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domingo, 01 de agosto del 2021

ENTREVISTA: Caso Dalton y el proceso penal

Juan José Dalton, uno de los hijos del poeta Roque Dalton, explica las razones de haber llevado el caso a la justicia y de mantener activo el reclamo de verdad y justicia. Esta entrevista que publicada el 20 Febrero 2012; por su vigencia lo republicamos

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El juego de decir verdades a medias, confesar culpas y luego retractarse, fue lo que llevó a la familia Dalton a poner en manos de la justicia local y solicitar al Fiscal General que investigara a los sospechosos de ser responsables del crimen de Roque Dalton, ocurrido en 1975, es decir, a Joaquí­n Villalobos y a Jorge Meléndez.

La demanda ante la Fiscalí­a General de la República (FGR) fue presentada el 14 de mayo de 2010, 35 años después de que la dirigencia del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), decidiera la muerte del hasta ahora más destacado escritor salvadoreño.

La petición que hicieron a la FGR los hijos del poeta, Juan José y Jorge Dalton, fue que investigara los hechos que desembocaron en la muerte de Dalton y de Armando Arteaga, a fin de conocer la verdad sobre aquellos dramáticos hechos.

En la denuncia interpuesta por los hermanos Dalton ante la Fiscalí­a se establece que supuestamente, tanto a su padre como a Armando Arteaga se les privó de libertad desde el mes de abril de 1975, fueron ví­ctimas de tortura fí­sica y psicológica, sometidos a un juicio sumario y a una ejecución extrajudicial.

Villalobos y Meléndez, en entrevistas públicas, confesaron haber participado en los hechos que dieron lugar a la condena, e incluso, existen versiones de que ambos formaron parte del pelotón ejecutor.

En el escrito también reclaman aclarar el lugar donde presuntamente fueron enterrados los restos mortales de Dalton y Arteaga, ya que existen dudas sobre el hecho en particular.

Después de un año y siete meses, en enero pasado, la Fiscalí­a solicitó al Juzgado 9º de Paz efectuara la Audiencia Inicial en contra de los implicados en el asesinato de Roque Dalton, Villalobos y Meléndez. Sin embargo, la fiscalí­a también pedí­a al juez decretar un sobreseimiento definitivo para los inculpados.

La familia Dalton, siguiendo las normas que establece las leyes locales, se abocó también a la Cámara Tercera de lo Penal, misma que también el sábado 11 de febrero notificó a las partes sobre su decisión de sobreseer a favor de los presuntos responsables del crimen.

Juan José Dalton es quien narra una parte de lo que han sido las vicisitudes que ha atravesado la familia con tal de exigir justicia, verdad y reparo por el asesinato del poeta Roque Dalton.

¿Qué los motivó a llevar el caso del asesinato de Roque Dalton ante la justicia salvadoreña?

Nosotros  cuando nos enteramos del asesinato de mi padre tení­amos una tremenda confusión; no viví­amos en El Salvador; residí­amos en Cuba y en ese entonces no habí­a embajada ni nada que relacionara oficialmente a Cuba con El Salvador. No tení­amos cómo relacionarnos con las instituciones legales de acá.

Sin embargo, mi abuela y otros familiares iniciaron inmediatamente una serie de gestiones, de reclamos y  lo mí­nimo que mi abuela -Marí­a Garcí­a Medrano- exigió, respalda por nosotros desde afuera, era que nos entregaran en cadáver de mi padre. Nunca lo hicieron.

Yo considero que desde ahí­ parte el reclamo legal nuestro porque mi abuela al pedir el cadáver de mi papá públicamente, ante la prensa, el Estado salvadoreño estaba obligado a comenzar una investigación de oficio por la muerte de una persona. Pero el Estado nunca hizo nada; desde entonces está violando un derecho de la  ví­ctima que era procurar justicia y hacer una investigación de los hechos. Se trataba de un asesinato de una personalidad de relieve nacional e internacional, y su muerte causó conmoción y estupor en el mundo, especialmente en el sector intelectual, profesional y polí­tico.

¿Cuándo hicieron la denuncia formal?

La  presentamos el 14 de mayo de 2010. Hasta entonces no habí­a nada, absolutamente nada registrado sobre el asesinato de Roque Dalton en las instituciones de justicia.

Y si se supone que el caso de Roque Dalton era un caso prescrito, ¿por qué decidieron presentar la denuncia?

Hay  diferentes momentos que yo quisiera aclarar. En primer lugar, este paí­s  vivió una guerra entre hermanos salvadoreños y que aún sigue siendo un trauma grande para la gente de este paí­s. Mi padre no es la única ví­ctima, hay cientos de miles de ví­ctimas, era muy difí­cil en aquella época y antes de la guerra que las familias pidieran que se investigaran  este tipo de caso.

