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domingo, 16 de mayo del 2021

Humanizando la salud visual en El Salvador

No hay experiencia que impacte más que un niño, niña o adolescente después de una intervención médica visual, y de vivir una vida en ceguera, recupere la vista y reconozca el rostro de su madre; o que personas que han estado dependiendo de sus parientes hasta por 30 años vuelven a ver, y reactiven su vida productiva; estas son experiencias que desde el Programa de Salud Visual de la Asociación Pro Salud Rural de El Salvador (ASAPROSAR) vemos con frecuencia. 

El Programa de Salud Visual de ASAPROSAR cumple 25 años, y en este cuarto de siglo nos ha dejado grandes satisfacciones; a la fecha hemos atendido a unas 500 mil personas, y solo para 2016 nos proyectamos atender unas 46 mil, pero no menos importante aún, es que fuimos la organización pionera en El Salvador en poner al alcance de la gente, la salud visual con un enfoque comunitario, cuando cubrir esta necesidad era inimaginable para la gente de escasos recursos.

Al inicio de la década de los 90´s, preguntábamos a la gente en las comunidades cuáles eran sus necesidades, y ellos respondí­an entre otros que los problemas de la vista como consecuencia de la inapropiada nutrición, el sol, el polvo y otros derivados de la pobreza, era una necesidad primordial.

Era necesario soñar, y con el apoyo de la solidaridad internacional creamos el Programa de Salud Visual, cuyo lema es “juntos por una visión”.

Creamos un programa que tuvo respuestas a las múltiples enfermedades del ojo, aprendimos de campañas y de intervenciones en otros paí­ses, bajar la salud visual tení­a sus costos, eran tiempos difí­ciles, desde cuestionamientos del mismo gremio de oftalmólogos por “abaratar” servicios, hasta prohibiciones de contratos y altos requisitos para realizar campañas, incluso nos corrieron la ayuda internacional; en esas circunstancias empezamos a traer médicos desde Guatemala.

Con el tiempo se ha reconocido que la salud visual es una necesidad grave en los paí­ses pobres, se agudiza con la hipertensión y la diabetes, 7 de cada 10 personas está propenso a enfermedades de la retina, lo extraño es que, con la gran cantidad de personas ciegas que existen en El Salvador no se reconoce como un problema de salud pública, deberí­a existir un programa destinado a la salud visual desde la parte oficial.

Más organizaciones que atienden estas prevalencias han surgido y honrosamente hemos servido de modelo para algunas de estas, pese a ello, ASAPROSAR continúa, 25 años después, impulsando la salud visual pero desde adentro de las comunidades y entendiendo que la buena vista constituye parte integral del ser humano y que debe estar al alcance de todos y todas. Este enfoque ha trascendido fronteras, en nuestras clí­nicas y durante campañas nos llegan pacientes desde Guatemala y de Honduras.

25 años han pasado en un abrir y cerrar de ojos; hay tantas las satisfacciones pero también pendientes, hacemos prevención y educación en salud visual, pero falta cubrir la rehabilitación porque es necesario también dar respuestas a quienes ya no podrán ver. El compromiso de ASAPROSAR continua: seguimos apostando a la dignidad y a la salud integral de las personas, y donde ver la luz del dí­a no debe ser exclusivo, sino más bien un privilegio universal.

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Vicky Guzmán
colaboradora

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