Por Guillermo Rivera
De mis borrosas huellas en el aprendizaje de la escritura y lectura, alcanzo a vislumbrar los largos y pulidos pasillos del centro que me proporcionó esas primeras dosis del saber. Eran pasillos que los famosos recreos, bien se pudieron compararse con autopistas de ochenta carriles en los cuales, veloces, corríamos, hasta chocar a veces con unos macetones verduzcos más estos, no eran retén para nuestra impetuosa y burbujeante algarabía… para nada!… se asomaban los setentas…
Y es verdad, que Sonsonate es tierra caliente, más también es cierto que en esos días, lo cálido del mercurio en todo el país, tenía otro grado de tensión y temperatura… y esto lo supe cuando había gastado no sé cuántos pares de zapatos…
Lo sabe el que lee y el que no, unos se enteraron por un librejo, muchos por el pellejo… el gusto es suyo!
La década del sesenta, agonizaba, mientras la maestra, abría nuestras pequeñas brechas cerebrales, animosa con tiza blancuzca nos inducía los ojos hacia el firmamento… era un gran manchón negro, empotrado en una de las cuatro paredes de aquel salón pintado de color verde manzana… diminutas estrellas, parecían, los garabatos incomprensibles a veces, brillantes en ese pedazo de cielo… negro…
El alboroto de bocas, repitiendo la vocal, rompía el silencio, un estruendo de infantiles aes, ues y otras letra, me imagino, le debía erizar la piel, a mi recordada enseñante, “la seño Esperanza Mejía”… qué fue de ella, de su vida? Yo fui vagón de su tren, ella, seguramente, llegó a tranvía, de doble vía…
El centro donde donde solo di, un paso, el sendero gramatical, fue en la escuela fray José Patricio Ruiz… ahi, desde allí, en cuaderno de papel de empaque, con un lápiz “facela”, de borrador “chancomido”… En ese mi sitio escolar, el extinto cancerbero, el Calero, de Metapán originario, hizo un par de temporadas, ahí fue expedicionario, atajante de la ignorancia.
Rememoro, alguna mañana, su humanidad no era inmune, aún con mano enyesada, tras dominical jornada, lo veía el día lunes… en la Patricio, en la entrada….Tal vez, algun infante de ayer, de ese lapso, por supuesto ya con ajuares, recordará sus pininos literales con el profe el calero Jorge A. Suárez…