La verdad es que nosotros como familia, antes del 14 de mayo de 2010, considerábamos que el litigio legal no era el apropiado para nuestro padre, porque las circunstancias en las que se dio su muerte, hasta donde nosotros conocí­amos internamente, era que habí­a existido una confrontación en la organización en que él militaba. Es en esa contradicción ideológica en que una parte de la organización decide liquidar a la otra y no encuentran otro método para sobreponerse que no fuera la eliminación fí­sica del adversario.

Pero al mismo tiempo, desde el 1975 hasta que se termina la guerra se dan un montón de  hechos, muere mucha gente, hay una herida muy grande y nosotros, en el caso de mi padre, consideramos que este tema lo tení­a que resolver concretamente la izquierda salvadoreña.

Nosotros esperábamos como familia que la izquierda salvadoreña hiciera un análisis polí­tico e histórico de esta situación y que fuera ésta, desde su posición, la que hiciera una autocrí­tica sobre este problema y que se llegara a la verdad  a partir de ese reconocimiento sincero, voluntario y humanitario para tratar de sanar esta herida.

Nosotros también estábamos con ello haciendo un esfuerzo a la reconciliación nacional.

Pero,  hubo una situación: nos dimos cuenta, en primer lugar, que el caso de mi padre no fue a la investigación del Informe de la Verdad ni se explicó por qué; lo único que se nos dijo es que el asesinato de Roque Dalton no sucedió durante el perí­odo que se considera guerra civil. Pero  desde entonces nosotros creemos que el crimen es de lesa humanidad y ahora se ha demostrado: un caso de gran relieve a nivel internacional y nacional.

Entonces nos preguntamos, ¿por qué el caso de Roque Dalton no iba a ser contemplado? No sé, a lo mejor no en el informe que hizo la Comisión de la Verdad ante la ONU, pero la izquierda y los integrantes que quedaron de la organización en la que es asesinado mi padre estaban en la obligación de dar la cara ante este crimen.

¿Qué hicieron ustedes entonces?

Fui  yo, como hijo de la ví­ctima, quien pidió a la dirección del entonces Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en concreto a Joaquí­n Villalobos, que habláramos y que nos contara qué era lo que habí­a sucedido.

¿Cuál fue el proceso para hablar con Joaquí­n Villalobos?

Yo  era entonces un periodista corresponsal de un periódico mexicano, y le propuse también a la agencia con la que trabajaba que yo iba a hacer ese  trabajo.

Me lo permitieron, después de la firma de los Acuerdos de Paz, después de conocerse en El Salvador el Informe de la Verdad en 1993, Joaquí­n Villalobos se sienta conmigo a darme los pormenores, según  él, de las razones que llevaron a la muerte de mi padre.

Esa entrevista se publicó en México (periódico Excelsior) y en IPS; le dio la vuelta al mundo. Esa  entrevista aquí­ en el paí­s se dio a conocer por partes a través de las agencias de prensa en la que Joaquí­n Villalobos se responsabilizaba de haber formado parte del grupo que decidió la muerte de Roque Dalton. Ahí­  Villalobos menciona a varias personas de las cuales, hasta ahora, los sobrevivientes de los que tomaron la decisión son Villalobos, Jorge Meléndez ““a quién Villalobos menciona- y Edgar Alejandro Rivas Mira; de este último nosotros creemos que vive, pero no hay un lugar ubicable. (En la actualidad tenemos informes de que Rivas Mira y su esposa Angélica Meardi fallecieron en México).

Por  eso el reclamo que nosotros presentamos a la Fiscalí­a para que investigara el hecho, sobre todo de las dos personas ubicables residencialmente, uno en México y el otro en San Salvador, Villalobos y Meléndez, respectivamente. Del otro como no sabemos no lo pedimos, pero en las investigaciones, por supuesto, que tiene que salir ya que Edgar Alejando Rivas Mira era el jefe del ERP de 1975.

En 1993, cuando Joaquí­n Villalobos reconoce su responsabilidad en el asesinato de Roque Dalton, también tuvo una serie de entrevistas en el paí­s en las que ellos aparecieron y están grabadas las declaraciones de Ana Guadalupe Martí­nez y Villalobos cuando dijeron que el asesinato de Dalton habí­a sido un error de juventud.

Ana Guadalupe también lo dijo públicamente que habí­a sido un error del ERP haber asesinado a Roque Dalton y a Armando Arteaga.

