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martes, 30 de noviembre del 2021

Hacia el fin del tradicionalismo polí­tico

El concepto binomial de la polí­tica tradicionalista, representado en el FMLN y ARENA, languidece materialmente a medida que los colectivos de Nuevas Ideas en cada municipio del paí­s, empiezan a organizarse con mayor energí­a después del pasado triunfo electoral de Nayib Bukele.

En el tradicionalismo polí­tico-partidario de los dos partidos que gobernaron El Salvador desde 1989, no se calculó adecuadamente que las nociones sobre la ideologí­a, tanto de derechas como izquierdas que con tanta fuerza lideran, referencian actualmente dos perfiles de ejercicio del poder gubernamental parecidos entre sí­ y que a la vez son marcados por la corrupción, el nepotismo, el clientelismo y la mediocridad.

En Nuevas Ideas, a diferencia del FMLN y ARENA, la irrelevancia por exigir a cada miembro activo una devoción ideológica y proclive por ideas superficiales de izquierdas o derechas, resulta una contundente evidencia de la voluntad de quienes conforman este nuevo partido por solidificar el fin de la posguerra y aspirar a gobernar desde la constitución de nuevos paradigmas.

Es importante definir pues los enfoques a utilizarse para apreciar la amplia fenomenologí­a de las problemáticas sociales, culturales, económicas y polí­ticas apoyándose sobre todo en la multidisciplinariedad del quehacer de las ciencias sociales, la promoción de los derechos humanos, la participación ciudadana, la gestión eficiente de proyectos construidos comunitariamente, la visión estratégica organizacional para responder de inmediato a las necesidades de aquellos que no cuentan con apoyo y la planificación del quehacer polí­tico para desapegarse de las prácticas improvisadas, populacheras, intrascendentes e insultantes a la dignidad humana, como obsequiar un par de láminas, aprovecharse de infortunios para vender la fotografí­a, prometer proyectos técnicamente inviables, etc.

La voluntad pues de que siga desfalleciendo la racionalidad polí­tica del estilo gubernamental y legislativo de los polos opuestos que tanto el partido FMLN como ARENA han ofrecido durante treinta años, radica en el rechazo explí­cito de parecerse a tales entes forjando una identidad cultural polí­tica que promueva una racionalidad ética, capaz o competente, ambiciosa y comprometida por alcanzar mayores y mejores í­ndices de desarrollo humano.

Es apremiante preguntarse qué utilidad ha representado para la población gobernada que exista un debate público sobre la pertinencia o no de una ideologí­a de izquierdas o de derechas en el paí­s, ¿o acaso no era una queja recurrente de parte de varios profesionales la asfixiante polarización de las dos extremas polí­tico-partidarias?

Lo que puede lograr la organización nacional de Nuevas Ideas es empequeñecer por completo la incidencia de los partidos ARENA y FMLN en tanto que rompa con las prácticas ejercidas por estas dos instituciones y a la vez proyecte una nueva concepción utilitarista de lo polí­tico en la cual lo ideológico tenga una incidencia exigua.

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