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sábado, 31 de julio del 2021

Exclusión socioeconómica el gran problema de la posguerra

A 25 años de la Firma de los Acuerdos de Paz el analista asegura que es necesario cambiar el modelo económico

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La dinámica de exclusión polí­tica, económica y social fue el detonante de la guerra civil que afectó durante 12 años a El Salvador y que dejó miles de muertos, miles desaparecidos y a otros sumergidos en la pobreza y el olvido.

Luis González, analista polí­tico salvadoreño, agregó que la realidad entre los años 60 y los 70 estuvo marcada por el autoritarismo  la falta de trasparencia polí­tica, señaló que “fue todo eso lo que se juntó y preparó el camino de la guerra”. 

González en la entrevista concedida a ContraPunto habla sobre cuál es la realidad socioeconómica y polí­tica del paí­s a 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin al conflicto armado en aquel 16 de enero de 1992.

¿Cuál es la realidad después de los Acuerdos de Paz?

Hemos avanzado extraordinariamente en la parte polí­tica, las generaciones después de los Acuerdos Paz no pueden imaginarse lo que era la exclusión polí­tica de antes de los Acuerdos de Paz, el fraude electoral, el golpe de estado, la amenaza autoritaria, esto ha cambiado. Sin embargo, la parte socioeconómica sigue siendo el gran problema.

Debemos recordar que la guerra enfatizó la parte polí­tica, la guerra llevó una lógica de destrucción y, por lo tanto, eso fue lo que ocupó a los autores y el proceso de paz tení­a como finalidad inmediata acabar con la guerra;  además de hacer reformas  institucionales y polí­ticas que dieran cause a ese malestar polí­tico que estuvo en las bases de la guerra. La parte socio económica quedó en el tintero y este modelo fue el menos trabajado en los acuerdos de paz.

¿Entonces eso ha perpetuado la exclusión económica?

Las encuestas, las estadí­sticas y los datos  dan cuenta  de que no hemos avanzado mucho en una reforma económica que beneficien a la mayorí­a, todaví­a hay elementos de exclusión económica que siguen siendo fuertes. El debate al salario mí­nimo lo pone de manifiesto, era un aumento mí­nimo y generó malestar en las elites económicas, esto sigue siendo el gran reto para los próximos 25 años.

¿Existen otras razones?

Las dinámicas de pobreza continúan, hay mucha gente tiene que pagar extorsiones, este es un elemento que agrava la situación de las familias.  La ola criminal después de los Acuerdos de Paz ha tenido un alza terrible, cuando uno compara las cifras de homicidio entre 1994 y 19977 con las de ahora se da cuenta que siguen siendo muy parecidas, hemos tenido un alza y eso ha generado exclusión en los territorios golpeados por la violencia. .

A eso agregamos las nuevas formas de explotación económicas y nuevas formas de contratación; por ejemplo, el contrato permanente ha sido desplazado por el temporal, las nuevas generaciones ya no tienen estabilidad laboral.

Claro, hay un montón de logros en salud, educación, vivienda, derechos para mujeres, niñez, no se puede negar;  pero hay nuevas demandas que han aparecido, por ejemplo las demandas de los desmovilizados que piden  algo que no se cumplió en la etapa de los Acuerdos de Paz.

¿Y en materia de educación?

En materia educativa el paí­s no está dando el salto que tiene que dar par que se pueda reemplazar el modelo económico, el gran tema es qué modelo económico es más adecuado para una democracia que va caminando bastante y a quiénes estamos educando para esto.

De cara a lo que ha mencionado, es posible, entonces, ¿hablar de una segunda generación de Acuerdos de Paz?

Es posible, pues en los acuerdos de 1992 se construyó una paz polí­tica, no podemos negarlo, la persecución polí­tica ha desaparecido, a diferencia de los 60-70 donde era la regla. En una segunda generación serí­an los acuerdos económicos es la parte más dura, la más difí­cil.

Ahora es posible, pero se requiere de todas las fuerzas del paí­s, iglesias, universidades, partidos, sindicatos, empresarios, de todos los sectores sociales, pero que se pongan como meta un nuevo modelo económico, es difí­cil, pero no imposible. Esto también repercutirí­a en la forma de hacer polí­tica.

¿Qué es lo que falta para alcanzar un modelo económico acorde a la paz?

Una nueva cultura, no podemos seguir con la idea de lo inmediato, de tener más y creer que ese es el sí­mbolo de éxito, el empresario debe dejar de ser el modelo a seguir, deben buscar una vida digna, austero, un modelo de estilo de vida compartida.

Se necesita una mayor ética de los medios, ciudadanos más éticos para construir paí­s. Recordemos que los gobiernos pasan, pero el paí­s seguirá en manos de nosotros, no podemos dejar de ser crí­ticos y propositivos y si la gente de a pie no hace nada para hacer de este paí­s algo mejor, estamos fritos. 

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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