjunto de inquietudes y respuestas diferente. Las enfermedades causadas por la transmisión de virus de especies silvestres a personas (zoonosis naturales) exigen medidas precautorias en la interacción de seres humanos con reservorios animales de patógenos potencialmente letales, por ejemplo al desmalezar, labrar la tierra, consumir piezas de caza o criar y comerciar ganado. Fenómenos zoonóticos naturales han sido la causa de muchas enfermedades epidémicas mortales en décadas recientes, entre ellas el VIH/SIDA, el ébola, el SARS y el MERS.

Un brote infeccioso también puede darse en el transcurso de investigaciones sobre virus y otros patógenos. La historia guarda registro de casos en los que científicos y laboratoristas se infectaron con los patógenos que estudiaban. En el caso del SARS‑CoV‑2, eso pudo ocurrir de muchas maneras: por ejemplo, al reunir muestras de virus y partículas virales en el hábitat natural de murciélagos u otros animales posiblemente infectados, o al procesar en el laboratorio muestras con contenido viral ya recolectadas o aislados virales. Otra posibilidad relacionada es que personal de investigación se haya infectado con un virus obtenido de fuente natural y luego modificado en el laboratorio (incluidas manipulaciones genéticas que puedan aumentar la transmisibilidad a humanos de un virus procedente de murciélagos).

En esta etapa de la pesquisa, ambas hipótesis son viables (zoonosis natural o infección en un contexto de investigación). Quienes dijeron que la única hipótesis viable es el origen natural pasan por alto las numerosas actividades de investigación sobre virus de tipo SARS que se desarrollaban en el terreno y en el laboratorio en diversos lugares, incluida la ciudad de Wuhan (China), donde se identificó el brote inicial, y en Estados Unidos. Quienes afirman que la única hipótesis viable es el contagio en un contexto de investigación pasan por alto la frecuencia de casos de transmisión zoonótica natural de virus (por ejemplo, el brote de SARS). Hay muchas maneras en las que pudo haberse producido un incidente natural con el SARS‑CoV‑2 en algún lugar de China, seguido por el traslado del virus a Wuhan en el organismo de una persona infectada o de un animal llevado al mercado. Y se ha generado mucha confusión por equiparar la hipótesis de un origen investigativo del virus con una versión particular de esa hipótesis, en la que el contagio se habría dado a continuación de una manipulación deliberada del virus con el objetivo de aumentar su capacidad de adaptarse a los seres humanos.

Desde que comenzó la pandemia, proponentes de una u otra hipótesis han formulado afirmaciones exageradas, prematuras e infundadas. Algunos científicos declararon que había pruebas concluyentes del origen natural del SARS‑CoV‑2, y que las explicaciones alternativas que hablaban de un accidente en el contexto de una investigación eran «teorías conspirativas». Otros observadores iniciales (seguidos por varios políticos estadounidenses, como el presidente Donald Trump, el secretario de Estado Mike Pompeo y miembros del Congreso) aseguraron que había abundantes pruebas de que el virus había salido de un laboratorio y apuntaron a investigaciones que se desarrollaban en Wuhan.

El estado del debate

Algunos científicos advirtieron desde el inicio que las dos hipótesis eran razonables. Hasta ahora, las investigaciones sobre el origen de la COVID‑19 no han llegado a ninguna conclusión, lo cual no sólo impide descartar alguna de las dos hipótesis principales, sino que también resta sustento a las exageraciones de representantes de ambos bandos. Al principio se esperó que el genoma del SARS‑CoV‑2 permitiera una identificación rápida del origen del virus, ya sea porque se hallara un virus casi idéntico en la naturaleza (por ejemplo, en murciélagos o en un huésped intermedio como el pangolín) o porque se demostrara en forma definitiva que el virus había padecido una manipulación genética en el laboratorio.

