Redacción ContraPunto |
El ministro de Defensa israelí advirtió que el Estado libanés “pagará un precio creciente” si no actúa contra la milicia chií, mientras la tensión militar en la frontera norte sigue escalando y aumenta la preocupación internacional.
La tensión entre Israel y Líbano volvió a escalar tras las declaraciones del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien amenazó con destruir infraestructura nacional libanesa si el gobierno de ese país no logra desarmar al grupo armado Hezbollah.
El funcionario afirmó que el Estado libanés “pagará un precio creciente” si la milicia continúa operando desde su territorio y atacando objetivos israelíes. Según Katz, Israel ampliará sus operaciones militares no solo contra posiciones de Hezbollah, sino también contra infraestructura que, a juicio de su gobierno, facilite la actividad del grupo.
Las declaraciones se produjeron después de que fuerzas israelíes atacaran un puente sobre el río Litani, en el sur del Líbano, una zona considerada estratégica porque conecta distintas áreas donde Hezbollah mantiene presencia. De acuerdo con autoridades israelíes, el puente era utilizado para el traslado de combatientes y armamento.
El conflicto entre Israel y Hezbollah ( el partido de Alá) se ha intensificado en los últimos meses con intercambios de fuego en la frontera, bombardeos selectivos y operaciones aéreas. Hezbollah, organización política y militar respaldada por Irán, ha respondido señalando que está preparado para un enfrentamiento prolongado con Israel si la ofensiva continúa.
La posibilidad de que Israel amplíe sus ataques contra infraestructura estatal —como carreteras, puentes o instalaciones energéticas— ha generado preocupación sobre una eventual escalada hacia un conflicto regional más amplio.
En el plano diplomático, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió un alto el fuego inmediato y advirtió que una nueva guerra abierta entre Israel y Hezbollah tendría consecuencias devastadoras para toda la región.
Por su parte, Francia ha instado a Israel a evitar una ofensiva terrestre en territorio libanés, mientras varios gobiernos europeos intentan impulsar iniciativas diplomáticas para reducir la tensión.
El escenario es particularmente complejo para el gobierno libanés, que enfrenta presiones internas y externas respecto al papel de la milicia terrorista Hezbollah. Aunque el grupo forma parte del sistema político del país y cuenta con una importante base social, también opera como una fuerza militar paralela al Estado, lo que complica cualquier intento de desarme.
Analistas advierten que las amenazas contra infraestructura nacional podrían marcar un cambio en la estrategia israelí, trasladando parte de la presión directamente al Estado libanés para obligarlo a actuar contra Hezbollah, algo que hasta ahora Beirut ha tenido grandes dificultades para hacer.
Mientras continúan los ataques y las advertencias cruzadas, la frontera entre Israel y Líbano permanece en estado de máxima tensión, con temores crecientes de que el enfrentamiento pueda transformarse en un conflicto de mayor escala en Medio Oriente.


