Por Alonso Rosales
En un nuevo capítulo de tensiones entre Irán y los Estados Unidos, dos incidentes registrados el 3 de febrero de 2026 colocaron nuevamente en el centro de la atención internacional las aguas estratégicas del estrecho de Hormuz y el mar Arábigo. Ambas escenas fueron escenario de confrontaciones de alto riesgo entre fuerzas iraníes y activos militares estadounidenses desplegados en la región, en un contexto de creciente rivalidad geopolítica que ha marcado las relaciones entre Teherán y Washington.
Cańoneros iraníes y el intento de abordaje a un petrolero con bandera estadounidense
El primer incidente tuvo lugar en el estricto de Hormuz, una de las rutas marítimas más críticas del mundo por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo marítimo global. Según el testimonió de fuentes militares y de seguridad, seis pequeñas embarcaciones armadas pertenecientes al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán se acercaron a un buque petrolero con bandera estadounidense, identificado como el Stena Imperative, mientras este navegaba por el paso internacional al norte de Omán.
Las patrulleras iraníes comunicaron por radio órdenes a la tripulación del petrolero para que detuviera su marcha y se preparara para un abordaje, según informes. Sin embargo, la tripulación optó por aumentar la velocidad y mantener el rumbo en aguas internacionales, evitando activamente cualquier altercado directo.
Para garantizar la seguridad del buque mercante, un destructor estadounidense —parte de la presencia naval de la Quinta Flota estadounidense en la región— acudió en apoyo y escoltó al petrolero fuera de la zona de tensión, desactivando así la amenaza sin que se produjeran enfrentamientos armados ni heridos.
Irán, por su parte, a través de su agencia oficial Fars, ofreció una versión distinta, sosteniendo que un buque —sin especificar bandera— había entrado en aguas territoriales iraníes sin permiso y que fue advertido para retirarse, asegurando que no se produjo ningún “evento de seguridad especial”.
Este episodio refleja las continuas tácticas de presión de Teherán en una zona de alta vulnerabilidad estratégica, en un momento en que las relaciones con Washington están tensas por cuestiones que van desde sanciones económicas hasta negociaciones nucleares.
Dron iraní derribado cerca del portaaviones USS Abraham Lincoln
Horas después de los hechos en Hormuz, otro incidente escaló las fricciones: en el mar Arábigo, un dron iraní modelo Shahed-139 se aproximó de manera “agresiva” al portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln (CVN-72), que se encontraba navegando en aguas internacionales acompañado por su grupo de ataque.
Según un comunicado del Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), el artefacto no tripulado ignoró las repetidas señales de disuasión por parte de las fuerzas estadounidenses. Ante la amenaza percibida, un caza F-35C embarcado en el portaaviones derribó el dron en defensa propia y para proteger a la tripulación y los activos de la flota.
Las autoridades estadounidenses destacaron que ningún personal ni equipo resultó dañado durante el incidente y que la acción fue realizada en cumplimiento de las normas de autoprotección en aguas internacionales.
Este suceso se da en un momento en que Washington ha reforzado su despliegue militar en la región, en parte como respuesta a la represión interna en Irán y las amenazas percibidas hacia la libertad de navegación y las fuerzas estadounidenses, así como en preparación para posibles rondas de negociaciones diplomáticas.
Balance y perspectivas
Aunque en ambos episodios no hubo un enfrentamiento armado directo ni víctimas, estos hechos subrayan la fragilidad de la estabilidad en regiones marítimas estratégicas y cómo pequeños incidentes pueden convertirse en detonantes de un conflicto más amplio si no se manejan con extremo cuidado.
Las maniobras de Irán —desde el intento de abordar un buque mercante hasta la aproximación de drones a una capital naval estadounidense— sugieren una estrategia calculada de presión y demostración de capacidades en un escenario de tensiones más amplias.
Para Estados Unidos, por su parte, la respuesta militar —precisa y contenida hasta ahora— busca disuadir escaladas sin cruzar la línea hacia un conflicto mayor, a la vez que mantiene abierta la puerta a la diplomacia.
A medida que se acercan reuniones y potenciales diálogos entre funcionarios de alto nivel, la situación en alta mar sigue siendo un espejo de las complejas relaciones entre Washington y Teherán —una relación marcada por la desconfianza, la competencia por influencia regional y la permanente amenaza de confrontación militar.
FUENTES , REUTERS, CNN, EL CONFIDENCIAL.CO