Esas esperanzas de una solución clara y pronta del debate no se han materializado. El genoma del SARS‑CoV‑2 es compatible con un fenómeno natural o con uno ocurrido en el contexto de una investigación. Esto se aplica en particular a la posibilidad de que un investigador se contagiara tomando muestras del virus en el terreno, ya que entonces el origen del virus sería natural, y al mismo tiempo relacionado con una investigación; problema que se torna aún más complejo porque esa persona pudo tener un caso leve o asintomático, de modo tal que ni ella ni sus colegas estarían al tanto de la infección adquirida en el terreno y de su posterior transmisión directa a otros seres humanos.

Por otra parte, el genoma del SARS‑CoV‑2 no muestra ninguna «huella genómica» concluyente de una manipulación artificial (por ejemplo, una recombinación evidente de material genético que no hubiera sido posible en un entorno natural).

En tanto, los proponentes de la idea de que el SARS‑CoV‑2 se originó en un incidente zoonótico natural esperaban que se pudiera identificar en poco tiempo al animal portador del virus, por ejemplo, en granjas o «mercados húmedos», o que se detectara la presencia directa del virus en murciélagos. Pero tampoco esta esperanza se ha materializado hasta el momento (aunque por supuesto, podría hacerlo todavía). Hallazgos de esta naturaleza suelen ocurrir muchos años después del brote inicial. Pero persiste el hecho de que la ciencia todavía no identificó un reservorio en murciélagos o un huésped intermedio en mamíferos que puedan haber actuado como reservorio natural del virus.

Aun así, durante el primer año y medio de la epidemia se conocieron hechos significativos y preocupantes que tienen mucha relación con el origen del virus. La comunidad normativa y la población en general han adquirido conciencia de que existe una intensa actividad de investigación sobre virus del tipo SARS en Estados Unidos, China y otros países, que incluye la recolección de muestras virales en el terreno y el estudio de su capacidad infecciosa y patogénica en el laboratorio. Hemos sabido que muchas de estas investigaciones se pueden clasificar como experimentos de «obtención de función» (gain of function, GoF), un término genérico que se refiere a la modificación de un virus para que adquiera nuevas funciones biológicas. Mucho se ha hablado en particular de un subconjunto de investigaciones «delicadas» conocidas como GOFROC (por GoF Research of Concern), una categoría que incluye experimentos que pueden aumentar la transmisibilidad a seres humanos de patógenos con potencial pandémico o su capacidad para provocar enfermedades. En el Instituto de Virología de Wuhan (IVW) se realizaron experimentos que involucraron la modificación de coronavirus procedentes de murciélagos para la expresión de proteínas que pueden mejorar la capacidad de ingreso a células humanas, algo que muchos científicos consideran un ejemplo típico de la categoría GOFROC.

En opinión de muchos expertos en bioseguridad, estas investigaciones (que se usan para acelerar la identificación de huéspedes, mejorar la predicción de brotes y desarrollar vacunas y medicamentos) demandan un grado mucho mayor de supervisión, control y escrutinio (incluida la publicación transparente de información sobre las actividades de investigación). La normativa aplicable de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos incluye esta cláusula: «Tanto como sea posible, los mecanismos de revisión de las agencias relacionados con PPP [patógenos con potencial pandémico] modificados deben incluir la provisión a la población de información transparente en relación con la financiación de proyectos que impliquen la creación, transferencia o uso de PPP modificados».

Nos hemos enterado además de que los NIH financiaron proyectos conjuntos de científicos estadounidenses y chinos para la recolección de muestras de virus de tipo SARS en el terreno y su traslado al IVW para el análisis genético avanzado. Las investigaciones realizadas en el IVW incluyeron la creación de recombinantes genéticos quiméricos de virus de tipo SARS para estudiar su capacidad de infectar células humanas y causar enfermedades. También hemos sabido que una parte del trabajo de clonación viral en el IVW tuvo lugar en instalaciones de tipo BSL2 (nivel de bioseguridad dos), que en opinión de muchos científicos no ofrecen protección adecuada contra la liberación accidental de virus (aunque al parecer están aprobadas por los NIH para esa clase de investigaciones).

