Por Alonso Rosales
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, desestimó públicamente las advertencias del mandatario estadounidense, Donald Trump, en medio de una escalada de tensiones geopolíticas que ha puesto al mercado energético mundial en alerta.
Durante una intervención reciente, Ghalibaf ironizó sobre los pronósticos emitidos desde Washington, asegurando que, pese a los días de tensión, “ni un solo pozo petrolero ha sido destruido”. En tono desafiante, el funcionario iraní propuso incluso extender el plazo de observación a 30 días y transmitir imágenes en vivo para demostrar que las infraestructuras energéticas del país permanecen intactas.
El líder parlamentario también dirigió duras críticas hacia el entorno del presidente estadounidense, calificando de “basura” las recomendaciones de algunos de sus asesores. Entre ellos mencionó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, a quien responsabilizó de promover medidas de presión como el bloqueo naval contra Irán, particularmente en el estratégico estrecho de Ormuz.
El petróleo se dispara: causas y efectos
En este contexto, uno de los efectos más inmediatos de la crisis ha sido el fuerte incremento en el precio del petróleo, que ya supera los 120 dólares por barril y, según estimaciones iraníes, podría escalar hasta los 140 dólares si la tensión se prolonga. Este aumento responde a varios factores clave vinculados directamente al conflicto.
En primer lugar, el estrecho de Ormuz es una de las rutas más importantes del mundo para el transporte de crudo, por donde transita aproximadamente el 20% del suministro global. Cualquier amenaza de cierre o interrupción genera incertidumbre en los mercados internacionales, lo que impulsa automáticamente los precios al alza.
En segundo lugar, el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos ha limitado la capacidad de Irán para exportar petróleo, reduciendo la oferta disponible en el mercado global. Esta restricción, combinada con el temor a una posible escalada militar en la región, lleva a los inversionistas a anticipar escasez, elevando así el valor del barril.
A esto se suma la especulación financiera: ante escenarios de riesgo geopolítico, los mercados tienden a reaccionar de forma preventiva, incrementando los precios incluso antes de que se produzcan interrupciones reales en el suministro. En otras palabras, no solo cuenta lo que ocurre, sino lo que podría ocurrir.
Según Ghalibaf, esta situación es consecuencia directa de la política exterior estadounidense, a la que acusó de generar inestabilidad y presionar innecesariamente los mercados energéticos internacionales.
Escalada política y militar
Por su parte, Trump había advertido días antes que los oleoductos iraníes corrían el riesgo de explotar en cuestión de días debido a la acumulación de combustible, resultado del bloqueo que impide su exportación. No obstante, las autoridades iraníes han rechazado estas afirmaciones, considerándolas parte de una estrategia de presión y desinformación.
El trasfondo del conflicto se remonta a decisiones recientes adoptadas por Washington. El pasado 21 de abril, Trump anunció la prórroga de un alto el fuego previamente establecido el 7 de abril, argumentando divisiones internas dentro del gobierno iraní y atendiendo a solicitudes diplomáticas de Pakistán para dar margen a una posible solución negociada. Sin embargo, paralelamente, ordenó mantener el bloqueo naval en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más críticas para el comercio global de hidrocarburos.
La situación se agravó aún más el 18 de abril, cuando el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció que el estrecho permanecería cerrado hasta que Estados Unidos levante completamente el bloqueo. En un comunicado contundente, advirtió que cualquier embarcación que intente aproximarse a la zona será considerada como colaboradora del enemigo y, por tanto, susceptible de ser atacada.
Expertos internacionales señalan que un cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría tener consecuencias significativas para la economía global, afectando especialmente a los países altamente dependientes de las importaciones de petróleo. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, en un escenario donde la volatilidad energética y la incertidumbre geopolítica continúan en ascenso.