¿Cuál fue la posición de la familia ante ese reconocimiento?

La  posición de la familia fue que al menos habí­amos logrado establecer que  dirigentes del ERP reconocieran que habí­an cometido ese hecho. Para nosotros eso era positivo.

La otra cuestión es que Villalobos en esa entrevista que me concede se compromete a buscar el cadáver, eso era  bueno para nosotros. Como nosotros no tení­amos la garantí­a legal, no confiábamos en las instituciones legales del paí­s, no sé si cometimos un  error o no, pero le pedimos a ONUSAL, que era la institución de las Naciones Unidas que estaba velando porque se cumplieran todos los acuerdos de Paz, para que por favor nos ayudara a localizar los cadáveres de Roque Dalton y Armando Arteaga. Ellos formaron una comisión  de la cual nosotros no participamos.

Entonces al final de un proceso de aquella supuesta investigación, ONUSAL nos informó que los cadáveres no habí­an aparecido. Dijeron que habí­an llegado a un lugar y que alguien habí­a dicho que los cadáveres no estaban bien enterrados y que habí­an sido sacados por animales”¦ ahí­ en la zona conocida como el Playón, en las cenizas del volcán de Quezaltepeque.

Fue una cosa dramática realmente, porque decir que el cadáver de dos personas de reconocido prestigio, como el caso de mi papá, que se lo devoraron animales de rapiña, era una cosa tremenda.

Nosotros como familia considerábamos que eso, aunque fuera duro y dramático, eso era positivo para establecer la verdad porque las personas que lo habí­an asesinado también se hací­an responsables de esos hechos.

Mi abuela les estuvo pidiendo un tiempo que le entregaran el cadáver”¦ Pero en todo caso, si aquello era verdad era verdad, significa que ellos también eran  responsables de que el cadáver haya desparecido.

Era la responsabilidad que socialmente la gente veí­a como un doble crimen que no solamente hayan asesinado al poeta de gran reconocimiento nacional e internacional sino que hayan desaparecido su cadáver. Repito, esto ha sido muy dramático, pero para la familia era como decir “para qué vamos a  acudir a la justicia si no vamos a encontrar nada y además esta gente mal que bien han reconocido su participación”.

Hasta ahí­ era la lógica con que mi familia estaba actuando.

Hay  un hecho importante que quiero decir: mi abuela Marí­a, la mamá de mi padre, siempre creyó que era mentira que mi padre estaba muerto, porque nunca le dieron el cadáver y nunca hubo una prueba. Ella murió en 1986 creyendo que mi padre está en la absoluta clandestinidad y que era mentira porque nunca le dieron ninguna prueba.

Después sucede que Roque Dalton se convierte en un tabú del cual nadie querí­a hablar.

Fue  hasta después de la paz, con todas las gestiones que yo hice, que logramos establecer por su propia cuenta que Villalobos, Jorge Meléndez y  Edgar Alejandro Rivas Mira, los sobrevivientes hasta entonces de 1975, eran los responsables del asesinato y del desaparecimiento del cadáver de mi papá y de Armando Arteaga.

Pero hasta ahí­ nosotros dejamos y  dijimos “no hay necesidad de acudir a los tribunales, ya esta gente aceptó su responsabilidad de los hechos y la historia a través de los investigadores y la gente interesada en profundizar más iba a lograr descubrir más hechos ante este crimen”.

¿Pero qué ocurrió después?

Un  tiempo después, no puedo establecer qué tiempo exactamente, pero hubo una entrevista que salió publicada en La Prensa Gráfica de Joaquí­n Villalobos, unas pequeñas declaraciones, un párrafo quizás o dos párrafos, en la que alguien le pregunta qué pasó al fin con el caso de Roque Dalton y la respuesta de él fue que el caso de Roque Dalton estaba  finiquitado y que el ERP habí­a aceptado su responsabilidad pero que además el caso para él no era de interés nacional”¦ a nosotros aquello nos pareció hiriente e insensible.

No solo eso pasó, ya que a un diputado que perteneció al ERP le preguntaron sobre el mismo caso y él dijo “miren el caso de Roque Dalton está enterrado, además él fue uno de  los miles que murió en la guerra”.

Fuimos viendo en realidad que después del reconocimiento que Joaquí­n Villalobos habí­a hecho se estaba tratando de ocultar verdades; estaban tratando de hacer de este caso un hecho vago, cualquiera y por otra parte, ya Villalobos se estaba encaminando al ocultamiento de los hechos.