Ciencia o secretismo

Hasta ahora, ni las autoridades estadounidenses ni las chinas se han mostrado suficientemente cooperativas para que los investigadores puedan mejorar nuestra comprensión sobre el origen del SARS‑CoV‑2. Los Institutos Nacionales de Salud declararon hace poco que no han dado apoyo a experimentos GoF que puedan haber provocado la pandemia de COVID‑19, y que nunca han «aprobado subvenciones destinadas a investigaciones del tipo “obtención de función” en coronavirus que hubieran aumentado su transmisibilidad o letalidad en seres humanos».

Por desgracia, los NIH todavía no han revelado a qué clases de investigaciones dieron financiación y apoyo. De hecho, es bien sabido en la comunidad científica estadounidense que los NIH han dado apoyo a proyectos de investigación con recombinación genética en virus del tipo SARS (descritos por muchos científicos como GOFROC) con resultados publicados en revistas científicas con referato. Pero el proceso de revisión de bioseguridad de posibles estudios GOFROC no es transparente, ya que no se publican ni los nombres ni las credenciales de los revisores, ni el contenido de las discusiones, ni una nómina de investigadores y proyectos sometidos a revisión.

Más en concreto, está claro que los NIH cofinanciaron investigaciones en el IVW que merecen escrutinio en el contexto de la hipótesis de que el virus salió de un laboratorio. Estas investigaciones implicaron la recolección en ambientes naturales de virus del tipo SARS potencialmente peligrosos y experimentos de infección con esos virus, y sus resultados están publicados en revistas con referato. En una subvención reciente mediante la cual los NIH cofinanciaron un proyecto de investigación en el IVW, se describen los objetivos primero y tercero del proyecto con estos términos (extraído del resumen):

«Objetivo 1. Caracterizar la diversidad y distribución de SARSr‑CoV con alto riesgo de transmisión a humanos en murciélagos del sur de China. Usaremos análisis filogeográficos y de curvas de descubrimiento viral como criterio para orientar la recolección de muestras adicionales en murciélagos y el cribado molecular de CoV con el objetivo de cubrir faltantes en nuestra recolección de muestras anterior y completar la caracterización de la diversidad natural de SARSr‑CoV en el sur de China. Secuenciaremos dominios de ligado a receptor (proteína espicular) para identificar virus con el mayor potencial de transmisión, a los que incluiremos en nuestras investigaciones experimentales (objetivo 3).»

«Objetivo 3. Caracterización in vitro e in vivo del riesgo de transmisión a humanos de SARSr‑CoV, en conjunto con análisis espaciales y filogenéticos, para la identificación de regiones y virus de interés sanitario. Usaremos datos de secuenciamiento de proteínas espiculares, tecnología de clones infecciosos, experimentos de infección in vitro e in vivo y análisis de ligado a receptor para someter a prueba la hipótesis de que es posible predecir el potencial de transmisión a partir de umbrales de divergencia porcentual en las secuencias de las proteínas espiculares».

(El objetivo 2 se refiere al seguimiento de poblaciones de alto riesgo que tienen contacto con murciélagos.)

También es evidente que los científicos chinos y estadounidenses subvencionados por los NIH tienen mucho más que informar sobre la naturaleza de estas investigaciones. Esto incluye: registros de excursiones a hábitats naturales de murciélagos y otros entornos para la recolección de muestras de virus del tipo SARS; precauciones de seguridad que se tomaron o no durante esas visitas; y descripción de las instalaciones donde se almacenaron muestras virales, virus no inactivados, secuencias genómicas y otros datos genéticos pertinentes. También los registros de laboratorio de los experimentos con virus del tipo SARS, incluido el registro de virus quiméricos producidos, sometidos a prueba y cultivados en laboratorio; precauciones de seguridad que se tomaron o no durante esas investigaciones; otros datos relacionados con los laboratorios; e información completa sobre posibles infecciones entre el personal del IVW.

