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sábado, 23 de octubre del 2021

Eusebio Leal: el historiador y restaurador de La Habana

"Lloro cuando algo se cae, me apena cuando algo está perdido, me duele el descuido, lucharé siempre por la belleza. Es indispensable la justicia y la belleza", expresó hace 5 en esta entrevista al autor, lo cual simboliza su concepto de obra

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El Dr. Eusebio Leal es oficialmente el historiador de La Habana pero en realidad es mucho más que eso, es su restaurador mayor, una especie de mago que convierte ruinas en palacios y solares en viviendas. Para los cubanos es simplemente “Eusebio”, el hombre que ven a diario recorriendo las calles con ropa de trabajo. De su mano La Habana Vieja se transforma en una “ciudad bella”, teniendo a sus pobladores como los principales beneficiarios. Nos recibió el lunes por la mañana, el único momento en que descansa para dar entrevistas.

La obra de Eusebio y su equipo está a la vista, nos recuerda que “el día 1 se inauguró el Gran Teatro. Se restaura la Manzana de Gómez. Se restaura el Capitolio. Se trabaja en un edificio bello para la Alianza Francesa, que es la mayor del mundo con 10 mil alumnos. Se restauró el Teatro Martí. El pasado 2015 logramos hacer un conjunto de viviendas. Mantenemos la peatonalidad. Trabajamos por el medio ambiente en el muelle”.

Y a pesar del Bloqueo de los EEUU “que limita la adquisición de cosas, que triplican su precio por la distancia, La Habana Vieja se autofinancia. El Estado la ha protegido hasta el límite porque considera que es un gran parque nacional habitado de los cubanos, es además un lugar de la preferencia mundial”.

Parte del autofinanciamiento consiste en reducir los costos al mínimo. “Fui al Capitolio de los EEUU porque me interesaba ver la obra que están haciendo. Estuve en una reunión con los arquitectos, proyectistas, equipo financiero y les pregunté: ¿Cuánto cuesta la restauración de la cúpula de ustedes?, me respondieron U$D 100 millones. Cuando me preguntaron cuanto costaba la nuestra y les dije que U$D 1 millón, dijeron a coro “imposible”. 

Así que lo imposible es posible, lo estamos haciendo con un gran esfuerzo. Es casi una obra romana, no dispongo ni de una grúa para llegar allá arriba. Hay que volver a las grandes obras que se hicieron con ingenio”.

La cara social de la restauración

“Partíamos de la base de que cualquier acción de desarrollo que prescinda de la cultura solo generaría decadencia. El proyecto de La Habana Vieja es una maqueta de algo mucho más grande, es una proposición”.

En 1967 restauran el Palacio de los Capitanes Generales, en 1969 reabren el Templete y así avanza la trasformación física pero encuentran que “todo ese pedazo estaba lleno de ciudadelas (corralas). Ahí nació una preocupación que marcará el plan futuro, es que no es posible una restauración material, de la forma, si no se abordaba el contenido, es decir la cuestión social”.

El tema de la vivienda es uno de los más delicados por la escasez que existe. En La Habana Vieja se concentra la mayor densidad poblacional de toda la isla. Leal explica a Público que “si en un palacio de la Plaza Vieja viven 64 núcleos familiares, 64 no pueden regresar. Para eso hay que crear un fondo de viviendas y partir de una realidad que surge del censo que realizamos cada 5 años, preguntando qué quieren las personas. Esas personas aspiran a una vivienda digna y cada persona que sale de La Habana Vieja por un proyecto de la Oficina del Historiador sale con una vivienda”.

Se construyen apartamentos en diferentes barrios de la capital para reinstalar a las familias que ya no caben en el edificio restaurado. “Si vas a Cojimar por ejemplo verás conjuntos de viviendas respetables, con una urbanización, con agua, condiciones creadas. Salvo dolorosas excepciones el principio fue que se queda el que se muere si se va y se va el que se muere si se queda”.

En los inicios Fidel Castro, le entrega U$D 1 millón, “que era lo único que la nación podía darnos en aquel momento. Una parte, equitativa y proporcional, de los recursos que se obtenían debía dedicarse a viviendas y creación de una red social de sostenimiento comunitario. Así que al mismo tiempo que levantamos 19 pequeños hoteles, que rentarían directamente para la Habana Vieja, creamos las escuelas taller para que los jóvenes aprendan oficios olvidados, nace el hogar materno, el centro de niños discapacitados, las residencias de ancianos.”.

“Ya se graduaron 1.426 jóvenes en todos los oficios. Hombres libres hoy porque tienen el control de sus manos y son capaces de hacer obras tan bellas como las que han hecho en el Gran Teatro. Se formó un equipo profesional competente que, muy a pesar mío, han sido solicitados por la ONU como oficiales de proyectos en el PNUD y otros organismos. Dimos trabajo a más de 14 mil personas. Creamos una red de medios de comunicación propios. Dimos viviendas a más de 11 mil familias”. Crearon además aulas en los museos para que los niños reciban clases durante 2 meses, rodeados de la historia de la nación. “Partíamos de la base de que cualquier acción de desarrollo que prescinda de la cultura solo generaría decadencia. El proyecto de La Habana Vieja es una maqueta de algo mucho más grande, es una proposición”.

Eusebio perseguido  por el autor  de esta entrevista / Foto de Raquel Pérez

La Habana, la apertura y los EEUU

Asegura Eusebio que la apertura económica “Nos ha beneficiado. Yo favorezco que dentro de la ley las personas hagan en La Habana Vieja lo que están haciendo. Hoy vas a la calle O’Relly, al barrio del Ángel y ves el florecimiento de la iniciativa legítima de los cubanos y la participación familiar en los negocios y me parece que es lo ideal, casa comprada casa restaurada”.

“Lo que quiero es que se haga bien, que no triunfe un concepto pedestre y ridículo de la prosperidad. Tampoco quiero que seamos aplastados por la necesidad de abrir espacios a los que vienen de todas partes del mundo. Por eso siempre la Oficina debe ser consultada y su criterio es determinante. Lo importante no es impedir sino conducir”.

También cree que el acercamiento con los EEUU será beneficioso y asegura que culturalmente no le preocupa. “Si fuéramos una isla de maracas y frivolidades me daría miedo pero este es un pueblo que tiene una cultura, una preparación. Habría que tener ciertos miedos si Alicia Alonso no hubiera sido la Primera Balerina del Ballet de New York, si Chano Pozo no hubiera estremecido el Bronx, si Chucho Valdés no fuera el ganador de tantos reconocimientos, si nuestros beisbolistas no hubieran sido campeones, si Teófilo Stevenson no hubiera demolido a los campeones, si la isla no fuera un avispero en el que todos estuviéramos dispuestos a luchar, si nuestros médicos no hubieran combatido el ébola, si los maestros cubanos no hubieran enseñado a leer a tantos”.

“Yo tuve el honor de estar presente en Washington cuando la bandera cubana subía lentamente y tuve el honor de ver subir la bandera americana aquí. Cuando Roma vencía, el rey vencido era traído en una jaula de hierro por las calles de Roma. Cuba no fue trasladada en una jaula de hierro, Cuba llegó de pie y de pie está”.

“Y La Habana será la más bella. Tan es así que cuando pones la mano en un edificio, en donde quiera que lo hagas, se levanta y vive. La decadencia desaparece, el velo se rompe y aparece la ciudad bella. Lloro cuando algo se cae, me apena cuando algo está perdido, me duele el descuido, lucharé siempre por la belleza. Es indispensable la justicia y la belleza”.

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Fernando Ravsberg
Escritor y periodista
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