Otro ejemplo, cuando Joaquí­n Villalobos se traslada de El Salvador a Londres, Inglaterra, le hicieron una entrevista en El Paí­s, de España; ¡cuál fue mi sorpresa!: que salió en la contraportada, grande y destacada de Villalobos, hecho por el periodista John Carlin, y al ver el contenido de la entrevista era como decir que Villalobos fue el gran destacado guerrillero, el hombre que se habí­a civilizado y que habí­a dejado sus posiciones radicales y que se habí­a convertido en el hombre de gran civismo; pero en esa entrevista no hay ni la mí­nima alusión al tema Roque Dalton.

Entonces  yo le escribí­ el director de El Paí­s haciéndole un reclamo; el director  de El Paí­s publica mi carta y Villalobos responde esa carta diciendo que él no tuvo nada que ver ni intelectual ni materialmente en el asesinato de Roque Dalton; a nosotros eso nos hizo darnos cuenta que Villalobos nos habí­a engañado, nos habí­a ocultado verdades y no solamente eso, porque ahora estaba tratando de deshacer su responsabilidad que habí­a reconocido ante nosotros en el tema de Roque Dalton.

Esta fue una de las cosas que con el tiempo dijimos “mejor  metámonos a investigar más”; eso para que la verdad aflore ya no de manera voluntaria sino que se haga a través de la justicia.

Aquí­ puedo hablar de Jorge Meléndez también; nosotros no habí­amos tenido nunca contacto con él, pese a que él era una de las personas a quien Villalobos, quien era su jefe en ese entonces, mencionó. Meléndez jamás se nos acercó para reconocernos nada, mucho menos para pedirnos disculpas”¦, nada de eso.

Nosotros en las investigaciones hemos sabido que Villalobos y Jorge Meléndez y otros lí­deres guerrilleros se reunieron con las familias de los millonarios del paí­s, familiares de las ví­ctimas que fueron asesinados por ellos antes y durante de la guerra; a los japoneses le pidieron disculpas por el secuestro y asesinato de Matsumoto, a la familia Poma le pidieron perdón por el asesinato de Roberto Poma; a la familia Hill, a Jaime Hill le pidieron perdón porque lo tuvieron secuestrado; eso lo supimos después.

Entonces  dijimos ¿y por qué con esa gente han tenido una actitud y con el Caso de Roque Dalton ha sido de reconocer y después desmentir?

Jorge Meléndez en esta trayectoria nunca lo habí­an interrogado sobre el tema. Resulta que una colega de La Prensa Gráfica también, en un aniversario del asesinato de Roque Dalton, me llamó por teléfono y me dijo que querí­a hacerme una entrevista por el caso de mi padre. Yo le dije que lo  que nosotros tení­amos que decir ya lo habí­amos dicho, hemos hecho varias denuncias, y que debí­a avocarse a Jorge Meléndez, quien nunca ha dicho nada.

Van y le hacen una entrevista y lo publican en Enfoque, revista que salí­a los domingos. Cuando yo leí­ esa entrevista fue una cosa hiriente porque Jorge Meléndez, dijo: yo estuve allí­, yo conozco todo lo que sucedió, pero lo voy a contar en un libro y lo voy a  hacer cuando a mí­ me dé la gana; no te cuento nada ahora porque si no después nadie va a leer mi libro”¦, así­ lo dijo con un gran cinismo.

Eso  a nosotros nos hirió muchí­simo, entonces yo dije que esa gente lo que estaba haciendo era ver cómo ocultaban la verdad, pero no podí­amos permitir eso. Nosotros no sabí­amos un montón de cosas, comenzamos a investigar y nos dimos cuenta de muchas cosas; es decir, que si se investiga judicialmente es muy fácil establecer responsabilidades.

¿Fue  entonces después de las declaraciones que dieron Villalobos y Jorge Meléndez y al ver que no hubo voluntad verdadera de decir la verdad, que  decidieron llevarlo a los tribunales? Y ¿qué descubrieron con sus investigaciones?

Exactamente. Después de esto, del cinismo demostrado por los asesinos de Roque Dalton, comenzamos a investigar cómo es que estaba el caso legalmente.

Nosotros no somos abogados ni tení­amos asesorí­a jurí­dica, pero nos dimos cuenta que el caso habí­a prescrito, solo que habí­a prescrito en la acción penal y probablemente en la acción civil después de quince años de cometido el hecho.

Pero  lo que sucede es que cuando nosotros decidimos analizar bien el caso de  Roque Dalton nos dimos cuenta que era más propicio para solicitar una investigación como un crimen de lesa humanidad y no como un crimen común, ni un simple caso civil en el que lo más que nos hubieran ofrecido las personas que están involucradas es algo de dinero para salvar la responsabilidad.