Personas a cargo de los proyectos del IVW han declarado en forma categórica que no estaban investigando virus cercanos al SARS‑CoV‑2. Los científicos chinos y estadounidenses que trabajaban en este proyecto deben poner todos los cuadernos de laboratorio y demás datos pertinentes a disposición de expertos independientes para su examen detallado.

La cuestión real

La cuestión del origen del virus no es un tema de si este gobierno o el otro, mucho menos una cuestión geopolítica o de echarle la culpa a China y exonerar a Estados Unidos. Si de hecho hubo una liberación accidental del SARS‑CoV‑2, bien puede haber ocurrido en un proyecto financiado por el gobierno de los Estados Unidos, con uso de métodos desarrollados y patrocinados por científicos estadounidenses, y como parte de un programa de recolección y análisis de virus potencialmente peligrosos (incluso en China) dirigido y financiado por Estados Unidos.

Para descubrir lo más posible en relación con el origen del SARS‑CoV‑2, se necesita con urgencia una investigación internacional independiente que examine las diferentes hipótesis, y los gobiernos de Estados Unidos y China deben cooperar en forma plena y transparente con las pesquisas. Mientras tanto, científicos, políticos, analistas y figuras con influencia en las redes sociales deben reconocer las incertidumbres actuales.

También deben reconocer que la tragedia de la pandemia ya nos enseñó algo sobre cómo prevenir futuros brotes y pandemias. Los fenómenos zoonóticos naturales son inevitables, de modo que es necesaria una gran mejora de los sistemas globales de vigilancia y alerta, y de los sistemas de respuesta temprana a eventuales brotes. Necesitamos canales de comunicación creíbles para evitar una transmisión internacional rápida de nuevas enfermedades zoonóticas, y tenemos que crear mecanismos institucionales que permitan acelerar el desarrollo de tratamientos, kits de diagnóstico, vacunas y otras herramientas y prácticas recomendadas para contener un brote. En síntesis, tenemos que estar mejor preparados para compartir conocimiento científico y tecnológico pertinente en un modo más franco, transparente y creíble que lo que se ha visto durante esta pandemia.

Pero también existe el riesgo de una futura liberación accidental de patógenos pandémicos. Es necesario que los gobiernos mejoren la transparencia, la supervisión y la bioseguridad de cualquier proyecto de investigación en el que se busquen activamente patógenos peligrosos en la naturaleza para llevarlos al laboratorio, en vista de la multitud de riesgos implícitos. Asimismo, las herramientas de manipulación genómica han avanzado con tal rapidez que el potencial para la creación de nuevos patógenos mortales en el laboratorio y su liberación accidental o incluso deliberada es un problema serio. El mundo carece en la actualidad de salvaguardas y transparencia suficientes en los niveles nacional e internacional en relación con actividades peligrosas de esta naturaleza, y el patrocinio de diversos gobiernos a programas secretos de investigación de armas biológicas contribuye a sostenerlas.

La Comisión de The Lancet para la COVID‑19, de la que soy presidente, analizará con mucho cuidado estas cuestiones antes del informe final que publicará a mediados de 2022. El objetivo principal de la Comisión es recomendar políticas para la prevención y contención de futuros brotes infecciosos; la labor técnica relacionada estará a cargo de expertos independientes que no estuvieron directamente involucrados en las investigaciones sinoestadounidenses examinadas. Los científicos que estuvieron involucrados deben explicar en forma cabal la naturaleza de sus investigaciones. Mientras tanto, la Comisión recurrirá a expertos en bioseguridad para evaluar las hipótesis pertinentes en relación con el origen del SARS‑CoV‑2 y recomendar modos y medios para la prevención y la contención de brotes futuros, ya sea que resulten de fenómenos zoonóticos naturales o de actividades de investigación.

Jeffrey D. Sachs es profesor distinguido de la Universidad de Columbia y director de su Centro de Desarrollo Sostenible. También es presidente de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Copyright: Project Syndicate, 2021.
www.project-syndicate.org

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Profesor distinguido de la Universidad de Columbia y director de su Centro de Desarrollo Sostenible. También es presidente de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU
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