Por Juan José Dalton Pohl
Y en los tribunales de mi conciencia,
donde los jueces ya no saben leer ni besar,
tus ojos místicos, cargados de veinte acusaciones,
siguen archivados
bajo fiscales de la Tercera Instancia.
Vos:
la primera reina prófuga de Latinoamérica.
Y yo:
el primer testigo enamorado.