Pero el caso de mi padre no es como lo han considerado hasta ahora: ni un caso común ni tampoco nos í­bamos a conformar con el pago de un monto para salvar la responsabilidad, así­ fuera el monto que fuera.

Nos dimos cuenta del proceso de ocultamiento de la verdad de parte de los involucrados en el asesinato de mi padre, por sus propias confesiones, y no por ninguna investigación, que aquí­ no se ha hecho legalmente.

Ese ocultamiento fue lo que nos impulsó a nosotros abrir el proceso legal.

¿Qué establecieron?

Nos  dimos cuenta que en el gobierno municipal de Violeta Menjivar, a Jonás (Jorge Meléndez), se le contempló como concejal, porque supuestamente estaba liderando un partido que después nos hemos dado cuenta que es una  burla a la institucionalidad polí­tica de este paí­s porque ni siquiera pudo dar fe de que las firmas existí­an y por eso ni lo aprobaron en el Tribunal Supremo Electoral.

Al meterlo a él en el gobierno de Menjivar hice dos escritos consecutivos en el que le señalamos al FMLN un acto impune, incongruente e inconsecuente de tener dentro del concejo  municipal de la alcaldí­a de San Salvador a un tipo como Jorge Meléndez.

Peor  aún fue cuando nos dimos cuenta que en este gobiernos, que inició el 1 de junio de 2009, el presidente Mauricio Funes, contra toda perspectiva nuestra y expectativa que tení­amos de un buen gobierno, en el sentido de  respeto a derechos humanos, nos dimos cuenta que habí­a metido a un hombre que estaba involucrado en el asesinato de una de las personalidades más grandes, históricas, a nivel cultural e intelectual de este paí­s.

Y no es porque fuera mi padre, sino porque así­ está establecido, Poeta Merití­simo, declarado por la Asamblea Legislativa y reconocido mundialmente como el escritor más importante, hasta ahora, en  El Salvador.

Además Funes en unas declaraciones que hizo públicamente sobre el tema y en defensa de Meléndez dijo que él no podí­a  quitarlo del gabinete y que era su “genuino colaborador” y que en los tribunales en contra de él no habí­a nada.

Entonces, al decir eso Funes, dijimos: “vámonos por la ví­a judicial y metámoslo como caso de lesa humanidad”, según los cánones actuales de la justicia universal de este momento, no de hace cinco años ni hace diez años, sino de este momento, el caso de Roque Dalton cabal cabe en crí­menes de lesa humanidad porque no fue el único muerto en esa vorágine violenta de reacción de extrema izquierda que cometieron estos señores que encabezaron el ERP en 1975.

Esa fue la razón que nos llevo, el intento de ocultar la verdad, de desmentirse de las responsabilidades cuando ya las habí­a aceptado, el intento de borrar su participación en el crimen, y, además, porque la izquierda en este paí­s lejos de tener una actitud autocrí­tica ante este tema, le dieron la espalda a la verdad, metiendo a este hombre en gobiernos municipales del FMLN y metiéndolo en el gobierno de Mauricio Funes, eso hací­a para nosotros más  que evidente que el caso no lo podí­amos dejar en manos de la voluntad de la izquierda de este paí­s, sino que nos tení­amos que ir a las manos de la justicia.

Tomando en cuenta también de que este paí­s tiene que tener evolución en estos casos de crí­menes de lesa humanidad, que hay que revivirlos porque estos casos son ejemplares y tienen que quedar  para la posteridad y que no pueden volver a ocurrir.

¿Cómo van las gestiones en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)?

Las  gestiones van caminando. Es importante esta gestión porque la CIDH, al final como en el Caso de los Jesuitas, pudiera recomendar a El Salvador la reapertura del Caso Dalton, porque en ellos debe haber una conciencia  más sólida de lo que es un crimen de lesa humanidad. Vamos a seguir peleando y exigiendo la verdad. En Villalobos y Meléndez está la responsabilidad. Hay que recordar que el derecho va evolucionado. Antes se consideraba que los grupos irregulares no cometí­an crí­menes de lesa humanidad; hoy es un hecho.

Lo otro es que quiero agradecer a todas aquellas personas que nos han apoyado en esta lucha; a los amigos de mi padre y a los admiradores de su obra, que en la medida que pasa el  tiempo, se agiganta para orgullo de los salvadoreños. Cuando lleguemos a  la verdad, entonces habrá júbilo y reconciliación, incluso, para los asesinos y los encubridores de estos, porque también podemos decir que ha habido encubrimiento y falta de voluntad para lograr la verdad.

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Publicado originalmente en ContraPunto el 20 Febrero 2012.

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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