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domingo, 09 de mayo del 2021

Javier Darío Restrepo, periodista ético y la muerte del moscardón

Sus aportes al periodismo siempre fueron  un llamado a estar atentos y  preparados ante cualquier eventualidad, estableció que la ética periodística en pleno cumplimiento de la labor periodística profesional   debía ser como un zumbido  de moscardón, de esos que hacen ruido en su vuelo alrededor de la conciencia de los trabajadores del periodismo de manera permanente y no eventual.

Supe de él, por primera vez  durante las clases de ética periodística en la Universidad de El Salvador, que imparte Msc. Guillermo Mejía, solía citar de memoria y poner de ejemplo textualmente sus principales postulados éticos de la labor periodística, Guillermo Mejía siempre tenía la adaptación de esos postulados a la realidad del país y decía de manera determinante que la ética no tenía fronteras.

Guillermo Mejía, solía decir luego de leer las aseveraciones de Javier Darío Restrepo, que él había escuchado a jóvenes periodistas decir “que la ética no les servía de nada”, él opinaba que se trataba de jóvenes neófitos, pero que igual, le preocupaba esas expresiones pues consideraba que pensar de esa manera,  ya no había nada que hacer y que era preferible que se dedicarán a otra labor menos al periodismo.

Javier Dario Restrepo estuvo hablando de ética periodística hasta en el último día de su vida, luego de  participara este fin de semana en la séptima edición del Festival Gabo de Periodismo, que se realizó en Medellin, luego de presentar ante jóvenes su más reciente libro Constelación ëtica, con una labor de 60 años el periodista y escritor colombiano destacó por obtener el Premio Gabriel García Márquez y el Permio Nacional Simón Bolivar. Pero en general por toda su obra periodística.

Fue considerado el faro de la ética iberoamericana en periodismo, treinta obras escritas dos importantes novelas numerosos ensayos  sobre periodismo escribió en una oportunidad que: “El acto de comunicar por el medio que sea, implica tener en cuenta el otro, si es una comunicación individual es más fácil definirlo, percibir su identidad, su cultura, sus necesidades de información, su contexto”.

Creía plenamente en la libertad de expresión, jamás estuvo a favor de la censura, ni previa ni durante el desarrollo de los acontecimientos y decía que “la libertad de expresión no es decir lo que a uno le venga en gana, sino tener las condiciones favorables para decir lo que uno debe decir”.

Restrepo, creía que la ética es una lección de vida, jamás se creyó más que los demás periodistas, no lo cegó la fama, lo suyo era de cargar ladrillos para el periodismo y construir “colmenas para la actuación en la labor periodística” que hace tanta falta. Para él , la obstentación, la soberbía no cabían en el ejercicio periodístico. Cubrió sin protagonismos personales, varios de los acontecimientos importantes ocurridos en el continente a finales del siglo XX.

Fue una bofetada a la insolentes periodistas que buscan la noticia para figurar y en el peor de los casos que buscan convertirse en noticias, el jamás aparecía en cámara, pues era de la idea que no debía robarle cámara a los acontecimientos.

Llegué tarde a todo su bagaje literario sobre ética, agradeceré siempre a Guillermo Mejía de habernos empoderados de las herramientas de él maestro en la academia, cuando explicaba que el periodismo no es un poder sino un servicio y que es absolutamente mentira que sea el cuarto poder, que solo se trataba de una expresión para dócilmente someter a la prensa, es decir darle adularla falsamente.

La exhortación de que la mejor virtud de periodistas es saber escuchar y su  fuerte preocupación se evidencia cuando expresó que los periodistas estamos haciendo periodismo para vender y no para concientizar. Su palabras también hicieron referencia al poder y al periodismo cuando escribió que “quien está en el poder tiene mucho motivos para mentir y pocos alicientes para decir la verdad”, y sellaba diciendo: “Si no intervenimos y no opinamos, seremos solo manipulados por quienes tienen el poder”. Su pregunta con la que cerraba siempre fue “¿la academia enseña muchas cosas buenas, pero enseña a los periodistas a ser buenos seres humanos?

Estas palabras que deben zumbarnos los oídos a todos los periodistas. Ha muerto el moscardón de la ética del periodismo de nuestro continente pero no sus ideas. Desde El Salvador, nos sumamos al dolor de su desaparición física. Nuestra muestras de aprecio y admiración a su legado por el  periodismo. 

Rigoberto Chinchilla
Rigoberto Chinchilla
Periodista de APES

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