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viernes, 12 junio 2026

Julio Enrique Ávila Se cansó de pasear por sus jardines

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Por J. Ricardo Dueñas Van Severen 

(*) Este 16 de noviembre, se conmemora el 57 aniversario luctuoso del escritor y poeta salvadoreño Julio Enrique Ávila, y como un homenaje a su memoria compartimos este Obituario del Dr. J. Ricardo Dueñas Van Severen 

Tendrán que hacer paciencia muchas cosas; y esperar, humildemente, en el umbral de mi puerta, toda una caravana de pequeños problemas terrenales. Necesitó mucha luz. Mucho silencio; que se iluminen mis jardines interiores. Necesito algo de ensueño, porque algo tengo que decir sobre la muerte de JULIO ENRIQUE ÁVILA. “El Poeta Egoísta”. ¿Egoísta Julio Enrique Ávila? Bueno, acaso no se encontró, en el momento oportuno, una forma literaria menos injusta para llamarlo.

Para hablar de JULIO ENRIQUE ÁVILA, de este hombre, de este inmenso amigo y poeta, de este albatros, o pájaro marino, que parecía siempre andar buscando ALGO, entre las más misteriosas y brillantes rocas, me precisa ceñirme con el junco más sagrado y sincero de la HUMILDAD.

El Maestro Ávila con su hija Marily y Juan

Leo en los diarios que ha muerto JULIO ENRIQUE ÁVILA. Y oigo una voz de tonos graves y bondadosos; una voz como de Profeta, de aristócrata de la bondad silenciosa, y que parece decirme que Julio Enrique no ha muerto. Simplemente se ha cansado de pasear por “el mundo de su jardín”, y de cultivar “la rosa blanca”. Ha cambiado de forma y de jardines, nada más. Pero sigue siendo él mismo. Un árbol muy cansado que ahora solo pide que se le cubra de hojas, porque ha caído en un largo sueño de descanso.

Y ahora,  vuelve a mis oídos AQUELLA VOZ – la misma voz de tonalidades graves de Profeta que oí por primera vez ¡hace no importa cuántos años!, cayendo con tan profunda armonía en el Paraninfo de la vieja Universidad; ofreciendo a Académicos y estudiantes su “HIMNO SIN PATRIA”; y luego muchas veces más, pasando por su “VIGÍA SIN LUZ”, hasta llegar a su “PULGARCITO DE AMÉRICA”-; ahora digo, apartándome repentinamente, casi como desgarrándome de una multitud de esos pequeños problemas que impone a todo hombre la vida y el vivir en esta tierra, al conjuro y al recuerdo de aquella voz de Gran Señor de la Bondad Callada, he sentido una inmensa sed de silencio. Y he abandonado allí, en el umbral de mi puerta, en un estado de paciente o impaciente espera, los pequeños problemas terrenales.

Ávila fue quien bautizó a El Salvador como Purgarcito de América

Nada de malo sucederá con el breve abandono de esos problemas. Y sí, mucho de bueno, con iluminar ¡con mis luces tan débiles! mi modesto jardín interior, para acercarme, o dejar que bondadosamente llegue a mí, la presencia de aquel espíritu tan colmado de las más nobles virtudes. 

¡Qué misterioso poder tuvo este hombre, este poeta, este niño grande, este pájaro marino que recién nos ha abandonado, para ocultar el largo y luminoso rosario de bienes que, hasta en sus últimos días, gravemente enfermo ya, realizó durante toda su vida!

Fue en busca de algunos libros que pude visitarlo en sus días de enfermo. Y que auténtica habrá debido ser la aristocracia de su espíritu, que aún con su cuerpo enflaquecido y martirizado, seguía siendo el gran señor de siempre. Y en el tono de su voz, apenas se insinuaba cierta vacilación; mas al minuto de estar conversando con él, toda debilidad le abandonaba. Y en aquellos tonos graves, magistrales, solo se oía el eco de su espíritu, sinceramente preocupado por los asuntos del país. No se quejaba de nada, por lo menos ante extraños. Se olvidaba de él mismo; y cuando ya el cansancio había podido serle dañino, su esposa, doña Lidia Orozco de Ávila, compañera dignísima de aquel hombre lleno de aristocracia y de bondad, tenía que llamarle suavemente la atención. Y con la misma naturalidad con la que había iniciado su conversación, se retiraba a descansar. Sin la menos prisa. Despacio; lleno de una impresionante elegancia.

Matrimonio Ávila Orozco

Así lo vi alejarse la última vez que tuve la suerte de conversar – apenas unos pocos minutos- con JULIO ENRIQUE ÁVILA. Mas, conviene decir que su casa, fue siempre, UN VERDADERO JARDÍN. No solamente por las flores, los árboles, la amplitud de su residencia; eran una serie de cosas más. Fuera del círculo de sus amigos más íntimos, es muy reducido el número de salvadoreños que tuvo conocimiento de que, en aquel maravilloso jardín, corrían, saltaban, jugaban y gritaban, por lo menos una docena de niños, cuya educación, crecimiento y preparación para enfrentar dignamente la vida, siempre corrieron por cuenta- y a riesgo – del matrimonio Ávila Orozco. En aquella casa jardín, jamás se les trató como a “protegidos”, u “hospicianos”. Por lo poco que yo pude observar, aquellos niños alegres y reidores, tenían el completo comando de la casa. No estoy en condiciones de informar sobre el número de generaciones que así crecieron… y, a su tiempo, se emanciparon. Sólo puedo decir, que este estado de cosas, tan abundante de maravillas, empecé yo a apreciarlo cuando aún JULIO ENRIQUE ÁVILA no vivía en una amplísima residencia. Vivía en una casa de la ciudad, en la Primera Calle Poniente.

Bueno, a todo esto llamo yo SER POETA Y HOMBRE DE VERDAD. A eso le llamo yo ser un “Señor”. Otros, muchos, habrán conocido al Poeta como un hombre de negocios, como un industrial. Otros, simplemente como a un poeta-rico, y se habrán asombrado de que esta dualidad haya podido producirse en nuestras tierras, desde hace tanto tiempo, desoladas, y aún hostiles, a la bondad y a la belleza espiritual.

Así fue, en realidad, JULIO ENRIQUE ÁVILA. Y ¡qué jardines más amplios, suntuosos e iluminados, habrán estado preparados para recibirlo en los predios divinos del Señor!

Con la mayor humildad escribo estas líneas, en recuerdo de aquel espíritu privilegiado. Y presento a su familia- en especial a su esposa, que le acompañó devotamente en su no breve peregrinaje de bondad, por este valle de lágrimas- mi más sincero pésame. Lleguen, también las demostraciones de mi pesar conmovido a los miembros de las familias Ávila y Orozco; demostración que hago extensivas a todo el país, porque El Salvador ha perdido a uno de los espíritus más dilectos que se hayan producido en nuestro ambiente.

¡Qué cansado se habrá sentido ya, en el mundo de su jardín, en sus florestas de ilusión, JULIO ENRIQUE ÁVILA! Pero tenía que llegar “el colibrí dorado” a posarse sobre la flauta azul de sus ensueños. Y, Ariel, extendió sus poderosas alas, para conducir al Poeta a la presencia del Señor.

Y ahora… ya lo habrá comprendido TODO.

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J. Ricardo Dueñas Van Severen
J. Ricardo Dueñas Van Severen
J. Ricardo Dueñas Van Severen es autor de varias obras de carácter histórico, principalmente enfocadas en la historia de Centroamérica. Historiador salvadoreño. Obra Principal: "La invasión filibustera de Nicaragua y la guerra nacional".

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