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lunes, 02 de agosto del 2021

Fallece cantante uruguayo Daniel Viglietti

Viglietti fue amigo del poeta salvadoreño Roque Dalton, a quien dedicó en 2002 un homenaje poético-musical junto Mario Benedetti (Vea video)

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Daniel Viglietti, quien murió sorpresivamente el lunes en Montevideo a los 78 años de edad, fue un í­cono de la canción popular uruguaya y latinoamericana, que llevó su arte a casi todos los rincones del mundo.

Nació en Montevideo el 24 de julio de 1939. Era hijo de la concertista de piano Lyda Indart y un militar del Ejército que se llamaba Cédar Viglietti, igual que uno de sus hermanos que está radicado en México y que es concertista de guitarra.

Su guitarra y su voz brillante fueron el vehí­culo para promover la solidaridad entre los pueblos, compromiso que asumió desde que inició su carrera artí­stica en la década del 60.

"Mis primeros recuerdos se remontan a una vieja victrola, sin bocina, regalo de mi padre, en la que escuchaba a (Antonio) Tormo, a Los Trovadores de Cuyo, a los Hermanos Abalos", escribió Viglietti en la contratapa de su primer disco larga duración.

Cuando accedió al pasadiscos propio, entonces fue incorporando a su paladar artí­stico a otros artistas, principalmente argentinos, como Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros y Los Fronterizos que, en aquellos años, ejercí­an una gran influencia entre los músicos uruguayos.

Sin embargo, ya empezaban a asomar en el pequeño paí­s sudamericano, los primeros artistas audaces que intentaban un estilo propio tras la huella que estaba marcando un precursor como Osiris Rodrí­guez Castillos (1925-1996) y los poetas Ruben Lena y Washington Benaví­dez, fervientes promotores de un canto nacional.

Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños (José Luis Guerra y Braulio López), José Carbajal, Héctor Numa Moraes, Aní­bal Sampayo y otros empezaron a imponer sus propias creaciones, con tal éxito que se desparramaron por todo el continente y llegaron incluso a paí­ses europeos, africanos, a Australia y nueva Zelanda.

"Fui descubriendo que existí­a lo nuestro", afirmaba Viglietti. "Sin embargo, al mismo tiempo, empecé a darme cuenta que no debemos encerrarnos en nacionalismos, que si estamos con la causa de una América nueva, aquello es estrecho", escribió el músico.

Sobre su reconocido compromiso social y polí­tico, el artista uruguayo comentó más de una vez que "la circunstancia exige decir y no sólo cantar".

Cuando la última dictadura se instaló en Uruguay, en 1973, como tantos otros uruguayos, Viglietti marchó al exilio. Primero a Argentina y después a Francia, donde vivió durante 11 años.

En 1984, cuando el régimen de su paí­s agonizaba, Daniel Viglietti volvió a Uruguay y fue recibido pro miles de personas que lo aclamaban y que después disfrutaron de su primer recital en el cercano retorno a la democracia.

Su extenso repertorio tiene canciones emblemáticas que hasta hoy se siguen escuchando, como "A desalambrar", "Milonga de andar lejos", "Duerme negrito" y "El Chueco Maciel".

Viglietti musicalizó a numerosos poetas iberoamericanos como sus compatriotas Circe Maia, Lí­ber Falco y Washington Benaví­dez, el peruano César Vallejo, los españoles Rafael Alberti y Federico Garcí­a Lorca y el cubano Nicolás Guillén, entre otros.

Desde 1985 formó una dupla memorable con su compatriota Mario Benedetti (1920-2009) para realizar el espectáculo "A dos voces", en el que él cantaba y Benedetti recitaba, que recorrió diversos paí­ses iberoamericanos y fue llevado al disco.

Viglietti también incursionó en la comunicación por radio y televisión. Desde 1997 realizaba semanalmente un programa de radio que se llamaba "Tí­mpano" y otro de televisión que se titulaba "Párpado" en el que difundí­a a artistas de todo el mundo. / dpa y contrapunto

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