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sábado, 16 de octubre del 2021

Entre Bukele y Calleja: apuntes de estudio

No caben dudas de que Nayib Bukele ha evidenciado mayor agudeza en la actual campaña electoral. Basta con ejemplificar refiriendo la excesiva y recurrente publicidad de los resultados de encuestas que ubican a la cabeza a Bukele, lo cual hace penetrar en los imaginarios colectivos la idea de que dicho candidato es el favorito indiscutiblemente.

La creación además de un grueso grupo poblacional como defensor del voto es otro elemento estratégico de Bukele para endosar un vasto conjunto de seguidores que supervisen y colaboren voluntariamente los comicios presidenciales aparte de aquellos que ya estaban enlistados a través de la alianza de GANA y Nuevas Ideas.

Así­ mismo, la propagación de ideas contra los adversarios que han calado hondí­simo en las mentes ciudadanas y se multiplican continuamente resulta otro punto a favor. Ya el economista Mauricio Choussy referirí­a que la institución partidaria ARENA fue duramente golpeada con cierto eslogan.

Y, finalmente, la amplia difusión de ideas a través de canales comunicativos tradicionales y modernos. No es casualidad pues que se invierta más en la campaña de Bukele que en las otras, según lo plantea Acción Ciudadana.

Al otro lado del cuadrilátero, Juan Carlos Calleja Hakker ofrece ideas de proyectos de gobierno sin duda interesantes, pero sospechosamente inviables. Montado Calleja Hakker en un vehí­culo que es blanco de cientos de ataques, hace que su candidatura se marchite cada vez más.

A pesar de que Calleja discursa que se metió a la polí­tica porque se sentí­a frustrado con el pasado, con lo que vio en los gobiernos anteriores, fuera verosí­mil esta revelación si contando con el tiempo y los variados recursos que posee, hubiera decidido construir una alternativa polí­tico-partidaria distinta en virtud de que no hay coherencia ética alguna entre sugerir que no cuenta con pasado alguno como funcionario de elección popular pero financia y corre con una institución partidaria que significarí­a desilusión para alguien hastiado de la corrupción.

Por otra parte, una debilidad más que emerge de la campaña de Calleja subyace en que, al nunca haber sido funcionario público, es imposible determinar cómo resultarí­a definirse al liderar una administración gubernamental para la cual arribe sin tantí­sima comodidad acostumbrada. Al contrario de Bukele, Calleja sí­ debe percibirse como un verdadero salto al vací­o en tanto que son indescifrables las aptitudes y competencias de alguien que ocupó la vicepresidencia del Grupo Calleja únicamente por ser el hijo de quien lidera dicho conglomerado empresarial.

Además, Calleja ha ofrecido en esta carrera por la presidencia un discurso disciplinadamente memorizado y desarrollado, a lo mejor por otros, para satisfacer expectativas de masas. Apela a ideales incoherentes a la realidad laboral del paí­s como cuando refiere que visualiza empresas como Facebook, Google y Ford llegando a El Salvador. Arroja cifras prometedoras cuando habla de la creación de empleos, propone enfrentar el foco de corrupción que indigna a la sociedad y deja entrever que no continuará la polí­tica de enfrentamiento pandilleril; no obstante, jamás detalla los distintos mecanismos exactos y cuando se revisa su sitio web, se leen algunas acciones que realmente ya están sucediendo y no han arrojado soluciones eficaces hasta ahora.

El discurso que reza Calleja se produce a partir de las idealizaciones que como sociedad se proyectan para alcanzar un bienestar de mayor calidad. Desafortunadamente la gama de las ofertas que quizá ya repitió en más de 200 municipios es un conjunto de aquello que desea la sociedad pero que a todas luces él mismo ignora en cómo volverlo tangible.

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